Viernes, Octubre 26, 2007

EL KURDISTÁN IRAQUÍ EN EL PUNTO DE MIRA DE TURQUÍA



Por todos es sabido que la invasión de Iraq ha dado lugar a una serie de consecuencias indeseables en la región, contribuyendo a aumentar la inseguridad e inestabilidad de la zona con la guerra civil en curso.

Inicialmente se ha dicho que las intenciones reales de EE.UU. con la invasión de Iraq eran, únicamente, apoderarse de los pozos de petróleo y explotar los recursos energéticos del país árabe, argumento que ha sido, incluso, avalado por personalidades como Alan Greenspan que llegaron a reconocer que dicha invasión tenía esta finalidad. Los detractores de la guerra también asumieron esta tesis como causa real de la invasión, lo cual ha contribuido, en cierto modo, a que se haya perdido la visión general del conflicto, y con ello algunos aspectos cruciales del escenario actual que hoy se va dibujando en Oriente Medio.

Este mismo verano, un alto representante del Estado kurdo-iraquí afirmaba que Iraq caminaba hacia su fragmentación y desaparición como Estado en posiblemente tres entidades políticas diferentes: al norte un Estado kurdo, al sur un Estado chíi, y en medio un tercer Estado de mayoría sunní. Estas declaraciones hacían alusión al ambiente sectario que se vive en el país árabe, lo que ha desarrollado unas dinámicas centrífugas que pueden terminar desmembrando el actual Iraq de postguerra. En esa misma entrevista realizada por un periódico español, el representante kurdo se refirió también a los planes reales que EE.UU. tenía con Iraq, y que habiendo podido comprobar que nunca existió ningún plan de reconstrucción del país una vez terminada la guerra, la única intención de los EE.UU. era la de generar una cruenta guerra civil interreligiosa que desembocara en la desaparición de Iraq como Estado.

Lo cierto es que entre los planes de la CIA para la ordenación del espacio geográfico que abarca Iraq, se planteó su división en tres Estados diferentes, para lo que la redacción de la nueva Constitución que establecía una organización federal para el país supuso el principio de la disolución del Estado iraquí.

Antes de la guerra EE.UU., a través de la CIA, apoyó a los distintos grupos separatistas kurdos que operaban contra el régimen de Saddam al norte del país. EE.UU. ha puesto especial atención en el control del Kurdistán iraquí, ya que se trata de una zona de especial importancia geoestratégica al ser un lugar de paso en el que confluyen diferentes rutas desde Asia Menor (Turquía), el Cáucaso e Irán, que permite, a su vez, el acceso al Golfo Pérsico. Por esta razón EE.UU. está sumamente interesado en hacer desaparecer Iraq como Estado, para con la creación de otras entidades políticas más pequeñas ejercer su control sobre la zona.

El apoyo de EE.UU. a la causa independentista de los kurdos favorece sus planes de crear en el norte de Iraq un Estado kurdo títere que abarcaría zonas de Turquía, Siria e Irán. Además de ser una zona importante geoestratégicamente, se encuentran los mayores yacimientos de petróleo de la región. A EE.UU. le conviene y le interesa tener acceso a amplias bolsas de recursos energéticos, y al mismo tiempo destruir cualquier organización política de los árabes que pueda constituir una amenaza, como lo fue el Iraq de Saddam, lo cual contribuye a salvaguardar la seguridad de Israel (su máximo aliado).

El Kurdistán, debido a su amplitud geográfica, abarca un territorio que a modo de intersección o zona de paso, conecta Oriente con Occidente, y cuyo control es básico para, a su vez, controlar yacimientos de petróleo y el flujo de recursos energéticos que transitan través de los oleoductos y gasoductos de la zona. Pero, además de esto, sirve a EE.UU. como base de operaciones sustitutiva de Turquía para buscar su intromisión en Asia Central y buscar el dominio del mar Caspio.

Turquía, desde su misma independencia, ha adoptado como Estado una clara orientación occidental llevada a cabo de la mano de Kemal Atatürk, quien contribuyó a la secularización del Estado y la sociedad turca, a introducir al país en la modernidad y romper sus lazos e influencias árabes e iraníes, al mismo tiempo que se renunció al expansionismo y a las tradiciones propias de la anterior sociedad otomana. Todo ello contribuyó a hacer de Turquía un Estado moderno y a configurar una identidad nacional, poniendo a Europa como referente político, social y cultural del nuevo Estado.

Así, durante la guerra fría, Turquía desarrolló una política exterior favorable a los EE.UU. y de alianza con este país, lo que le llevó, en no pocas ocasiones, a mantener serios conflictos con la URSS, litigios tanto de carácter territorial (como fue el caso de la República Socialista de Georgia), o en lo que se refiere al control del Mar Negro y la presencia de misiles americanos en territorio turco.

Turquía ha mantenido esta línea en su política exterior hasta hace unos años, en los que se ha dado una nueva reorientación de la misma debido a una serie de circunstancias. Con la caída de la URSS y el fin de la guerra fría, Rusia vio retroceder sus fronteras y dejó de tener territorios fronterizos con Turquía, lo cual contribuyó a una mejora de las relaciones bilaterales entre ambos países generando cierta distensión. Juntamente con esto se encuentran las persistentes solicitudes de ingreso de Turquía en la UE, que ha supuesto dentro de su política exterior uno de sus principales objetivos.

Durante la guerra fría Turquía perdió el contacto con la comunidad túrquica de las repúblicas soviéticas de Asia Central, por lo que tras la desaparición de la URSS ha intentado proyectarse sobre esta región, al tiempo que se ha presentado a nivel internacional como espacio de negociación para problemas existentes entre Oriente y Occidente, intentando desempeñar el rol de agente para la resolución de problemas. En función de estas líneas generales ha intentado proyectar en el exterior esta imagen de país conciliador, de cara a fomentar un entendimiento para la solucionar problemas que implican a Europa y a los países asiáticos.

