Lunes, Avril 30, 2007

REVOLUCIÓN DE TERCIOPELO EN TURQUÍA

Todo el mundo anda distraído con las turbulencias políticas y sociales de Turquía pero sin saber muy bien lo que allí ocurre. Lo cierto es que las movilizaciones que se han estado produciendo últimamente, patrocinadas en su mayor parte por ONG's de filiación occidental y americana, constituyen una prueba fehaciente de que en Washington y Tel-Aviv están nerviosos por cuanto pueda ocurrir en este país de Asia Menor.

El problema ha surgido repentinamente y casi de la nada, poniendo encima de la mesa la cuestión de la secularidad del poder político a raíz de la pretensión de un islamista moderado por acceder al cargo de presidente de la República, lo cual es indicativo de que en Turquía aún juega algo la posibilidad de que esa separación entre el poder religioso y el político pueda desaparecer, lo que al mismo tiempo parece que tiene preocupado a más de uno dada la importancia geoestratégica de este país.

Vale la pena aquí hacer unos breves apuntes acerca de la famosa división entre autoridad espiritual (representada por la religión) y el poder político. En Occidente esta división se vienen dando desde la emergencia misma del cristianismo, el cual produjo la escisión dando lugar a la aparición del Papado como representante en la tierra de una autoridad de origen sobrehumano, y por otro lado el Emperador, que perdió todo su carácter sagrado y sus funciones quedaron relegadas a lo meramente político, recibiendo su legitimidad del Papa a partir de entonces.

Con anterioridad la separación entre autoridad espiritual y poder político o temporal era inexistente, ya que quien desempeñaba el cargo de jefe político de un Estado era a su vez quien representaba en la tierra y ante sus súbditos un poder celeste, venido de lo alto que legitimaba su dirección política sobre el conjunto de la comunidad. Era así como el César era no sólo un jefe político, sino que su poder estaba revestido de un carácter sagrado y sobrehumano que le investía de soberanía. Evidentemente esto implicaba que el poder político se encontraba unido a una determinada confesión religiosa común para todos los integrantes del Estado, y que era justamente la que daba legitimidad a las estructuras y organización política de la comunidad. Era, por así decirlo, la figura que hacía de puente entre este mundo y aquel otro, divino, del cual recibía su poder y legitimidad.

Sin embargo, esta distinción entre autoridad espiritual y poder político, o más bien, esta división, no es conocida en Asia, y mucho menos en Oriente. Así, es muy común que algunos países islámicos la máxima autoridad política sea un integrante de la comunidad religiosa, como ocurre en Irán.

Por el contrario, el caso de Turquía es particular, no sólo porque oficialmente sea un país con mayoría musulmana, sino porque existe esa separación entre lo que hoy los modernos llaman religión y política que apareció primeramente en Europa. Esto fue así tras la caída del Imperio Otomano y la instauración por parte de Atatürk de la actual República de Turquía, en la que se estableció la separación ya señalada.

Las reformas impulsadas por Atatürk significaron la creación y consolidación de Turquía como Estado moderno, y simultáneamente la modernización del país equiparándolo en cierto modo a sus vecinos occidentales. En la práctica supuso la occidentalización del país y el alejamiento con respecto a sus orígenes y raíces tradicionales.

En cierto modo esta gran modernización de Turquía como país y su equiparación a los demás países del área occidental sería la garantía de las potencias atlantistas, EE.UU., Israel y Reino Unido, para utilizar el territorio turco como base de operaciones durante la guerra fría y como zona geoestratégicamente vital para proyectar el control sobre los yacimientos de petróleo en Oriente Próximo y Asia Central. Así, Turquía se convirtió en un fiel aliado de los intereses americanos orientando su política exterior en claro respaldo de las potencias atlantistas. Aún hoy sigue constituyendo un enclave fundamental para el despliegue de tropas y la proyección del poder aéreo americano sobre Oriente, habiendo sido fundamentales las bases emplazadas en aquella zona de cara a los bombardeos sobre Iraq antes, durante y después de la última guerra del golfo.

La emergencia de grupos islámicos, tanto moderados como más o menos radicales (estos sin demasiada presencia política), pone nervioso a aquellos que están más interesados por que Turquía siga siendo un país laico y claramente alineado a la política internacional de Occidente, y consecuentemente a los intereses del eje Washington-Londres-Tel-Aviv. De ahí que no les haya bastado con el reciente comunicado por parte del ejército turco acerca de la secularidad de la República, sino que aún han desplegado todo su aparato organizativo existente en Turquía para movilizar a los sectores más pro-occidentales para mantener el vigente statu quo.

Se trata de un país muy occidentalizado en lo social, económico, político y cultural, en el que la población está deseosa por alcanzar el sueño occidental que les vende la publicidad, todas las ventajas que le atribuyen a vivir dentro de un sistema occidental en el que poder realizar todas esas fantasías de un estilo y forma de vida plenamente "avanzado": progreso económico, bienestar material, crecimiento, etc..., y por todo esto no están dispuestos a que se interponga por el camino quien pueda obstaculizar semejantes aspiraciones.

