Viernes, Marzo 09, 2007

SOBRE EL FMI

Es de todos conocido el Fondo Monetario Internacional que sigue estando presente en muchas de las protestas de los anti-globalización, y también en los discursos ideológicos de quienes critican al capitalismo. Pero en muchas ocasiones no se percibe con suficiente claridad el motivo de las críticas que se vierten sobre este organismo internacional que hoy dirige el español Rodrigo Rato. Por el contrario nos solemos encontrar con críticas poco o mal formuladas que no destacan el papel real de este ente en el plano internacional, y con ello, sobre su estrecha relación con la deuda externa de muchos países.

Tanto el FMI como el Banco Mundial (BM, dirigido en la actualidad por el judío-americano Paul Wolfowitz), son organizaciones internacionales que surgieron a raíz del nuevo orden económico que se gestó durante la segunda guerra mundial en previsión de la victoria aliada, y muy especialmente con los acuerdos de Bretton Woods.

Tras la segunda guerra mundial y dentro de un contexto histórico en el que la economía hegemónica en el campo occidental eran los EE.UU., se crearon estos organismos que servirían en la práctica para que EE.UU. mantuviera y ejerciera su hegemonía en su área de influencia internacional y llevara a cabo un liderazgo económico sobre los demás países.

El FMI, en principio, se creó para buscar la estabilidad en el sistema monetario internacional, de tal modo que se establecieran unas garantías de liquidez en las transacciones internacionales para que no se dieran situaciones de impagos de deudas por parte de los países.

En un comienzo existieron diferentes propuestas para organizar el sistema monetario internacional. Así, nos encontramos con la propuesta de Keynes que consistía en crear una moneda internacional con aportaciones de cada economía nacional, la cual sería la referencia de valor de la moneda de cada país. En aquel momento, sin embargo, existía el patrón oro por el que las monedas tenían su valor en función de las reservas de oro que estuvieran depositadas en el banco central de cada país. En aquel momento el país con las más importantes reservas de oro y con mayor masa monetaria era los EE.UU.

Fue finalmente el patrón oro el que terminó imponiéndose de cara a regular el sistema monetario internacional, por lo que la moneda de referencia pasaba a serlo el dólar, respecto al cual fijaban su valor, y los EE.UU. por su parte aseguraba el respaldo del valor de su moneda con el oro de sus reservas. Indudablemente este sistema monetario convenía a los EE.UU., ya que le daba una hegemonía sobre las demás monedas y economías capitalistas, al tiempo que se veía obligado a asumir la responsabilidad en la estabilidad internacional.

De este modo el dólar tenía su valor en oro, y al mismo tiempo se negoció el valor de cada moneda en relación al dólar, acordando que todos los Estados respetarían que cada moneda no oscilara más de un 10% en el intercambio.

Sin embargo, este sistema terminaría quebrando en 1971 debido al déficit público que EE.UU. fue acumulando en su balanza de pagos, lo que produjo un fuerte endeudamiento de este país. Fue cuando se percibió de manera clara en la economía internacional que se había recurrido a crear más dólares que oro del que había en las reservas, por lo que el dólar, en la práctica, ya no contaba con el respaldo del metal áureo. Por este motivo, Nixon, en 1971 decidió romper el patrón oro-dólar, y a partir de entonces el sistema monetario se encontraría con una nueva situación en la que se daría una fluctuación libre de las monedas. Es entonces cuando los tipos de cambio al ser libres el valor de cada moneda lo establece cada Estado. Esta situación es la que impera aún hoy en la actualidad.

Como consecuencia de la quiebra el patrón oro-dólar se generaría el sistema monetario europeo, por lo que los Estados europeos entraron en el tipo libre de cambio, pero concertado entre ellos mismos para no perjudicarse mutuamente. A su vez, crearon el ecu, que establecía el valor de cada moneda monetaria en relación con las otras monedas europeas. Servía, por así decirlo, como referencia entre las diferentes monedas de los países europeos a la hora de establecer un valor para las mismas.

Como venimos diciendo, el FMI se creó para asegurar la liquidez de los Estados en las transacciones económicas de tal forma que no se dieran situaciones de impago. Por esto, cuando un determinado país no puede hacer frente a sus pagos termina recurriendo al FMI, que es quien provee dinero a partir de la aportación que cada país ha hecho al fondo. Por esto, si un país se ve en apuros económicos puede recurrir al fondo y pedir en proporción a la cuota con la que ha contribuido al mismo.

Vemos que el FMI cuenta con diferentes aportaciones monetarias de los países que lo integran, por lo que a la hora de tomar decisiones estas se toman en función de la cuota que cada país tiene en el FMI, siendo EE.UU. el que mayor cuota tiene de todos ellos, de este modo ejerce un papel hegemónico dentro del propio fondo, no tomándose ninguna decisión que contravenga sus intereses económicos y financieros.

Cuando un Estado pide al FMI más dinero del que ha aportado al mismo, el FMI establece una serie de restricciones y condiciones. Es así como el FMI realiza préstamos pero estableciendo la condicionalidad del mismo. Por esto, cuando un Estado necesita más dinero de la cuota aportada, se ve obligado a comprar derechos especiales de giro, que es en definitiva comprar capacidad de pago con su moneda.