En los últimos años Turquía ha respaldado, no sin fuertes críticas, la política exterior americana en la región permitiendo el establecimiento de bases militares para efectuar la invasión de Iraq. Pero esta política ha ido variando desde hace unos años, lo que ha originado un creciente distanciamiento entre los EE.UU. y Turquía, y ello se debe, fundamentalmente, a tres factores: la política exterior turca está muy politizada, por lo que esta suele responder a la visión que de ella tengan los líderes políticos del país; existe un creciente antiamericanismo en Turquía al considerar que los EE.UU. están llevando una política antiturca en la región; y, finalmente, el sentimiento profundamente nacionalista que existe en la sociedad turca y que encuentra su máxima expresión en el ejército turco.

Además de esto, la cuestión kurda ha constituido para Turquía una importante fuente de conflictos e inestabilidad en el sureste del país, además de ser motivo de fricción con importantes instituciones internacionales como la UE. Dicho conflicto ha sido alentado por los propios EE.UU., quienes han apoyado y financiado al PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) y su guerrilla separatista, la cual le sirvió para hacerse con el control del norte de Iraq tras la última guerra del golfo.

Turquía ya se ha percatado de la orientación de la política exterior americana en la zona, por lo que ha incrementado su presión sobre el PKK y su guerrilla, al tiempo que ha agudizado la represión contra el separatismo turco en sus fronteras. Pero con el establecimiento de un Estado kurdo en Iraq, se ha generado una base operativa para la guerrilla kurda desde la que lanzar ataques armados contra Turquía, lo que está contribuyendo a incrementar las tensiones, lo cual terminará desestabilizando una de las zonas de Iraq que, hasta ahora, se han mantenido más estables.

Sin duda alguna, la cada vez mayor presión de Turquía hacia EE.UU. se debe, fundamentalmente, a dos factores: el distanciamiento de Turquía respecto a los EE.UU. adoptando una actitud crítica sobre las actuaciones americanas, y, por otro lado, la presión de la sociedad que, al estar impregnada de un fuerte nacionalismo turco, quiere que desde las instancias del poder político se ponga fin al problema kurdo, a lo que hay que añadir la nada desdeñable presión del ejército turco, que es el más interesado en acabar con el secesionismo kurdo.

Pero lo que ha constituido, en gran parte, el detonante de las actuales tensiones entre Ankara, Washington y Bagdad, se debe a la resolución del Congreso americano de condena del genocidio armenio, lo que ha desatado una fuerte protesta diplomática y que al parlamento turco le ha servido como pretexto para aprobar la intervención del ejército en el norte de Iraq cuando sea preciso.

Turquía no sólo no va a permitir a los EE.UU. que instaure un Estado kurdo a sus puertas, de ahí que no esté dispuesta a contar con Washington si finalmente decide intervenir militarmente sobre Iraq. Al mismo tiempo, Erdogan es consciente del poder que el ejército turco tiene dentro del Estado, por lo que si no accede a sus presiones para eliminar a la guerrilla kurda, el propio ejército se podría encargar de buscar otro primer ministro.

Asimismo, se sabe de la existencia de la firma de una serie de contratos entre Turquía y empresas petroleras no americanas de cara a la explotación del norte de Iraq, lo que supone un aliciente económico muy importante para la ocupación de la zona.

En todo caso, aún existen muchas posibilidades de que Turquía lleve a cabo una operación militar de gran envergadura sobre Iraq, y que los recientes acontecimientos sean solo la parte de un plan en el que la presión psicológica juega un papel decisivo. Ahora es Turquía la que utiliza la baza de la lucha contra el terrorismo al servicio de sus intereses, y que hasta ahora ha sido instrumentalizada por EE.UU. a su gusto, volviéndose en este momento contra los intereses americanos.

Si finalmente se genera una incursión militar en Iraq, las repercusiones internacionales serán de gran profundidad, ya que ello no sólo afectará a la ya precaria estabilidad regional, sino que al mismo tiempo los planes americanos se verán frustrados al entrar en conflicto con las pretensiones del aliado turco. Es posible, incluso, que se llegue a desarrollar un nuevo conflicto interno en Iraq y que se sume a los que ya hay, que, en este caso, involucraría al propio Estado iraquí, a las fuerzas de coalición, a la guerrilla del PKK y las fuerzas militares turcas. A lo que habría que añadir el agravante del incremento brutal del precio del petróleo, que cada vez se acerca más a la psicológica cifra de 100 $ el barril. Con una situación así se dan todas las condiciones necesarias para una recesión mundial, en la que tanto el precio del petróleo, como la crisis financiera en curso y la debilidad del dólar pondrán a prueba las actuales estructuras económicas mundiales.

Todo esto puede suponer un duro revés a los intereses americanos a la región, sobre todo en la medida en que la cuestión kurda también le ha servido para intentar desestabilizar Irán. Si ya a la actual crisis del petróleo le sumamos una nueva crisis regional, la completa desestabilización de Oriente Medio se irradiará a las zonas limítrofes, agravándose los conflictos ya existentes e iniciándose otros que permanecen en estado de latencia.
Posted by Emboscado at 18:01:24 | Permanent Link | Comments (0) |

Domingo, Octubre 21, 2007

EL CAOS DEL MUNDO MODERNO



"Lo que era, era siempre y será siempre. Porque si hubiera nacido, necesariamente habría sido nada antes de haber venido a la existencia. Pero si, en efecto, hubiese sido nada, en modo alguno nada podría nacer de nada." Meliso de Samos

La modernidad se ha caracterizado por su constante actividad negadora del Ser, lo cual, se ha concretado en al afirmación del No-Ser por medio del vaciamiento del mundo de su dimensión espiritual con la que había guardado correspondencia. El Ser ha dejado de ser pensado, y, por tanto, ha pasado de ser conocido a ser ignorado. Nada que vaya más allá del mundo material, del mundo de los sentidos, puede ser conocido, ya que la realidad ha quedado reducida a su aspecto material e inmanente, a su manifestación fenoménica. Nada existe como esencia sino como fenómeno: aquello que se nos da en la experiencia y que únicamente conocemos a través de los sentidos.