Parece que estamos asistiendo a una especie de revolución naranja pero a lo turco, en la que los EE.UU. por medio de las ONG's que tiene desplegadas en el país está realizando presión para evitar que la política exterior turca se pueda ver alterada y menoscabe sus intereses en la región. Esto, por el momento, no es más que una demostración de fuerza para hacer valer su posición y poder.

Es muy posible que todo siga como estaba, pero sin duda comenzarán a profundizarse las divisiones internas en Turquía entre quienes disienten de la línea pro-occidental del país y quienes tienen muchos intereses en juego en Occidente, actuando desde dentro de Turquía como fieles y leales colaboradores de los EE.UU. y el stablishment.

Sólo cabe desear el fracaso de las pretensiones americanas en la región y que Turquía pase a asumir una política propia e independiente a la del atlantismo, aquella por la que asuma su compromiso real por la desmantelación del mundo unipolar que hoy tiene instaladas innumerables bases militares sobre suelo turco, y por ello un retorno definitivo a sus tradiciones culturales y espirituales.

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Domingo, Avril 29, 2007

BREVE BIOGRAFÍA DE ERNST JÜNGER

 

Escritor alemán y personaje polémico, Jünger ha sido uno de los pensadores más sobresalientes del siglo XX. Puede considerarse que su obra abarca todo el proceso histórico del mencionado período, desde la clausura del siglo XIX al finalizar la Primera Guerra Mundial, hasta el nacimiento de un mundo globalizado al finalizar el milenio. Desde que en los años 50 entablara amistad con Albert Hofmann, el creador de la LSD, varios de los libros de Jünger versaron de forma directa o indirecta sobre las desvelaciones de la experiencia psicodélica.

En 1953, después de su primera experiencia con la LSD, escribió un pequeño relato titulado Visita a Godenholm, cuya publicación coincidió con el ensayo Las puertas de la percepción, de Aldous Huxley. Ambos ensayos marcan un hito en la aparición de los enteógenos en la escena del s. XX, pero con una diferencia: Jünger en ninguna de sus páginas mencionó la palabra droga, ni LSD, ni nada que se le pareciera. La reserva y la discreción ha sido la tónica general de los libros de Jünger sobre substancias visionarias, y nace del escepticismo de Jünger a aplicar el "café para todos" al tema de los enteógenos.

Su otro gran libro sobre el tema de las drogas es Acercamientos. Drogas y ebriedad -cuyo título usó Jünger para referirse a las aproximaciones a lo numinoso, al reino de lo espiritual-. Esta obra, en la que el autor acuñó el término psiconautas (navegantes del alma), expone las numerosas experiencias de Jünger con varios tipos de sustancias psicoactivas, tanto enteógenas como estimulantes u opiáceos. 

Pero la obra de este autor va más allá de lo puramente descriptivo de la experiencia psicodélica. Jünger, que ya en los inicios de su obra se sirvió de los sueños para validar los contenidos del mundo espiritual, con la validación de la experiencia espiritual ofrecida por los enteógenos siguió adentrándose en la dinámica de los reinos arquetípicos, edificando un pensamiento a partir de ello; en concreto su interés por los ciclos históricos, el papel de la técnica y por el devenir del alma humana.

Uno de los temas recurrentes que Jünger trató en varios de sus libros fue el final de la historia, y entre otras cosas de los infinitos procesos bélicos que han levantado cabeza a lo largo del siglo XX. Según nuestro pensador, la globalización de las comunicaciones -tanto físicas como medios de información-, invitan a este punto de la historia a la creación de un estado mundial, pero no entendiendo este como un estado totalizador, sino como una administración mínima para la gestión de los problemas comunes -como el medio ambiente, o las ansias de poder de recurrentes dictadores-, y dando libertad de acción a cada una de las naciones y pueblos en los temas particulares. 

Otro gran tema tratado en la obra de este pensador es la retirada de los dioses, o mejor dicho, la entrada en escena de los titanes. Según su visión, los antiguos cultos a divinidades, omnipresentes en las civilizaciones humanas, han sido substituidos en la cultura occidental por una concepción puramente mecanicista de la existencia, un proceso que ha desposeído de alma al mundo, velando la trascendencia y amenazando arrasar el espíritu humano y extender su poder de destrucción al mundo natural, hogar común de todos nosotros.

Jünger también recuerda que las sociedades humanas nacieron con el culto a los difuntos, y apunta que nuestra cultura es la primera en la historia que ignora el momento del tránsito. Así pues, en opinión de Jünger, nuestra civilización no puede ser otra que la del fin de los tiempos -o en todo caso, llevarnos sin solución de continuidad a un proceso de inflexión en el que una nueva concepción ha de nacer, esta vez representando una unión entre lo aportado por la ciencia y lo atesorado por los antiguos cultos religiosos-.

En varios de sus libros (Heliopolis, Eumeswil, La Tijera), con más optimismo o con menos, Jünger sitúa la experiencia visionaria como punto de inflexión de esta carrera de velocidad que no nos lleva a otra parte que a estamparnos contra el rígido muro de nuestra soberbia.

