
El consumo de estupefacientes se ha convertido en uno de los principales problemas dentro de las sociedades postindustriales, especialmente entre la juventud. Son de todos conocidos los efectos tan negativos que tienen para la salud, pero no son tan conocidos los datos que reflejan recientes estudios acerca del incremento generalizado de su consumo, lo que ha puesto en alerta a diferentes organismos internacionales que ya han lanzado serias advertencias a las autoridades políticas de los Estados, y al mismo tiempo a la sociedad en general.
Se está dando un empeoramiento general de la vida de los jóvenes por causa del cada vez más extendido consumo de estupefacientes, los que generan importantes problemas de salud y aceleran el envejecimiento, así como una pérdida de facultades. Son, asimismo, cada vez más corrientes los casos de muerte repentina por consumo de drogas, que normalmente se producen como consecuencia de su mezcla con otras sustancias como el alcohol, lo que da lugar a una mezcla explosiva que en no pocas ocasiones produce la muerte; por esto, es cada vez más habitual que en fechas festivas, o mismamente en la realización de macroconciertos donde se produce una gran confluencia de jóvenes, se produzcan casos de este tipo que más tarde aparecen en los noticiarios de todas las televisiones y periódicos.
Nos encontramos también con nuevas y más complejas redes de tráfico de drogas, proliferando en gran medida aquellas que se dedican a la fabricación y distribución de drogas sintéticas realizadas en laboratorios clandestinos, y cuya composición química resulta un serio peligro para la salud de quien la consuma. Es necesario tener en cuenta que este tipo de redes trabajan a gran escala, pudiendo llegar a producir cantidades de pastillas mayúsculas que inmediatamente son puestas a la venta en el mercado, aprovechando para ello macrofiestas o lugares de ocio.
Están muy presentes las secuelas que deja el consumo de drogas en la juventud, como es en la pérdida de facultades lo que supone un efecto de aceleración del envejecimiento, falta de agilidad mental, pérdida de memoria, descoordinación motriz, etc..., pero desgraciadamente, en cada vez más casos las secuelas pueden manifestar rasgos y características poco habituales y por tanto novedosas, que en algunas ocasiones llegan incluso a transmitirse de forma hereditaria en la descendencia.
A largo plazo, sin lugar a dudas, esto vaticina un envejecimiento general de la población que contará con una salud biológica diezmada, creando así una generación de ancianos sumamente problemática que arrastrará una serie de problemas fruto de una juventud desperdiciada en el consumo de drogas. Serán así, antes de llegar a lo que hoy se entiende por vejez (a partir de los 65 años en adelante) sumamente dependientes, y desarrollarán enfermedades y patologías mentales cuyos efectos tendrán que ser atenuados por su esclavitud con los fármacos y medicinas. No es descartable que la adicción a los estupefacientes produzca importantes programas de desintoxicación al contar con un considerable sector de la sociedad enganchado a esas sustancias.
No sólo hay que tener en cuenta la problemática del consumo de drogas desde un enfoque en el que únicamente se tengan en cuenta los efectos perniciosos que estas generan, sino que es imprescindible poner esto en relación con la dimensión real que este fenómeno tiene en nuestras sociedades actuales para comprender el alcance del mismo. Es precisamente esto lo que genera cierta angustia cuando se realizan estudios sobre el nivel de consumo, cuyos resultados suelen dar sorpresas un tanto desagradables que preludian ya en cierto modo cuál va a ser el futuro de nuestra sociedad.
Así, en octubre de 2006 se hizo público por parte del ministerio de Sanidad un interesante informe que revelaba parte de los hábitos de los jóvenes en relación a las drogas, y en el que se destacaba el alarmante aumento del consumo de cocaína y de cannabis. Los datos son alarmantes como mínimo: alrededor de 29.000 jóvenes españoles entre 14 y 18 años fuman porros todos los días y casi 6.000 consumen cocaína a diario. Consumo que, según el mismo informe, ha sufrido un incremento espectacular entre 1995 y 2003, y que el mismo sigue aumentando de manera importante.