Con la negación de cualquier esencia se niega, también, cualquier realidad trascendente. Es entonces cuando hace su aparición la-cosa-en-sí kantiana, nada es cognoscible en su naturaleza, debido a que esta queda más allá de los límites de la experiencia que proveen los sentidos, por lo que se pone una inmensa X sobre las cosas, sobre la realidad misma, que queda reducida a fenómenos y a representaciones derivadas de éstos. Así es como la metafísica, la ciencia del espíritu, es sustituida por la ciencia profana que ha desarrollado la modernidad, que centra su estudio en el mundo de las apariencias, y a la que únicamente le interesa el carácter fenoménico de la realidad, para así poder extraer, a partir de las regularidades de las apariencias en la materia, las denominadas leyes científicas que permiten el avance progresivo de la tecnología.

Existen, entonces, dos doctrinas del conocimiento que manifiestan una clara oposición mutua: la doctrina de la verdad y la doctrina de la opinión. La primera permite el conocimiento de una realidad trascendente encarnada por el Ser, es decir, el conocimiento de la Verdad, con mayúsculas, al tratarse de una realidad eterna e inmutable. Sin embargo, la doctrina de la opinión, al basarse en la experiencia de los sentidos, en las apariencias del mundo de los fenómenos en el que todo se presenta como múltiple, efímero y variable, únicamente permite el conocimiento de la doxa. La doctrina de la verdad es fidedigna, ya que lleva al conocimiento de la Verdad, una Verdad absoluta al no estar sometida a cambio alguno, y ser, por tanto, autosuficiente; mientras que la doctrina de la opinión sólo es verosímil al encerrarse en el conocimiento de los sentidos, los cuales engañan al estar sometidos a la ilusión de una realidad efímera y cambiante, por lo que no conduce a un conocimiento verdadero.

La ciencia moderna provee de un conocimiento que, por su propia definición, está sometido a permanente revisión, ya que su atención se centra en el mundo de la experiencia inmanente de los sentidos, por este motivo la verdad adquiere un carácter relativo, por lo que deja de ser soberana para pasar a estar sometida a las contingencias de las apariencias. Al ignorar la esencia de la realidad y al racionalizarla reduciéndola a categorías cuantitativas, el mundo pasa a ser concebido como algo que existe para el ser humano, adoptando la condición de recurso que es sometido a su explotación a través de la tecnología.

Así pues, un mundo que no se basa en la Verdad se asienta sobre la opinión, y como tal está sometido a las coyunturas materiales. La pérdida de cualquier referente superior sobre el que asentar un orden verdadero en la tierra, ha dado lugar a la instauración del caos. La realidad ha quedado reducida a su aspecto cuantitativo al obviar su carácter cualitativo, ya que la esencia y la naturaleza de las cosas es considerada inaccesible. De aquí proviene el principio igualitario en torno al que se pasa a articular todo modo de ser individual y colectivo en este mundo. La consecuencia directa de esto es la nivelación del hombre reduciéndolo a la condición de un número en una estadística, o a la de un átomo en una gran masa amorfa. A este se le ha desprovisto de su carácter cualitativo, aquel por el que en una sociedad Tradicional le correspondía desempeñar una función determinada y ocupar un lugar en el mundo. Pero con la modernidad se eliminan las jerarquías funcionales y se iguala a todos los integrantes de la sociedad. Con el fin de una estructura funcionalmente organizada, en la que cada elemento se encontraba armónicamente integrado en un Todo, se da paso a la aparición de un tipo de sociedad que mantiene su cohesión gracias al aparato represivo y burocrático de la administración pública, junto al poder del dinero al haberse establecido el interés como único lazo entre los hombres. Asimismo, el igualitarismo engendra constantes dualismos y contradicciones dentro de la sociedad, lo que produce una permanente inestabilidad fruto de los persistentes conflictos internos, desarrollando así un movimiento desenfrenado carente de sentido y significado que le conduce hacia su completa disolución.

Por el contrario, frente al caos de la modernidad, sólo es posible un orden que recabe del Ser, y por tanto de la realidad metafísica que entraña, los principios eternos en función de los que organizar el mundo en la tierra.

El Ser es increado, no tiene principio ni fin, por lo que es eterno e ilimitado en su extensión, inmóvil, y por tanto no sometido a cambio alguno. Es un Todo absoluto, continuo y esencialmente unitario, por lo que además de ser constante constituye una unidad indivisible al no contener vacío alguno. El Ser impregna con su sustancia todo cuanto existe, por lo que cualquier cambio y variación que perciben nuestros sentidos no es más que mera ilusión, por cuanto el Ser siendo Uno no puede ser muchos mas que en apariencia, de tal modo que lo Uno es en lo que en la apariencia se nos muestra como múltiple, y lo múltiple es en lo Uno. No hay nada de más ni nada de menos en el Ser, por lo que este no es divisible y todo está lleno de Ser; así es como, finalmente, todas las cosas están dirigidas por todas  ya que todas son en el Ser y el Ser es en ellas.

El Ser es ilimitado por cuanto es uno y carece de principio y de fin. Permanece inmóvil al ser esencialmente unitario, no alberga contradicción y permanece igual a sí mismo, no cambia, lo cual, junto a lo anterior, le hace eterno. No está sometido a duración alguna por cuanto es atemporal. El Ser es un Todo ya que es unitario e ilimitado al no tener a dónde retirarse, así, lo que es solo puede ser en él.

El hombre se ha olvidado del Ser, lo ha terminado ignorando y por medio de su actividad ha acabado negándolo al dejar de representar en la tierra aquellos principios eternos en torno a los que organizaba su existencia. Esta negación por parte del hombre ha hecho que para él ya no exista nada que vaya más allá de lo material; las cosas y la realidad misma únicamente tienen un carácter y un valor cuantitativo, ya que cualquier esencia y cualidad es considerada incognoscible. Se ha perdido de esta manera un referente estable sobre el que fundar y organizar la vida interior y social del hombre.