Su obra, polémica donde las haya, ha ido sobreviviendo a los avatares de la Historia gracias a la sedimentada lucidez con la cual ha vivido y dado cuenta, desde una posición personal siempre incómoda y delicada, de los acontecimientos que han ido marcando un siglo cargado de convulsiones de toda índole. Escribió entre otras obras, Acercamientos, La emboscadura, El libro del reloj de arena, Radiaciones (Vol. 1 Diarios de la Segunda Guerra Mundial), Radiaciones (Vol. 2 Diarios de la Segunda Guerra Mundial), Pasados los setenta I (Radiaciones Vol. 3), Tempestades de acero, La tijera, El tirachinas y El trabajador.

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Sábado, Avril 28, 2007

LAS ESCLUSAS DEL RECUERDO Y LOS ESTRATOS DE LA EXPERIENCIA

 

Las esclusas del recuerdo junto a sus rupturas impiden la existencia de una conciencia común entre las diferentes naciones, lo cual constituye una metáfora de Kosellek para explicar las diferencias de conciencia colectiva entre sociedades.

La conciencia colectiva se configura a partir de diferentes variables sociales y vivenciales, destacando en primer lugar la propia experiencia representada por los acontecimientos en los que se ven envueltas las sociedades, a lo que va estrechamente unido las condiciones de socialización, ya que determinan el tipo y la manera en que pueden realizarse las experiencias, condicionándolas y limitándolas al mismo tiempo. Por tanto, cada acontecimiento reunirá una serie de factores específicos que influirán a su manera en la conciencia colectiva.

Sin duda entre las disposiciones previas tiene una especial importancia la pertenencia a una determinada comunidad lingüística, ya que la lengua ordena las posibles experiencias a través de la articulación y la expresión que configuran y limitan la conciencia.

La conciencia religiosa, las propias cosmovisiones y los esquemas ideológicos son otras variables sociales que influyen en la formación de la conciencia colectiva, pues por medio de ellos los datos de la experiencia se clasifican, frenan y liberan. Se trata de predisposiciones que fundan un contenido de conciencia común.

En otro lugar se encuentra la pertenencia a una comunidad de acción política, entre las que destaca en primer lugar el Estado, ya que es el que funda la comunidad de acción política más importante. También existen otras organizaciones políticas como los partidos y asociaciones, además de las Iglesias, y cuya pertenencia da lugar a experiencias posibles y mentalidades comunes. En definitiva, este tipo de comunidades constituyen una serie de condiciones de carácter organizativo que delimitan el espacio de la conciencia, y suelen contar con sus propias tradiciones que preceden a la propia conciencia.

Las generaciones son otra de las variables sociales que influyen en la formación de la conciencia colectiva, pues la capacidad de impresión es distinta si la experiencia se ha dado en un período de la vida diferente en cada caso, cambiando el modo de recepción pero también la historia de los efectos.

El género y la familia desempeñan a su vez una función importante de cara a la construcción de la conciencia colectiva, y esto se refleja sobre todo en las guerras. Así, en la Primera Guerra Mundial la distancia entre el frente y el hogar era más fuerte, sin embargo en la Segunda Guerra Mundial se tendió a anular esta contraposición, por lo que los papeles respectivos entre uno y otro sexo no fueron muy diferentes.

Además de lo ya dicho se encuentra el criterio de clase y la estratificación social. La pertenencia a una clase social y económica lleva a configuraciones de la conciencia homogéneas, lo que pone al mismo tiempo de manifiesto las diferencias de percepción existente entre clases acerca de un mismo acontecimiento, y de igual modo el grado de actividad e implicación en el mismo.

Finalmente se encuentran los hechos bélicos, a partir de los que surge la memoria de la guerra, la cual produce consecuencias que actúan como filtro en la capacidad de los recuerdos para configurar la conciencia colectiva.

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Viernes, Avril 27, 2007

ANTI-INMIGRACIONISMO BARATO

 

Cada vez es más habitual que nos encontremos con un anti-inmigracionismo barato, aquel en el que el chivo expiatorio de todos los problemas es el inmigrante. Es el típico chauvinismo que desarrolla un discurso que se fundamenta en defender un estatus económico y social de clase ostentado por parte de la población nativa, frente a la supuesta amenaza que representan los inmigrantes.

Se identifica como causa y efecto de la problemática migratoria al propio inmigrante olvidando por completo los parámetros económicos de la estructura capitalista, y más concretamente aquellos que quedaron expresados por la dialéctica materialista.

El inmigrante que llega a Europa lo hace, generalmente, con unas expectativas muy equivocadas. Esas expectativas se basan en unas ideas preconcebidas que se han instalado como mentalidad y que responde principalmente al deseo de alcanzar un nivel de vida similar al existente en las sociedades occidentales.