De este modo, la lógica inicial del FMI para asegurar liquidez a los acreedores de cada Estado se ve rota por esta nueva situación con la que termina concediendo al país endeudado más dinero del que ha aportado, préstamo que se ve sometido a una serie de condiciones que van siendo más rígidas en la medida en que dicho Estado se ve obligado a seguir pidiendo prestado más dinero. Así, el FMI deviene en un gran banco que presta cantidades de dinero astronómicas a gran interés.

Los Estados se pueden endeudar de diferentes maneras. Lo habitual es que la banca privada preste dinero a una empresa privada que cuenta con el aval de un Estado; si la empresa no puede pagar esta recurre al Estado, y si el Estado no tiene capacidad de pago se ve obligado a acudir al FMI. A partir de aquí el FMI le concede líneas de crédito a alto interés y con restricciones en su política interior, lo que en la práctica supone que el poder político pasa a estar controlado por el FMI. Así es como el FMI actúa como ente de intermediación que da dinero público al Estado endeudado para responder al acreedor privado que es la banca, finalmente es la banca privada la que sale beneficiada al recuperar su deuda con intereses.

El sentido de todo el proceso y funcionamiento del FMI termina siendo muy diferente a lo que para un principio fue concebido, de tal modo que acaba protegiendo al sector privado para impedir que quiebre por impagos del Estado. El FMI, con dinero público, es el que cubre la deuda con la banca privada, y esto degenera en una espiral por la que el país se ve cada vez más endeudado con el FMI debido a los altos intereses, a lo que se añade la intervención del FMI en política interior del Estado, diseñando para ello medidas públicas de cara a resolver su deuda con el fondo, pero que en la práctica, como se ha comprobado en la casi totalidad de los casos (Argentina, Brasil, etc...) es un completo fracaso que produce la ruina al país.

En la medida en que la deuda se incrementa, la dependencia con el FMI se agrava, pero llegado un punto en que la deuda es tan grande las expectativas reales de que el préstamo se pueda recuperar de forma íntegra junto a los intereses correspondientes es mínima, por no decir imposible; en cualquier momento el Estado puede negarse a pagar cualquier deuda, lo que supondría una crisis del sistema monetario internacional y su definitiva quiebra. Para que esto no ocurra, y evitar que la deuda se convierta en un pasivo, se crean nuevas líneas de crédito hacia el Estado por parte del FMI, por lo que este sigue recibiendo préstamos con alto interés que se van sumando a la deuda ya contraída.

No cabe la menor duda de que el FMI es un instrumento mundial de dominación que utiliza la gran sinarquía internacional, muy especialmente las grandes plutocracias. El dinero público termina pagando la deuda contraída por otros países con entidades financieras privadas. Esto pone de manifiesto que el gran enemigo de los pueblos y de los trabajadores es la gran finanza, máximo representante del capital. Esta, roba a los pueblos endeudando a sus países hasta la extenuación, para agravar más si cabe esa presión con unos altos intereses que son la más cruda expresión de la usura internacional que viene a agrandar aún más la carga de la deuda.

El FMI sirve a los intereses de esos grupos económicos privados que se organizan en grupos de presión, corporaciones, cárteles, trust financieros, logias y fundaciones de diverso tipo, en los que se trazan las grandes líneas de la política internacional, y en definitiva, donde se marcan los acontecimientos históricos de cada momento. Es así como un pequeño grupo de individuos insertos en estos núcleos de poder dirigen el mundo, a expensas de los pueblos y naciones de la tierra, que indefensos resultan ser las víctimas de un saqueo organizado y generalizado de sus riquezas. El caso más claro fue la Rusia postsoviética, en la que la administración de Yeltsin, controlada por los judíos, hizo posible que las riquezas nacionales y las empresas del Estado fueran literalmente expoliadas y saqueadas por esos parásitos, al tiempo que las ayudas concedidas por el FMI a Rusia eran directamente robadas por estos elementos a través de grandes fugas de capitales hacia bancos en Suiza y Tel-Aviv. Tras el advenimiento de la gloriosa era a la que dio comienzo el gran presidente Putin, quien restableció el orden y la cohesión nacional del país además de llevar a cabo  medidas de protección económica contra el parasitismo, se verían obligados a buscar refugio como vulgares sabandijas en su patria semítica de Israel.

La eliminación de estos oligarcas de la vida nacional rusa ha supuesto una afirmación de los intereses nacionales frente a los de grupos privilegiados y clases sociales que actuaban a expensas de la administración pública para satisfacer e imponer sus propios intereses por medio de las políticas públicas del Estado, robando a la sociedad lo que realmente es suyo y en justicia le pertenece.

También hay que poner de relieve la estrategia neoliberal de los programas de saneamiento económico ideados por el FMI, lo que constituye una privatización de todos los servicios públicos, los cuales van a parar directamente a manos privadas de grandes magnates, lo que implica un robo a la nación, como ocurrió en su momento con las empresas explotadoras de gas y petróleo, o aquellas otras que se encargaban de la explotación de minas en Siberia. El control político del FMI sobre los gobiernos que deciden ponerse a disposición de sus directrices tiene como resultado la ruina, la crisis y el caos, tal y como ocurrió durante la era Yeltsin en Rusia, llevando al país hasta el colapso.

Queda claro, entonces, que el enemigo número uno de los pueblos del mundo es la gran finanza y los grupos económicos que, a hurtadillas, planifican el mayor robo de la historia que tiene por finalidad la esclavitud de los pueblos y su sometimiento al poder del dinero.

Alexander Berdáiev

Posted by Emboscado at 12:10:08 | Permanent Link | Comments (0) |
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