Como realidad metafísica, el Ser establece los principios espirituales que, a modo de referente estable y permanente, sirven al hombre para darse forma en la vida a través de un modelo de ordenación jerárquico en el que la cualidad, como naturaleza espiritual, recobra su primacía estableciéndose como criterio fundador de todo cuerpo y organización social. Es de esta forma como se crean una serie de estructuras funcionales que, integradas en un Todo, reúnen bajo una realidad común lo que antes se encontraba disperso, dotándole a cada parte de un sentido concreto dentro del Todo que integra. Esto supone la encarnación victoriosa de una particular idea de estabilidad metafísica y de justicia que quedan plasmadas sobre la tierra por medio de este tipo de organización. Es, en definitiva, la primacía de lo espiritual sobre lo material, ejerciendo así su soberanía sobre este último al dotarle de organización y plasmando en él las leyes que rigen en el supramundo.

Este tipo de organización tiene su analogía en un organismo armónicamente integrado regido por el espíritu, encontrándose compuesto de diferentes órganos que desarrollan distintas funciones: en el límite inferior las energías indiferenciadas de la materia, sobre ellas la acción reguladora del metabolismo que, a su vez, se encuentran supeditadas a la voluntad del organismo que dirige el cuerpo como un todo. Lo mismo ocurre con toda forma de organización Tradicional en la que existen unos productores, por encima de estos una nobleza guerrera, y, finalmente, por encima de todos la autoridad espiritual de la elite aristocrática que dirige al conjunto. Así, cada rango define una función y, a su vez, un modo de ser y de actuar.

La jerarquización de la sociedad y la integración de los individuos en dichas jerarquías, implica la asunción de que el lugar que se ocupa se corresponde con lo que realmente se es, conforme a la naturaleza propia. De esta manera, en el mundo antiguo, tal forma de organización era concebida como la aplicación de un orden superior con el cual se encontraba el mundo físico en armónica correspondencia. Era así como el mundo terrenal se encontraba vinculado con un supramundo del que, como referente espiritual permanente, se adoptaban los principios inspiradores sobre los que se asentaba toda organización y estructura social. Este régimen inigualitario fue contemplado como una institución natural, como fundado sobre algo evidente en el que cada cual reconocía su lugar conforme a su naturaleza.

Existía, entonces, en una sociedad de este tipo, una conexión con esa realidad espiritual y trascendente que regía y organizaba la vida en este mundo, por lo que se daba una justa correspondencia entre los principios metafísicos y su manifestación inmanente, de tal modo que todo lo visible y terrestre era considerado como efecto de causas de orden superior, aquellas que se producían en el supramundo. Por esta razón, el pertenecer a una jerarquía u otra se explicaba como una correspondencia con el orden superior y metafísico que se manifestaba en el mundo, y, por tanto, la existencia de una correspondencia entre la naturaleza espiritual y el "Yo" humano que viene a la existencia por medio del nacimiento. Se puede decir así que causas preexistentes eran las que determinaban el nacer en una determinada casta, no tratándose en ningún caso de una mera casualidad.

A partir de lo antes descrito, se hace evidente el principio de que nada viene de la nada porque nada puede salir de ésta, así, se afirma la unidad y continuidad del Ser ya que cada individuo se encuentra determinado por una concreta naturaleza que le sitúa en una jerarquía concreta dentro de un mundo ordenado por el espíritu. La pertenencia del sujeto a un determinado rango le hace reconocer y recordar su propia naturaleza, encontrando su lugar en el mundo siguiendo sus inclinaciones particulares. Esto es posible en la medida en que el mundo físico se encuentra ordenado según principios de orden superior, y por lo tanto la existencia de una organización jerárquica que posibilita el recuerdo y reconocimiento de la naturaleza particular.

Pero el mundo moderno, que no conoce naturaleza alguna, ha eliminado esas jerarquías y ha igualado a la población a un mismo nivel. Esto es lo que impide que nadie conozca cuál es su auténtico lugar en el mundo al desconocer, a su vez, su propia naturaleza, lo cual sume en el caos al conjunto de la sociedad, destinándola a que se reproduzcan en su interior constantes contradicciones, luchas internas de un organismo que se ha disuelto, ha perdido toda forma, habiendo quedado reducido a pura materia indiferenciada. Es justamente esta situación de desorden lo que ha generado la despersonalización en el hombre, quien no conoce su lugar en el mundo por cuanto no dispone de un referente estable y elevado en función del cual organizarse social e individualmente, careciendo de un sentido que vaya más allá de lo inmediato, de lo puramente material, pues no se reconoce ya dentro de una totalidad.

Los tiempos actuales constituyen la fase final de un ciclo en el que se ha dado el paso del cosmos al caos, del espíritu a la materia, de la jerarquía a la igualdad, de la luz a la oscuridad. El carácter disolvente del proceso que ya está en marcha, únicamente fomenta aún más el caos imperante, lo que acelera los propios acontecimientos dentro de su dinámica desenfrenada y catastrófica. Sin embargo, es al hombre al que le corresponde la labor restauradora de un orden superior en la tierra, reconectando el mundo físico con aquella realidad trascendente y espiritual, de la cual recaba su verdadero sentido de justicia y sacralidad.
Posted by Emboscado at 17:53:46 | Permanent Link | Comments (0) |

Domingo, Octubre 14, 2007

RUSIA Y LA CRISIS DE LOS MISILES



Existen dos únicos países, que tan sólo por su posición geográfica pueden desarrollar una política exterior de dimensiones globales, estos países son EE.UU. y Rusia. Sin embargo, tras la desaparición de la Unión Soviética se produjo un cambio sustancial en el orden internacional pasando de un mundo bipolar, regido por el antagonismo entre bloques, a uno unipolar caracterizado por la hegemonía norteamericana. Pero ello no ha impedido, a pesar de todo, que Rusia siga desempeñando a nivel internacional un papel relevante, aunque sin el protagonismo que tuvo durante la era soviética.

 

Con la caída del muro y el fin de la URSS, Rusia se sumergió en una profunda crisis económica, política y de identidad que la mantuvo, durante años, en una gran confusión que le impidió establecer unas directrices claras en su política exterior. Esto le hizo llevar como unidad de poder en el mundo una actividad errática, lo que generó cierta incertidumbre en la esfera internacional acerca de su posicionamiento en torno a diferentes problemas.