El sistema capitalista ha introducido el sentimiento de culpa en la población para responsabilizarla de la explotación y robo organizado que se da en el resto del planeta, y que es siempre protagonizado por las grandes oligarquías económicas y la violencia estructural del sistema económico. Indudablemente esto implanta sobre la población una falsa representación del problema migratorio, presentándolo más como una cuestión humanitaria que como resultado de la práctica económica capitalista.

Es importante destacar que las formas de racismo predominantes en las sociedades capitalistas son resultado de la ideología hegemónica: el liberalismo, la cual desarrolla prolongaciones nacionalistas por las que promueve el enfrentamiento entre pueblos, de tal modo que la estructura económica y los intereses de la clase social dirigente se mantengan intactos.

La lucha de clases constituye el principal eje de conflicto que marca el problema de la inmigración, y que se concreta en las contradicciones económicas del propio sistema capitalista, en el que la clase explotadora requiere de mano de obra esclava para profundizar y mantener la estructura económica vigente.

La minoría económica que controla el poder político es consciente de que para evitar cualquier cuestionamiento de su estructura económica y sistema de intereses es necesario desviar la atención de las causas reales de la inmigración, y por lo tanto hacer del inmigrante un chivo expiatorio si este no asume la estructura de explotación establecida.

El capitalismo y la burguesía generan la ideología racista para enfrentar a los nativos y a los foráneos a través de una competición absurda entre ambos, en la que el Estado beneficia coyunturalmente a unos y perjudica a otros. A esto se le suman pretendidas contradicciones culturales y étnicas que azuzan la rivalidad, pero lo cierto es que todos consumen la misma cultura mundial hegemónica.

La ideología racista es dosificada desde el poder político en la medida en que esta garantiza cierto orden y paz social al reprimir cualquier contestación contra el sistema. Si el inmigrante no está de acuerdo con las condiciones laborales y económicas que se le ofrecen se le expulsa sin dilaciones. Es común que en los EE.UU. se produzcan motines entre los inmigrantes, los cuales son reprimidos violentamente por los mercenarios a sueldo de los grandes empresarios.

Sin embargo el racismo como discurso es graduado de tal forma que no espante a la población inmigrante, la cual es necesaria para que el sistema pueda subsistir.

La problemática real estriba en la designación correcta del enemigo, el cual se encuentra representado por el sistema capitalista y su organización política encarnada por el Estado y sus instituciones, a través de las que la clase económica dominante ejerce su coerción. A esto se une toda la superestructura cultural que se cimenta en los principios y valores de la modernidad: igualitarismo, individualismo, materialismo, cosmopolitismo..., justamente todo aquello que instala sobre la población aquella mentalidad que hace aceptable el sistema de explotación. Si un problema no se elimina de raíz este terminará reproduciéndose a sí mismo en el futuro.

Se suele apelar a identidades, a su defensa, pero ¿qué identidad?, ¿acaso queda algo que se pueda salvar de nuestras corruptas y decadentes sociedades modernas totalmente americanizadas?. ¿El botellón, las tiendas Zara, el fútbol de los fines de semana, las discotecas, las instituciones representantes de la opresión económica, la partitocracia?.

Existe una despersonalización generalizada que ha hecho del pueblo una masa, por eso hay que atacar a los principios que cimentan la actual era; el principal de todos ellos es el igualitarismo que supone el nódulo central del proceso de disolución creado por la modernidad, y que devalúa al ser humano a la condición de un simple número cuya única finalidad es su utilidad: el permanente consumo y la primacía de sus intereses ante todo.

Sin una revolución de los espíritus que restablezca un Orden superior de jerarquía y autoridad, que supedite el elemento económico a la función política y soberana, no hay posibilidad de reunir lo que ahora está disperso e integrar lo que hoy se disuelve. Pero antes que nada, hay que agotar las posibilidades del actual ciclo de decadencia empujando lo que está cayendo: cabalgar el tigre.

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Jueves, Avril 26, 2007

CON ELLOS O CONTRA ELLOS

La geopolítica es la rama de la ciencia política que estudia la parte activa que juega la geografía en la estrategia de política exterior de las potencias aplicado al dominio del espacio continental y oceánico.

La geografía constituye un factor determinante a la hora de organizar la visión del mundo que tienen los Estados en política exterior, en función de la cual desarrollan determinados proyectos políticos de diferente naturaleza.

Así, la mayor parte de la superficie terrestre del planeta se concentra en el gran continente Euroasiático, en el cual se desarrollan la mayor parte de luchas por el poder mundial. Quien controla el corazón de Eurasia, el espacio geográfico comprendido entre el Mar Negro y los Montes Celestes en China, es quien controla el mundo.

Es de este modo como Rusia ocupa en el gran continente Euroasiático una posición dominante sobre el Hearthland, abarcando a su vez una inmensa franja geográfica de este a oeste. Su política exterior ha estado siempre orientada hacia la búsqueda de una salida a aguas cálidas, ya fuese el Mediterráneo o el Océano Índico. Es en este sentido como ejerce su presión geopolítica en el continente mientras frena las pretensiones chinas que presionan con su gran masa demográfica en busca de una salida a las planicies siberianas.