El cannabis es la droga más consumida en España, habiéndose producido un aumento de su consumo de más del 50% en la última década. El 10 por ciento de los chicos de 14 años y el 35,7 por ciento de los de 18 años lo ha consumido en el último mes. En cuanto a la cocaína, el consumo prácticamente se ha cuadriplicado en la última década y alcanza al 7,2 por ciento de los adolescentes.
Los datos indican que, entre los adolescentes españoles de 14 a 18 años, el consumo de cocaína entre 1995 al 2003 se ha cuadruplicado, al pasar del 1,8 al 7,2% de consumidores. Estos porcentajes traducidos a números supone que son 164.000 los adolescentes de 14 a 18 años que consumieron cocaína en los últimos 12 meses previos a la encuesta y 830.000 cannabis. Por sexos, y en la franja que va de los 15 a los 34 años, el porcentaje de chicos que consumen esta última droga es más del doble que las chicas.
Además de esto, el estudio aclaraba que se trata fundamentalmente de un consumo intenso pero intermitente entre los jóvenes, que se concentra sobre todo en determinadas fechas como fines de semana, y otras tan reseñables como navidad, noche vieja y carnavales. Este consumo se agrava en la medida en que existe una falsa sensación de carecer riesgos para la salud, achacando a este factor el incremento del consumo de estupefacientes. Juntamente con este aspecto, se suma el cada vez más fácil acceso a este tipo de sustancias debido a que se adquieren en entornos próximos, lo que favorece el incremento del consumo.
Sobre los efectos negativos de este tipo de drogas la "Encuesta a la Población Escolar 2004" ya apuntaba una proporción importante de estudiantes que aseguraba haber sufrido alguna vez consecuencias derivadas del consumo de cannabis y cocaína. En el caso de la primera sustancia, las consecuencias más frecuentes son pérdida de memoria (24%); dificultades para trabajar o estudiar (15,8); tristeza, ganas de no hacer nada y depresión (14,3); y faltar a clase (10%). En la cocaína, las consecuencias negativas más frecuentes son problemas para dormir (44,1%), pérdida de memoria (14%), tristeza o depresión (12,6%) y problemas económicos (11,8%).
En cuanto a la cocaína es característico que el 70% de los consumidores crónicos sufren cuadros paranoides. Esta droga también contribuye al desarrollo de arterioesclerosis prematura y aumenta 24 veces el riesgo de sufrir un infarto de miocardio y un accidente cerebrovascular.
En verano del 2006 la ONU, a través de un informe, se hizo eco del considerable aumento del consumo de drogas, y particularmente la cocaína, que resaltaba el hecho de que el 2% de los españoles de 15 a 64 años consume cocaína de forma habitual, el doble que en el resto del continente, situando a nuestro país entre los mayores consumidores de coca en el planeta. Esta cifra contrasta con el 1,1% de consumo de esta misma droga en el resto de Europa, lo que nos permite ver la magnitud del problema.
El Informe Mundial de las Drogas 2006 de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), hecho público en Viena, asegura además que el uso de cannabis sigue creciendo sin cesar a escala mundial. Esta continúa siendo la droga más usada del mundo, con unos 162 millones de consumidores, un 4% de la población mundial.
Esos 162 millones de consumidores de cannabis representan la mayor parte de los consumidores de drogas, 200 millones en total en todo el planeta, mientras que 35 millones consume anfetaminas, 16 millones opio (heroína) y 13 millones cocaína.
Además de todo esto nos encontramos con que el director ejecutivo de la ONUDD, el italiano Antonio Maria Costa, hace un llamamiento a los gobiernos de la Unión Europea (UE) "a no ignorar este peligro", ya que "demasiados profesionales europeos usan cocaína, muchas veces negando su adicción". Añadió también que "el abuso de drogas por parte de algunas celebridades es comentado por los medios de comunicación sin ningún tipo de críticas, lo que deja a los jóvenes confundidos y vulnerables", denunció el director de la ONUDD. Esto prueba en gran medida la nocividad y perniciosidad del aparato y estructura cultural del sistema, que se dedica a encumbrar a yonkis que luego pasan a ser el referente e ideal de las masas, y muy especialmente de la juventud. Pero no debe quedar de lado la responsabilidad e implicación de los medios de comunicación en su labor difusora, carente de crítica, de esas actitudes irresponsables y peligrosas que inducen a la ruina las vidas de muchos jóvenes. También resulta una prueba más de la putrefacción del sistema cultural establecido por el gran capitalismo, en el que la quiebra y crisis de valores fruto del igualitarismo y del individualismo generan actitudes de este tipo que, desgraciadamente, se convierten en referente para sectores importantes de la sociedad.