 

Las opciones estratégicas que se le plantearon a Rusia tras la desmembración de la URSS fueron, básicamente, las siguientes: acercamiento a Europa y homologación del sistema político ruso al de las democracias occidentales, escoger sus raíces asiáticas centrando su actividad en el Lejano Oriente por medio de una alianza con China, y, por último, una política exterior propia con la que desarrollar un nuevo rol internacional como nexo entre Oriente y Occidente dentro del megacontinente euroasiático.

 

Ha sido, finalmente, esta última opción estratégica por la que la Federación Rusa se ha terminado decantando, utilizando a su favor la posición geográfica que el destino le ha dado. Sin duda, el espacio geográfico que ocupa Rusia ha sido decisivo a la hora de diseñar las líneas maestras de su política exterior, y con ello la organización de su visión del mundo y del sistema internacional. Esta vía por la que ha optado Rusia, le ha permitido dar salida a las naturales inclinaciones del pueblo ruso, aquellas por las que siempre se ha considerado un pueblo especial con una misión histórica, de carácter escatológico, que llevar a cabo en la humanidad. De esta manera se persigue recuperar un protagonismo en la esfera internacional que, en gran medida, se reclama como propio.

 

Rusia es, por su disposición geográfica, un país netamente euroasiático en la medida en que parte de su territorio se encuentra en Europa, mientras que el resto ocupa una posición dominante sobre Asia. Es justamente este espacio de poder que ocupa Rusia, y más concretamente en Eurasia, lo que le permite en el actual contexto internacional desarrollar una política internacional orientada en dos sentidos: hacia Europa con la clara pretensión de hacer notar su influencia en sectores estratégicos como los hidrocarburos, y hacia Asia en búsqueda de una mayor colaboración con China para hacer frente común a las potencias marítimas.

 

Europa es, fundamentalmente, una prolongación, o si se quiere una continuación  geográfica de Asia en forma de gran península que se erige sobre el Océano Atlántico. Desde Lisboa hasta Bering nos encontramos ante una unidad geográfica compacta y sin fisuras, unida, en la que Europa resulta ser una emanación de la gran masa continental asiática. Europa se encuentra, entonces, intrínsecamente unida a Asia, de la cual nace tanto geográfica como míticamente. Por este motivo Europa siempre ha tenido históricamente un carácter ambivalente, e incluso ambiguo, según las coyunturas geopolíticas, habiéndose encontrado siempre sometida a proyectos geopolíticos de diferente carácter. Desde 1945 ha constituido la cabeza de puente de las potencias oceánicas dentro de su confrontación con las potencias continentales, y aún hoy se encuentra inserta en la confrontación Este-Oeste.

 

La importancia de Europa como gran península continental, estriba en que esta sirve a las potencias marítimas como base de operaciones estratégica de cara a proyectar su poder sobre el continente asiático. El dominio del mundo representa, en última instancia, el supremo objetivo de las civilizaciones del mar, aquellas que quieren someter cualquier potencia continental hasta fragmentarla y destruirla completamente, eliminando así cualquier tipo de oposición o resistencia.

 

Por esta razón Rusia, con su estrategia internacional, considera una seria amenaza la instalación del escudo de defensa antimisiles (DAM) en Europa central, ya que ello forma parte de la estrategia occidental de cercar el territorio ruso mediante presión político-militar de la OTAN y la UE. Así, Rusia está ofreciendo una fuerte resistencia al proyecto americano, lo que refleja la gran tirantez existente entre Washington y Moscú, que se ha manifestado de forma clara y unívoca en la última reunión mantenida entre los secretarios de Estado americanos (Robert Gates y Condolezza Rice) con Putin y el canciller de asuntos exteriores Serguei Lavrov, tras la cual no han llegado ninguna de las partes a ningún acuerdo en torno al sistema antimisiles que quiere instalar EE.UU. en Polonia y la República Checa.

 

Rusia está decidida, más que nunca, a no ceder a las pretensiones americanas en este sentido, y de la misma forma que ha reanudado los vuelos de bombarderos estratégicos en el Atlántico, el Océano Ártico y sobre el Pacífico, al tiempo que se ha suspendido el tratado de la FACE, no se descarta, si finalmente, como así lo ha manifestado Rice, se lleva a cabo la instalación del mencionado escudo, suspender otros tratados firmados por Rusia en el pasado, como ha sugerido Putin refiriéndose al Tratado sobre Fuerzas Nucleares Intermedias. Por todo esto hay quien ya habla de “guerra fría” encubierta entre EE.UU. y Rusia.

 

La perspectiva de los americanos en torno a esta cuestión se centra en intentar convencer a la parte rusa de que el DAM no representa ninguna amenaza, y en última instancia alcanzar un acuerdo que haga posible que Rusia acepte el DAM en Europa central, lo cual, según diplomáticos americanos, consistiría en complementar el DAM con el radar de Gabala en Azerbaiyán. Para los americanos cualquier solución pasa por que Rusia acepte el DAM, de lo contrario lo instalarán igualmente. Sin embargo, esta postura choca directamente con Rusia, que no considera complementario del DAM el radar que tiene arrendado en Gabala, por lo que cualquier solución del problema pasa por la renuncia americana a la instalación del DAM y la puesta a su disposición del radar con que cuenta Rusia.

 

También es destacable la reciente visita a Moscú del presidente francés N. Sarkozy, quien como vocero de los EE.UU., ha reconocido la existencia de importantes diferencias entre ambos países en su visión de la realidad internacional, y más concretamente en torno a la cuestión iraní por la que Putin ya ha manifestado que no cree que Irán quiera fabricar armas nucleares, lo cual se encuentra en las antípodas de la perspectiva occidental.

 

Una primera respuesta a la actitud hostil de Occidente, ha sido un reforzamiento estratégico de las relaciones entre Rusia y China dentro de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS), y al mismo tiempo con la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que al igual que la OCS agrupa a diferentes países asiáticos, y que ha manifestado la clara intención de crear una estructura político-militar alternativa a los cascos azules de la ONU en zonas de conflicto, con capacidad para actuar en cualquier parte del mundo, lo que constituye, de facto, un claro contrapeso a la OTAN. Los convenios de la OTSC han sido firmados en Tayikistán el pasado 6 de octubre, lo que sienta las bases de una importante organización multilateral con capacidad real de intervención.