Geográficamente nos encontramos con una clara oposición y antagonismo natural entre continentes: por un lado la gran masa Euroasiática, junto a su prolongación africana; y en otro lugar el continente Americano, situado en la periferia de la gran Isla Mundial.

Esta ubicación geográfica ha generado respectivamente diferentes proyectos políticos totalmente opuestos. Es significativo el hecho de que la disposición geográfica determina en gran medida la estrategia política, los intereses y los objetivos últimos de cada Estado. Por esta razón en muchas ocasiones se ha comentado que el Reino Unido de no haber sido un país insular nunca hubiera llegado a ser el Imperio colonial que fue.

Nos encontramos, entonces, con la existencia de potencias marítimas y potencias continentales. Las primeras desarrollan una política orientada a la colonización terrestre por medio de un dominio transoceánico. Su proyecto es fundamentalmente económico bajo la pretensión de expandir a todo el planeta el sistema capitalista, y por lo tanto hacer prevalecer los intereses de las plutocracias a las que representan.

Las potencias insulares, como EE.UU. e Inglaterra, constituyen el motor impulsor y máximos artífices de esta colonización mundial que representa la globalización, y que entraña la expansión ilimitada del sistema capitalista y la hegemonía de los intereses de una gran sinarquía internacional. El atlantismo representa la corriente geopolítica que establece el centro de poder mundial en el dominio de los mares y las rutas oceánicas, y más concretamente sobre el Océano Atlántico en las relaciones entre EE.UU. y Europa Occidental.

La globalización como realidad ha supuesto la implantación a escala mundial de una estructura de explotación, pero simultáneamente también el establecimiento de una cultura mundial emanada del mercado, de carácter cosmopolita, individualista y materialista, y que inevitablemente tiende a realizar la homogeneidad entre todos los pueblos.

Las potencias marítimas están controladas por intereses de oligarquías económicas, plutocracias, grandes corporaciones, lobbys de todo tipo... El caso más paradigmático lo constituyen los EE.UU., donde es el lobby judío-sionista es el que controla el poder político y económico, orientando las actuaciones de este país en política internacional de tal forma que favorezca al ente sionista israelí.

EE.UU. e Israel constituyen los principales enemigos de los pueblos, siendo EE.UU. el máximo artífice, impulsor y patrocinador de la globalización, la cual ha dado lugar a un mundo americanizado y occidentalizado.

Por el contrario, las potencias continentales a lo largo de la historia han fundado sus proyectos políticos en una primacía del poder político sobre el elemento económico, a lo que va unido la búsqueda de la unidad territorial con la que se asimila a los demás pueblos conquistados integrándolos en una nueva universalidad. Juntamente con esto, sus objetivos a largo plazo además de la unidad territorial a escala continental es la proyección de ese mismo poder continental sobre los océanos, hasta el punto de arrebatarle el control de las rutas transoceánicas a las potencias marítimas para sumirlas en un permanente aislamiento.

Los fundamentos de este proyecto político difieren sustancialmente de los representados por el atlantismo. De este modo el euroasianismo constituye la corriente geopolítica mundial que aspira a realizar la unidad territorial de la Isla Mundial Eurasia, que constituiría en definitiva la afirmación de unos valores basados en la jerarquía y la comunidad, y de carácter profundamente guerrero-autoritario.

La consumación de la unidad territorial del continente euroasiático supone en definitiva la fundación de una nueva universitas, la cual integre orgánicamente en una gran alianza a los diferentes pueblos integrantes de este espacio continental. Dicha alianza tiene una doble finalidad: la expulsión de la intromisión de las potencias marítimas de la Isla Mundial por un lado, y la consolidación de un proyecto civilizacional antagónico al atlantismo que se funda sobre premisas opuestas, y que encarna unos principios de autoridad y jerarquía, con la primacía del espíritu y la idea sobre la materia y lo económico.

Hoy como ayer Tierra y Mar se enfrentan entre sí, concepciones del mundo antagónicas afloran para desencadenar una conflagración de dimensiones cósmicas. Eurasia constituye la respuesta real y contundente a la globalización, y frente a ella nos encontramos el atlantismo dirigido por el sionismo internacional y materializado por los EE.UU. en conjunción con Reino Unido, propagadores del igualitarismo y la uniformidad mundial entre todos los pueblos de la tierra: con ellos o contra ellos.

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Miércoles, Avril 25, 2007

¿QUÉ ES EUROPA?

"Europa es una vieja zorra que se ha prostituido en todos los burdeles y ha contraído todas las infecciones ideológicas (desde las revueltas medievales de las comunas a las de las monarquías nacionales antiimperiales; del iluminismo al jacobinismo, la masonería, el judaísmo, el sionismo, el liberalismo y el marxismo). Una puta, cuyo vientre ha concebido y engendrado la revolución burguesa y la revuelta proletaria; cuya alma ha sido poseída por la violencia de los comerciantes y la rebelión de los esclavos." Giorgio Freda, La Desintegración del Sistema

Las palabras de Freda hablan por sí mismas acerca de lo que realmente es y representa Europa, una Europa hebraizada y dominada por el sionismo internacional con sede oficial en Washington y Tel-Aviv.