Es reseñable el hecho de que desde la propia ONU se llega a hablar de la posibilidad de una pandemia global fruto del abuso del consumo de drogas, y que si no se realiza una contención del mismo esta situación no estaría muy lejos de materializarse.
Se destaca la importante oferta de opio procedente de Afganistán, que literalmente podría entrar en la categoría de narcoestado. También resalta el aumento de la demanda y oferta de cannabis en todo el mundo y el ya mencionado incremento del consumo de cocaína en Europa, pero muy particularmente en España.
El tráfico de drogas junto al de armas es el que mayores beneficios reporta, sin embargo tanto la oferta como la demanda se van incrementando por momentos, y poco a poco esa situación terminará pasando factura a las sociedades, muy especialmente a las europeas que cuentan con una bajísima natalidad, y cuyos actuales jóvenes serán el día de mañana unos ancianos demacrados que estarán día y noche conectados a una máquina de oxígeno, entubados o esclavizados a los fármacos y medicamentos, además de ya no poder valerse por sí mismos. Si la poca juventud que queda en nuestros países no se ve repuesta, sino que por el contrario la que aún hay tiende hacia la autodestrucción física y biológica, el futuro no es nada halagüeño: quiebras de la seguridad social, empobrecimiento generalizado, incremento mayúsculo del déficit del Estado en materia de sanidad, incremento de los problemas y las enfermedades de tipo hereditario, muerte física de la sociedad, etc...
Se señalan los muchísimos efectos negativos de las drogas sobre el organismo humano, aspecto que nunca hay que dejar fuera de cualquier crítica al consumo de drogas, pero siempre se pasa muy de puntillas por aquel que debiera ser siempre el motivo principal y fundamental por el cual no tomarlas nunca, esto es: la dependencia hasta límites inimaginables que llevan a la persona hasta su completa deshumanización. Las drogas son esencialmente negativas, no ya porque puedan matar a uno, deteriorarle físicamente, etc., sino sobre todo porque generan un dependencia que constituye la esclavitud del individuo, la droga pasa a poseer al que la consume y este deja de ser dueño de sí mismo, tanto es así que en el momento en que esta dependencia se va incrementando, el drogodependiente no puede vivir ya sin su dosis diaria de droga, por lo que está dispuesto a cualquier cosa con tal de tenerla. Es entonces cuando ha perdido su humanidad, ha dejado a un lado su condición de persona y ha devenido en un animal.
Debido a que el mayor número de consumidores se encuentra entre la juventud, ello merece una consideración especial que quizá pueda ayudar a entender los factores que inducen esta situación. Nos encontramos con diferentes cuestiones que influyen de una manera decisiva: familia, valores, sistema cultural, etc... Hay muchos más factores que tienen también su parte de implicación, pero vamos a limitarlos a unos pocos, que quizá, con toda probabilidad, sean los más importantes.
El modelo de familia burguesa está en quiebra. No existe una real cohesión e integración de los miembros de la familia, de ahí las cada vez más frecuentes rupturas familiares en donde el interés particular y el sentimentalismo absurdo suelen tener un especial relieve. Se da, con este modelo familiar, la inculcación de una forma de vida totalmente permisiva, desentendiéndose los padres de la educación real de los hijos, quienes terminan siendo desatendidos y acaban sufriendo una desorientación en diferentes facetas de su vida. Los padres, bajo mil excusas intentan justificar la falta de tiempo y dedicación hacia sus hijos, pero no son conscientes de que la educación no se contrata, no le corresponde a la escuela pública proveer de una educación que debe ser provista y cubierta en el hogar familiar, y más concretamente por los padres.
No podemos olvidar tampoco el cada vez más arraigado individualismo dentro de las propias familias, que termina manifestándose en esa permisividad tan característica por la cual lo importante es la diversión, que en la mayor parte de los casos es diversión irresponsable.