 

El poderío económico creciente de China y Rusia, junto a la renovación de sus sistemas de armamento nuclear y convencional, hacen posible un proyecto de tal envergadura que afianza la alianza estratégica entre ambos países, incluyendo a su vez a los diferentes países centroasiáticos que se encuentran integrados dentro del tratado. Los esfuerzos convergen en limitar la influencia y el poder mundial de EE.UU., y en la medida de lo posible impedir su intromisión en áreas de interés regional tanto para China como para Rusia. Ambos países vienen desarrollando, desde 2005, ejercicios militares conjuntos que han tenido a Irán como quinto observador en las últimas maniobras realizadas en Asia Central.

 

Tanto China como Rusia tienen sumo interés en sustituir el actual orden unipolar por otro multipolar, ya que no están dispuestos a aceptar la hegemonía americana a nivel global. Por esta razón su estrategia está claramente encaminada a contrarrestar la influencia americana por medio de la OTAN y la UE, de cara a generar nuevos espacios geopolíticos y geoeconómicos al margen de las directrices políticas de Occidente. El multipolarismo como alternativa al unipolarismo sólo se entiende dentro de la natural lucha por el poder en la esfera internacional, y que para países con un gran potencial como son Rusia y China, se concreta en limitar a la hasta ahora potencia hegemónica, desarrollando para ello nuevos organismos multilaterales y operativos.

 

Emerge así el Eje geopolítico Moscú-Pekín, dando origen a un importante bloque político-militar que, cada vez más, jugará un importante papel en Eurasia en aspectos clave como la seguridad y la defensa. El impulso que se está dando desde los dos principales promotores de estas organizaciones regionales multilaterales permitirá, a largo plazo, no sólo una mayor colaboración regional entre sus integrantes, sino también una acción coordinada que irá, a medio plazo, en claro perjuicio de los intereses americanos en Oriente Medio y Asia Central.

 

La hegemonía americana se ha ido asentando y desarrollando por medio de la creación de conflictos, lo que ha permitido su intromisión en diferentes regiones geográficas que son clave para sus intereses nacionales. Esto lo hemos visto en Iraq, Afganistán y el Líbano. Una organización político-militar como la OTSC, y económica-comercial como la OCS, contribuirán a incrementar la colaboración regional de los países centroasiáticos, y con ello a mejorar la estabilidad de la zona a través de su cooperación en la lucha contra el crimen organizado, los separatismos y los extremismos religiosos, que constituyen, todos ellos, temas de especial importancia y atención para los integrantes de estas organizaciones.

 

Es notable que para los países miembros de la OCS como de la OTSC, ha jugado un papel fundamental la necesidad de crear relaciones de confianza, partiendo del hecho de que en la región se han desarrollado importantes y serios conflictos que, en ocasiones, han puesto en peligro la estabilidad de diferentes países. De aquí nace la necesidad de buscar la colaboración que ha terminado fraguándose en la creación de organismos multilaterales que canalicen la cooperación.

 

Pero retornando otra vez a Rusia y su postura ante el escudo antimisiles, es también importante traer a colación la estrategia militar que está desarrollando, y que ha sido caracterizada por los generales del Alto Estado Mayor para la Defensa como una respuesta asimétrica al potencial militar de Occidente. Esta respuesta asimétrica consiste en un poderoso desarrollo tecnocientífico que permita una ventaja cualitativa del armamento estratégico y convencional ruso frente al potencial occidental, de manera que se desarrollen sistemas más sofisticados y avanzados para los que Occidente no tenga respuesta. Es, por tanto, una estrategia que busca una superioridad cualitativa frente a la estrategia soviética que siempre persiguió una superioridad cuantitativa que, a la larga, le abocó a una serie de desequilibrios económicos que mermaron su capacidad de respuesta y terminarían contribuyendo a su definitiva implosión.

 

Finalmente, cabe señalar la próxima visita que realizará el presidente Putin a Teherán, con motivo de la II Cumbre del Caspio que reúne a los diferentes países ribereños, y que tiene como finalidad coordinar la explotación de los recursos existentes en la zona. A esto puede que se le sumen, las más que posibles intenciones de reforzar las relaciones del Eje Moscú-Teherán, pues Rusia abastece a Irán con personal de asesoramiento técnico, y de material nuclear para el desarrollo de la energía atómica.

 

En definitiva, la posible respuesta de Rusia ante el DAM puede manifestarse de diferentes maneras: a través del OTSC, con una colaboración y un apoyo aún mayor hacia Teherán (el canciller Serguei Lavrov ha manifestado en repetidas ocasiones que su país no es partidario de más sanciones sobre Irán, y mucho menos aún de una intervención), mayor presión en torno al problema kosovar, o simplemente el comienzo de una nueva carrera armamentística que parece, cada vez más, estar ya en marcha.

Posted by Emboscado at 21:16:55 | Permanent Link | Comments (0) |

Martes, Octubre 09, 2007

LA CORRUPCIÓN

"Raíz de todos los males es el amor al dinero" 1ª Timoteo 6:10 

La corrupción constituye un fenómeno social que pone en marcha un proceso de descomposición, el cual termina destruyendo todo tipo de forma de vida interior organizada. Así, este fenómeno está íntimamente ligado al apego hacia lo material, aquello que desvincula al ser humano de su dimensión espiritual y trascendente, la misma que se encarga de organizar su existencia en este mundo, pasando a orientar toda su actividad hacia la consecución de metas cuyo único sentido es el de satisfacer deseos materiales, generalmente inducidos artificial y externamente, que se suelen manifestar bajo la forma de vicios.

Esta podría ser una primera aproximación metafísica al significado profundo de la corrupción, la misma que utiliza la seducción para arruinar al hombre, erosionar su fuerza de voluntad hasta doblegarla y con ello destruir toda forma de vida interior organizada. Por tanto, la corrupción sustrae al hombre del polo espiritual de la existencia para llevarlo al polo material. El hombre, queda entonces sumido en el caos de las pulsiones al perder toda referencia espiritual sobre la que fundamentar la vida, por lo que se convierte en un ser maleable por los estímulos, preocupándole únicamente  la satisfacción de sus necesidades materiales, sus vicios y el incremento de su bienestar.