Pero parece mentira que aún hoy, tras casi 40 años después de esta afirmación, aún exista quien tenga el coraje de seguir hablando de Europa y proyectos pretendidamente europeístas cuya base sería un etnicismo bastante rancio de segunda hornada. Sí, es la consigna identitaria de quienes reformulan las premisas ideológicas del Nacional-socialismo pero de una forma bastante chusca y cutre.

Nos referimos a la Europa de las etnias y las regiones que los autodenominados identitarios promueven, y que se fundamentaría en la diversidad étnica de Europa.

Resulta bastante chocante que tras 1945 estas formulaciones se intenten reciclar a través de un nuevo discurso contra los Estados nacionales, que sin embargo en el Nacional-socialismo es mucho más franco y sincero dadas sus bases ideológicas y filosóficas: la unidad de la raza blanca.

Esta deriva identitaria ha dado lugar a un discurso etno-nacionalista con el que se quieren reivindicar y revalorizar ciertas identidades perdidas y relegadas al folklore popular de las festividades, o peor aún, que han sido encerradas en el baúl de los recuerdos de los museos históricos. Es un discurso regresivo en la medida en que su verdadera dimensión y alcance se encuentra en el ámbito estatal, en una dialéctica de enfrentamiento con el Estado-nación, lo que lo encierra en un marco provinciano carente de una dimensión más amplia que es el de las "patrias carnales".

Además de esto el discurso identitario asume en muchos casos el discurso de los nacionalismos periféricos en un intento por reivindicar la identidad de estos pueblos frente al jacobinismo, pero sin querer arribar a Estado-nación, lo cual resulta absurdo porque ello no constituye un proyecto político.

Así, es significativo que al nuevo etnicismo se le quiera dar un carácter cultural para intentar distanciarse de sus evidentes orígenes ideológicos que se encuentran en el Nacional-socialismo, el cual hacía hincapié en la cuestión de la herencia y de los orígenes comunes (que también se encuentran presentes en el discurso identitario pero complementados y solapados otros elementos).

Un discurso de estas características carece de sentido en un mundo globalizado, y en el que es preciso y conveniente desarrollar una lucha en el plano espiritual, aquella que ataque a los principios sobre los que se fundamenta la era moderna. No hacer esto es profundizar aún más el proceso de disolución y decadencia generalizado.

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LA CIVILIZACIÓN SE MIDE POR SU CONSUMO

El hombre se mueve por la necesidad, es la que le impulsa a realizar determinadas cosas para suplir sus necesidades. Es la necesidad, en el fondo, la que condiciona la vida de la persona, ya que esta se ve obligado a satisfacerla.

En los comicios del capitalismo la riqueza de un individuo se medía por su salario, aquellos ingresos que tenía junto a sus propiedades, todo esto le situaba dentro de una clase social a la que pertenecía.

Con el advenimiento de la era comercial y la expansión mundial del capitalismo, el mercado ha adquirido unas dimensiones colosales tanto en extensión (pues abarca todo el planeta) como en volumen. Se produce para el mercado, al cual acuden las masas para hacerse con bienes y servicios de todo tipo. El sentido y la finalidad de la producción masiva a escala global es incrementar de forma ilimitada los beneficios del gran capitalista.

La organización de las formas de trabajo en los medios de producción viene determinada por los intereses de la clase capitalista, aquella que tiene en su poder los medios de producción y somete a los trabajadores a unas condiciones de explotación en la que su fuerza productiva no está remunerada. Cada vez con más frecuencia es difícil llegar a fin de mes, por lo que apenas se produce ahorro.

El poder adquisitivo en las sociedades capitalistas modernas y avanzadas ha ido disminuyendo con el paso del tiempo al no aumentar los salarios de la misma forma que lo hace la inflación. Esto lleva cada vez más a un progresivo endeudamiento al incrementarse la demanda de créditos para el consumo.

Las condiciones de explotación se incrementan y profundizan hasta cierto punto, ya que es necesario que existan recursos para generar el consumo de lo producido de tal manera que no se de las crisis de superproducción que estudió en su tiempo Karl Marx. Es así como la civilización comienza a medirse por su consumo en esta era comercial, y el tanto tienes tanto vales ha perdido su vigencia, pues el valor del individuo está en función de la capacidad de consumo que este tenga, la cual se incrementa más allá de los ingresos ordinarios con los que pueda contar al recurrir con mayor frecuencia a los créditos.

Todo cuanto se produce es preciso que sea consumido, es por esta razón por la que el sistema capitalista requiere que las masas, pese a vivir en unas condiciones de explotación económica y laboral, tengan acceso al consumo de la producción ofreciendo facilidades financieras de diverso tipo con la proliferación de los microcréditos, lo cual supone en última instancia un incremento de la esclavitud del hombre en su dependencia hacia el dinero y finalmente esclavitud que se refleja en tener que dedicar sus ingresos para pagar la deuda e intereses contraídos con un banco.

