Jueves, Febrero 08, 2007

Alcorcón, preludio de la guerra étnica

Los acontecimientos de Alcorcón son una muestra clara de que la sociedad multicultural ha sido un fracaso. El igualitarismo hace aguas, y la convivencia de diferentes grupos etno-culturales bajo un mismo techo político se hace cada vez más difícil hasta puntos insostenibles.

En cualquier caso, lo que hemos podido observar en Alcorcón es la reacción ciudadana ante una campaña de acoso, violencia y delincuencia liderada por elementos sudamericanos organizados en bandas, los cuales hacen la vida imposible a los vecinos y a los jóvenes de la localidad llevando a cabo sus fechorías: robos, altercados, destrozos, palizas, asesinatos... A lo que se suma el hecho de copar zonas recreativas públicas de cara a cobrar un impuesto a quienes quieran utilizarlas, privando a los ciudadanos de su legítimo uso, ya que son ellos quienes con sus impuestos las han pagado.

Lejos de tener un carácter ideológico, como algunos mercenarios de la información mediática han querido atribuirle, lo ocurrido en Alcorcón no deja de ser una reacción muy puntual hacia una situación que, por así decirlo, se ha hecho insoportable para los ciudadanos de allí hasta el punto de hincharles las narices en sobremanera, y como consecuencia de esto y del malestar acumulado ante la indiferencia de las autoridades, generar una respuesta violenta (aunque no muy organizada) contra las bandas sudamericanas.

Vemos de este modo que un problema, generado por el Estado y el sistema económico-político-cultural, que ha afectado a los ciudadanos de una localidad fundamentalmente de clase obrera y víctima de las injusticias sociales como el paro, inaccesibilidad a la vivienda, trabajos mal remunerados..., supone, en última instancia, el reflejo de lo que a nivel más general se está gestando en las sociedades europeas, y más particularmente en la española, que ha sido víctima de la llegada masiva de inmigrantes en un espacio de tiempo relativamente corto, recibiendo una cantidad de inmigrantes en este tiempo que llega a superar en algunos casos la cantidad de inmigrantes que durante 30 años han recibido otros países europeos.

Lo que hemos visto en Alcorcón es un conato de algo más grave y serio que puede llegar a ocurrir.  El hartazgo y el malestar de la población se va acumulando en la medida en que los foráneos son identificados como competidores en lo económico, político y cultural, intentando desplazar a la población nativa.

Quizá, lo erróneo, sea combatir las consecuencias de un problema que se identifica fundamentalmente con el inmigrante y la inmigración, cuando lo correcto sería, por el contrario, combatir las causas y las raíces últimas del mismo, identificando como verdadero enemigo al Estado y al sistema económico y cultural capitalista que promueve la llegada masiva de inmigrantes.

De momento, con lo de Alcorcón, únicamente hemos podido ver un estallido de ira momentáneo fruto del malestar que se ha venido acumulando en todo este tiempo. Seguramente todo quede únicamente en eso, en una rabietada, la policía y la represión se han encargado de que así sea. Pero las rabietadas pueden, con el tiempo, adquirir un carácter ideológico y dotarse al mismo tiempo de una organización en la que la ira quede perfectamente sistematizada a través de una estructura más o menos revolucionaria, en la que el enemigo sea conjuntamente Estado, sistema capitalista junto a su estructura económico-cultural, burguesía-oligarquía-plutocracia, y, por último, aquellos inmigrantes que se pongan del lado de los opresores y, por tanto, no luchen contra el enemigo común de los pueblos.

Si para entonces los inmigrantes no toman conciencia de que están siendo un instrumento más al servicio del capitalismo mundial, y por tanto de la globalización, el sistema habrá logrado con ello dar lugar a una guerra étnica en la que el color de la piel de cada uno será su uniforme.

Posted by Emboscado at 16:11:14 | Permanent Link | Comments (0) |