Fruto de la desatención de los hijos y la permisividad de los padres hacia ellos, se suma la crisis de valores existente en nuestras sociedades, que tienen su raíz en el propio núcleo familiar. Habitualmente no se promueve el esfuerzo, el trabajo o la lucha como formas a través de las que el hijo va aprendiendo a asumir a superar por sí mismo los retos que se le van presentando en la vida, sino que por el contrario se tiende a darle todo hecho, a que no necesite realizar el más mínimo esfuerzo por lograr conquistas en su vida. Más aún, el hijo tiende a incumplir sus escasas obligaciones y a delegar su responsabilidad en sus progenitores quienes tienen que desempeñar el papel de bomberos para salvar de la quema al hijo. De este modo el hijo no aprende a valorar lo que tiene ya que no ha sido alcanzado como resultado de su trabajo y esfuerzo, sino que le ha sido dado por gracia de sus padres. De aquí nace gran parte de la irresponsabilidad de muchos jóvenes, que se ve agudizada con el nihilismo de la indiferencia por el que todo les da igual, lo que lleva esa misma irresponsabilidad hasta extremos inimaginables. Acostumbrados a tener y conseguir todo lo que quieren, en el momento en que esto deja de ser así comienzan los problemas, la frustración termina desembocando en una ira contra todo que puede llevar no pocas veces a la autodestrucción y a los peores resultados.
Con el excesivo consentimiento y permisividad, ligado al papel de apagafuegos que tienen hoy día muchos padres que se dedican la mayor parte de las veces a dárselo todo hecho a sus hijos, nuestras sociedades son, en la práctica, un criadero de cuervos, y será el día de mañana en que esos mismos cuervos le terminará sacando los ojos a la sociedad que los ha criado.
El igualitarismo que trae consigo el relativismo, hace que una opción sea tan válida como cualquier otra. Esto llevado al ámbito del ocio y de la vida de los jóvenes lleva a actitudes igualmente nihilistas, en las que con la permisividad de los padres y la ausencia de unos valores se puede terminar fácilmente consumiendo drogas, máxime si tenemos en cuenta la cultura fuertemente hedonista que se fomenta, aquella en la que el fin de la persona se reduce a conseguir el mayor número de sensaciones placenteras sin importar el modo. Es una mentalidad materialista muy funcional con el sistema económico imperante, aquel que intenta por medio del mercado inducir al consumo bajo la propaganda que intenta hacerle creer al consumidor que puede conseguir una mayor utilidad. Juntamente con esto encontramos el deseo de inhibición en el que se quiere distraer la atención del mundo real y centrarla en el mundo imaginario de la psicodelia. Por estos motivos las drogas suelen estar asociadas a una forma de diversión con la que uno desconectar con el mundo real con el cual se encuentra disconforme, y que por falta de voluntad y por debilidad no se quiere transformar, sino que se prefiere antes la sensación instantánea y placentera que pueda reportar el consumo de drogas.
No podemos desdeñar el papel que ejercen ciertas celebridades del mundo de la moda y del espectáculo, como la enfermiza Kate Moss, su excéntrico novio Pete Doherty o el degenerado George Michael, que nos tienen acostumbrados al consumo público de drogas ante los medios de comunicación, individuos que son dentro del sistema un referente cultural y un modelo, lo cual induce a muchos jóvenes a adoptar una forma de vida igual de desviada que estos sujetos tan irresponsables.
No basta únicamente con desmantelar las redes de narcotráfico, que sí es importante, pero más aún lo es aplacar los inútiles deseos de querer consumir drogas que es lo que genera la demanda, como también es preciso abolir la estructura cultural que arrastra a los jóvenes hacia una forma de vida efímera, vacía de contenidos en cuyo final sólo se atisba la autodestrucción y la esclavitud al consumo, ya sea de drogas o de cualquier otra cosa que la publicidad promocione. Si no se va a la raíz de los problemas y desde ahí se extirpan, cualquier otra medida que únicamente pretenda atajar las consecuencias caerá en el mero reformismo, y con ello en el mantenimiento del propio problema.