El polo espiritual de la existencia es el que ha dotado al hombre, en su vida, de una determinada organización. De éste ha recabado aquellos principios eternos en torno a los que ha dado a su vida una forma interior, una organización, una disciplina con la que plasmar en la existencia una particular idea de justicia y sacralidad de la cual ser su representante. Para este tipo de hombre lo mundano, lo material, lejos de significar un fin en sí mismo, tiene un carácter instrumental poniéndose al servicio de una vida, superior y elevada, que manifiesta sobre la existencia su grandeza interior.

A partir de aquí pueden diferenciarse dos formas antagónicas de concebir el mundo: la que fundamenta la vida y existencia del hombre en su polo espiritual, recabando del mundo trascendente los principios eternos a partir de los que organizar al hombre; y aquella otra que encuentra en el polo material de la existencia la base de todas las cosas. En función de la primacía de una de estas concepciones del mundo se derivan consecuencias de dimensiones cósmicas. Si en el primer caso lo material queda supeditado a lo espiritual como medio, instrumento, para la manifestación inmanente de principios trascendentes, en el caso opuesto lo espiritual es desechado completamente del mundo físico y todo queda encerrado en lo material, pasando a ser considerado lo "espiritual" como una mera sublimación de lo material.

La corrupción no es más que la consecuencia clara y real de una decadencia interior, una pérdida de forma por la que se produce un vaciado de contenido y significado, sumiendo la existencia en el nihilismo de lo efímero y pasajero, lo que supone un apego a lo material y mundano, aquello que no está sometido y supeditado a una norma superior que, a modo de referente estable y permanente, haga posible la aparición de un  cosmos en el caos.

Indudablemente, aquella organización del mundo que haga del polo material de la existencia su fundamento último, contribuirá a institucionalizar la corrupción al ser esta la fuente real de poder, todo como consecuencia de haber creado unas estructuras organizativas cuyo principio inspirador se encuentra en lo material. Debido a esto, dichas formas de organización social conducen, a largo plazo, a la disolución colectiva sumergiendo a la comunidad en una espiral de decadencia marcada por la alienación.

Sin embargo, cuando se hace del polo espiritual la base de toda existencia, las estructuras organizativas adoptan como principio inspirador una realidad metafísica y trascendente, aquella de la que recaba una serie de leyes y principios de carácter eterno e inmutable que dan forma a la vida interior del hombre, y a su vez al conjunto de la sociedad dejando de ser masa desorganizada para constituir un Todo orgánicamente estructurado. La corrupción, lejos de estar institucionalizada, tiene un carácter residual y marcadamente negativo a los ojos de un tipo de hombre que se conduce por verdades y principios absolutos.

"Raíz de todos los males es el amor al dinero" dice la Biblia de forma casi proverbial, reflejando así los efectos nefastos que acarrea el apego a lo material por causa del egoísmo, la avaricia o la vanidad. El sistema económico capitalista tiene su fundamento último en el poder del dinero, sobre el cual se asientan los cimientos de las estructuras políticas y sociales. Al tratarse de un bien escaso que todo el mundo persigue por cualesquiera medios posibles, hace que la corrupción se institucionalice completamente. Es así como todo el mundo pasa a tener un precio, dejándose vender por unos miserables billetes que se han convertido en el único objetivo de la vida del hombre. De esta manera se crean dependencias entre quienes no tienen el dinero y aquellos que lo poseen, pudiendo estos últimos sobornar a los primeros e imponer así sus intereses y decisiones, lo cual hace posible legalizar la corrupción por medio de la creación de leyes hechas a su medida. Pero nada de esto tiene legitimidad alguna cuando todo depende de quien basa el orden social, económico, político y cultural de una comunidad en el criterio cuantitativo de quien tenga más dinero en su cuenta corriente.

Nada se hace ya por ideales, por convicción o por mero altruismo, sino que es ya el frío y desnudo interés el que guía la acción del hombre en la búsqueda de mayores grados de utilidad, persiguiendo un mayor bienestar, para lo cual está dispuesto incluso a vender su propia alma. Lo material ha tomado aquí, en este tipo de hombre (homo economicus), su primacía absoluta en torno a lo que se orienta toda actividad individual y colectiva. La necesidad creada por la escasez del dinero ha dado paso en la actualidad a que este sea la única meta cultural de las sociedades modernas, entendido como pasaporte para alcanzar la pretendida felicidad en la tierra.

Tradicionalmente en ciencia política se ha utilizado la corrupción como indicador a través del que recabar cierta información acerca de los países. Ello ha servido para estudiar el grado de estabilidad de un país y su sistema político, al tiempo que se pone en relación con sus países vecinos dentro del sistema internacional. La problemática de este tipo de indicador estriba en la dificultad para ser construido, lo cual no deja de ocasionar importantes polémicas en la realización de análisis al valorar la manera en la que se ha creado.

Este ha sido, en principio, el sentido (más o menos aséptico) original que la corrupción, como indicador, ha tenido en los análisis políticos de diferentes países y regímenes. Sin embargo, recientemente y de forma bastante pretenciosa se ha querido utilizar con un sentido opuesto, aquel a través del cual intentar legitimar unos determinados sistemas políticos frente a otros partiendo de la existencia de unos supuestos menores niveles de corrupción en determinados casos.

Es un hecho constatado que en Occidente está cada vez más extendida la opinión, o más bien el prejuicio, de que los regímenes "democráticos" son mucho menos corruptos que aquellos que no lo son, y que ello justifica la necesidad de extender la democracia por todo el planeta, lo que, en definitiva, supone respaldar la política expansiva desarrollada por Occidente a través de la globalización, y con ello implantar a escala planetaria un sistema de opresión basado en el dinero.

La acusación de corrupción carece de completo y absoluto sentido si tenemos en cuenta cuál es el fundamento último de los sistemas políticos modernos, y más concretamente occidentales, los mismos que han desterrado cualquier principio superior sobre el que asentar su existencia habiéndose convertido en auténticas fábricas de corrupción. Pero incluso obviando este hecho, es evidente que el sentido de dichas acusaciones tiene como finalidad establecer formas de gobierno títeres de las plutocracias en los países donde, el sistema político, aún conserva importantes parcelas de soberanía para el país. Es una clara estrategia ideológica y política mediante la cual incrementar el poder de las oligarquías en el mundo.