Se inducen necesidades artificiales en el ser humano para que este consuma, se le hace desear por medio de la publicidad basura que no necesita, se le introducen valores y una mentalidad estandarizada acorde con las exigencias económicas del mercado. Se convierte en un consumidor esclavo de la publicidad y de los ideales comerciales, su valor se mide por su consumo, y cuanto más lo haga mejor. Se trata ya de los dientes de una inmensa rueda que lo aprieta y comprime, que alimenta al sistema económico.

Esto lleva a una completa alienación, se trabaja para consumir y se consume para trabajar. Compra el coche para ir al trabajo y va al trabajo para pagar el coche. El propio empleo se ha convertido a su vez en una forma de consumo. Es el consumo lo que importa, porque en la medida en que se compran más y más cosas se engordan las cuentas de las multinacionales, de la banca y de las plutocracias internacionales: ese es el único fin del hombre.

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Martes, Avril 24, 2007

RACISMO DE DERECHAS Y DE IZQUIERDAS

Es muy habitual oír la típica acusación de racismo en los medios, en la sociedad, en política, en cultura, etc., pero actualmente no se tiene ni la más clara idea de lo que realmente significa el racismo ni tampoco cuáles son sus formulaciones ideológicas actuales, lo cual prueba que se ha convertido más en un adjetivo descalificativo, un insulto, más que en un concepto definitorio.

Por principio, el racismo constituye una corriente de pensamiento que tiene sus orígenes contemporáneos en la ilustración, el cientificismo y el cosmopolitismo. En determinados momentos ha adquirido diferentes expresiones, tanto ideológicas y culturales como científicas, pero lo que es común a todas ellas es la negación del "otro" por el mero hecho de ser diferente en base a un falso prejuicio moral de superioridad, o por un supuesto antagonismo intrínseco. El efecto de este rechazo es la completa homogenización, ya sea a través de la asimilación del "otro" o por medio de su destrucción.

Así, en nuestros tiempos nos encontramos con dos formulaciones diferentes del racismo: un racismo de derechas por un lado, ligado a expresiones nacionalistas; y un racismo de izquierdas vinculado al mestizaje y al cosmopolitismo.

El ser humano está compuesto de tres elementos dispuestos jerárquicamente de forma descendente, de lo metafísico a lo material: espíritu, alma y cuerpo. El espíritu constituye el elemento puramente metafísico, y sin embargo el alma y el cuerpo serían los componentes más materiales del ser humano. En función de esta tricotomía en cada ser humano predomina uno de esos elementos, ya sea el corporal, el psíquico o el espiritual, y por extrapolación esto sería a su vez aplicable a las sociedades.

En el mundo tradicional ha sido el espíritu lo que ha organizado los otros dos elementos, pero con el advenimiento de la modernidad han pasado a tomar su primacía aquellos componentes más materiales en el hombre.

El racismo, como fenómeno moderno, siempre apelará a esos componentes materiales a los que supeditará el componente espiritual. Por esto siempre carecerá de sentido defender e incluso inventar una identidad que es reducida a premisas materiales, y por ello a aspectos puramente externos y generalmente folklóricos: lengua, historia, raza, religión, cultura...

De nada sirve tampoco reivindicar una pretendida identidad si ello no va respaldado por un proyecto revolucionario, transformador en lo moral que constituya un cambio en el orden socio-político y económico de acuerdo con las premisas de Espíritu, Jerarquía y Comunidad. La identidad se convierte así en un cascarón vacío al constituir un conjunto de formas carentes de contenido, estableciéndose un conjunto de externalidades como único criterio diferenciador entre los hombres.

Es un error considerar la cultura, la lengua, la historia, la raza y cuantos otros rasgos distintivos que pueda existir entre pueblos como un fin en sí, por cuanto su única función es ser el medio formal a través del que un principio superior, de orden metafísico, se manifiesta. Este principio superior es la Tradición, la cual se adecua a la mentalidad y a las disposiciones concretas de cada comunidad.

El papel fundamental que juegan los factores externos de una comunidad junto a su revalorización, constituye el soporte de todo nacionalismo exclusivista, aquel que da por sentado que las diferencias existentes entre pueblos abocan de manera irremediable al conflicto entre estos. Esto lleva a la negación del "otro" y a su completa eliminación o sometimiento.

En otro lugar nos encontramos con el racismo de izquierdas, aquel que promueve la universalización de los valores y las formas occidentales, y la consecuente homogenización de la población mundial en torno a la cultura única del mercado y los derechos humanos.

Se trata de una corriente igualmente racista que aboga por la supresión de las diferencias que puedan existir entre los pueblos, integrándolos todos en una cultura única de origen económico. Es el cosmopolitismo liberal-burgués el que genera la identidad a partir del referente cultural que ofrece el mercado y la publicidad, cogiendo un poco de todas partes e integrándolo en un modelo único y universalista. A esto se le suma la promoción del mestizaje y de un falso multiculturalismo que favorece un mayor desarraigo y la desaparición física de las comunidades en una masa informe, gris y homogénea.