Posted by Emboscado at 00:46:29 | Permanent Link | Comments (5) |

Miércoles, Octubre 03, 2007

BIRMANIA: ¿UNA REVOLUCIÓN CON TINTES NARANJAS?

Las recientes protestas populares que se han producido en Birmania han recibido un eco mediático en Occidente nada habitual, lo que de entrada nos hace sospechar acerca de las intenciones reales existentes tras todo esto.

Como algo sintomático destaca el hecho de que los medios occidentales hayan presentado las protestas, producidas a raíz de un aumento del 500% del combustible y con un aumento, a su vez, de bienes y transportes, como si se tratase de una revolución ciudadana para la implantación de la democracia en el país asiático. Independientemente de la opinión que pueda merecer el régimen militar que gobierna Birmania, la realidad es que Occidente ha aprovechado la coyuntura para sacarle partido político de cara a sus intereses en la región, utilizando para ello la más pura y dura manipulación periodística del stablishment intentándonos presentar dichas protestas como una reivindicación de la población para el establecimiento de la democracia.

Las razones para que Occidente intente utilizar en su favor las circunstancias que vive Birmania, se pueden deber, en principio, a dos motivos principales: el hecho de que Birmania no es un país que esté completamente abierto a la explotación de los intereses económicos y financieros occidentales, ya que cuenta con importantes controles y regulaciones estatales en sectores importantes como son los recursos naturales, la tierra y el propio mercado; y, juntamente con lo anterior, Birmania es un país que ha reducido drásticamente en las últimas décadas la producción de opio, de un 70% de la producción mundial hace 30 años a menos de un 5% en la actualidad, datos corroborados por la propia ONU.

Del mismo modo que Kosovo y Afganistán han sido conflictos instigados, en gran medida, por la importancia económica que en dichas zonas tiene el negocio de la droga, Birmania no es menos en ese mismo sentido. Afganistán es, a día de hoy, el principal productor de opio a nivel mundial, siendo su producción el 90% del total y dependiendo la economía afgana de este único sector que ha sido, con la invasión angloamericana, impulsado con fuerza. Kosovo, a diferencia de Afganistán, no es más que una zona de paso, de entrada, por la que transitan la mayor parte de las drogas provenientes de fuera de Europa para su posterior comercialización en el continente, por lo que el carácter estratégico de Kosovo queda fuera de toda duda, habiendo sido una de las principales motivaciones para su ocupación.

El negocio de la droga es el más lucrativo junto al tráfico de armas, el sexo, y el cada vez más extendido tráfico de órganos. Por esta misma razón representa un negocio muy suculento para la banca internacional, en la medida en que los beneficios obtenidos de los estupefacientes necesitan ser blanqueados para ser "legales", papel que desempeñan los bancos y que les permite mantener a flote su barraca capitalista. Gracias a ello los bancos disponen del suficiente dinero en efectivo para hacer frente a los pagos en el mercado especulativo, y al mismo tiempo obtienen a partir de ellos unos suculentos dividendos.

No se trata de calderilla, sino más bien lo contrario, de sumas económicas astronómicas que no figuran en ningún libro de contabilidad pero que son recicladas en el mercado bursátil, un negocio en el que están tan interesados de que siga existiendo tanto la banca como los propios gobiernos occidentales, quienes a su vez sacan de ahí importantes réditos económicos para financiar sus gastos públicos en los más diversos y desconocidos ámbitos y proyectos.

La existencia de un régimen autoritario que ha combatido con especial dureza la producción de opio, dentro, todo ello, de un programa de lucha contra la droga, supone atentar directamente contra muchos intereses corporativos y financieros occidentales, al mismo tiempo que el Estado aún conserva gran parte de su soberanía económica, lo que lo mantiene relativamente al margen del proceso de globalización, impidiendo que la sinarquía internacional pueda entrometerse y campar a sus anchas explotando y saqueando impunemente al país.

La estrategia occidental, y sobre todo británica debido a que es el principal país interesado en dar un cambio político en Birmania, antigua colonia suya, es y seguramente siga siendo manipular las circunstancias políticas y económicas actuales en las que vive Birmania, para seguir presentando las protestas ciudadanas como una afirmación de los valores occidentales, la democracia y la libertad frente a un régimen autoritario que EE.UU. incluyó dentro del Eje del Mal. Por de pronto, los objetivos definidos son cambiar el régimen por otro de carácter marcadamente pro-occidental, alineado con la estrategia que hoy encabeza a nivel internacional EE.UU., y terminar de laminar por completo la soberanía que aún conserva el Estado birmano, para introducirlo de forma definitiva en la economía-mundo.

Para alcanzar todo esto es preciso utilizar coyunturas favorables, para lo cual se ha conseguido presentar ante el mundo una imagen distorsionada de lo que ocurre en este país, como si la población realmente se estuviera rebelando contra un despotismo exacerbado reclamando democracia y libertad. Además, y simultáneamente, se ha logrado enviar un representante de la ONU para mediar entre el gobierno y la oposición política al régimen, apoyada por Occidente, lo que tiene como clara intención debilitar al poder establecido.

La manipulación manifestada por los medios de comunicación prueba la hipocresía velada de Occidente, y una vez más trae a relucir sus claras intenciones de cara a llevar su influencia hasta aquellos reductos donde, todavía hoy, no se encuentran directamente expuestos a los efectos perversos de la implantación del capitalismo global. Pero a pesar de esto, tanto Rusia como China no han cedido a las pretensiones angloamericanas de imponer sanciones a Birmania, debido, en gran parte, a que comienzan a estar cansados de los caprichos americanos.

Birmania representa un intento más de las talasocracias occidentales por extender su influencia y hegemonía, para lo cual no dudan en darle tintes naranjas para, así, poder legitimar internacionalmente lo que en un momento dado pueda salir de ahí una vez derrocada la junta militar y establecido un gobierno afín.

Posted by Emboscado at 19:12:44 | Permanent Link | Comments (0) |