El fondo de la cuestión resulta ser la despersonalización que se ha dado en nuestra era por causa y efecto del supercapitalismo mundial y la globalización, habiendo quedado todos reducidos a meros consumidores, números de estadísticas comerciales. Todos los hombres han terminado asumiendo las mismas pautas de comportamiento, las mismas actitudes y el mismo referente cultural que les establece las mismas metas sociales. Se tiende así, en lo que se hace, a una homogeneización brutal, a lo que se le une aquella otra que promueve el mestizaje y el cosmopolitismo.

Las únicas diferencias y particularidades que quedan a día de hoy son de carácter puramente biológico, y que con el paso del tiempo se van diluyendo en el desenfrenado rumbo de los acontecimientos en una progresiva mezcla de todos con todos. Pero tampoco el soporte biológico constituye una trinchera desde la que desarrollar una lucha directa contra la mundialización, ya que ha perdido su valor por causa de los valores y cultura hegemónica.

La identidad no es un fin en sí mismo, sino un medio en tanto en cuanto constituye el soporte físico y material a través del que hacer presente y manifiesto un orden trascendente, aquel que verticaliza la vida del hombre y la sociedad, organizándolo en un todo común. Aquello que es eterno, que no está sujeto al cambio y que por ello siempre permanece es lo que debe constituir el referente y fundamento de toda lucha antimundialista que conduzca al restablecimiento de dichos principios superiores. La identidad, como tal, está sujeta al cambio, a la evolución, a una permanente actualización en el tiempo, y en condiciones normales se ve sometida y organizada por ese principio espiritual y metafísico superior que le da estabilidad, plasmando sobre la existencia una particular idea de justicia y sacralidad.

Así pues, la identidad no tiene un valor absoluto al ser el medio por el cual expresar una realidad superior que se resume en: Espíritu, Jerarquía y Comunidad.

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Lunes, Avril 23, 2007

YELTSIN Y LOS RESCOLDOS SIONISTAS EN RUSIA

Se ha muerto Yeltsin, con 76 años y aquejado de problemas cardiovasculares. Con él se han ido parte de los rescoldos históricos de la corriente neoliberal y pro-occidental en Rusia, aquella misma que prometía democracia, libertad y bienestar generalizado para todos pero que justamente demostró lo contrario.

Fue Yeltsin quien terminó la obra emprendida por el internacionalista y pro-occidental Gorbachov, desmantelando de forma definitiva la Unión Soviética. Fue el mismo presidente que se rodeó de la vieja camarilla de la nomenclatura soviética, agentes parasitarios de la antigua estructura política del PCUS y perteneciente al lobby sionista que había desde tiempo atrás en la URSS. Fueron los mismos que con la transición saquearon Rusia, dejándola en la ruina, debilitada, fragmentada, y a su población tremendamente empobrecida, con hambrunas, paro, superinflaciones, descenso generalizado de la esperanza de vida...

Esta camarilla son los Berezovsky y demás ralea que ahora se encuentra en el exilio, grandes magnates que compraron inmensas empresas públicas de sectores económicos estratégicos, especularon con ellas para luego revenderlas y forrarse. A esto hay que sumarle el estrecho control que tuvieron sobre Yeltsin a la hora no sólo de emprender una política neoliberal de privatizaciones, endeudamiento, etc..., sino también a la hora de robar todo el dinero que llegaba del FMI para intentar inyectar capitales a la maltrecha economía rusa que había sido succionada por la labor parasitaria de estos indeseables.

Yeltsin no fue más que el pelele del lobby sionista en Moscú, un pelele que por lo demás sabía hacer bastante bien el payaso en sus habituales salidas de tiesto durante cumbres internacionales y en actos públicos, a lo que se le suma su increíble adicción al alcohol, lo que prueba la desfachatez y falta de sentido de un borracho que llevó a Rusia a una situación peor a la que se encontraba inmediatamente antes de haberse fundado la Unión Soviética.

Todos tienen cuentas bancarias multimillonarias en Suiza y Tel-Aviv. Muchos, acogiéndose a sus orígenes judíos adoptaron la nacionalidad israelí y se refugiaron en Israel, otros pidieron asilo en países occidentales como es el caso de Gran Bretaña. Todos, sin excepción, contribuyeron a la ruina de Rusia durante el período de Yeltsin, y son ahora los mismos que quieren derrocar por la fuerza a Putin, el mismo que les cortó las alas y les mandó a un exilio sin posibilidad de retorno a la tierra patria.

Yeltsin representa para Rusia uno de los períodos más oscuros y siniestros de su historia, marcado por toda clase de arbitrariedades, de saqueos, desfalcos, robos, empobrecimiento, la aparición de mafias por todas partes y el paulatino debilitamiento de Rusia como potencia mundial, siendo neutralizada durante los años de su mandato en los que firmó innumerables tratados y acuerdos internacionales en los que promovió el desarme de Rusia dejándola indefensa ante sus enemigos, al tiempo que su economía se desmoronaba por momentos mientras unos parásitos le chupaban la sangre al pueblo ruso.

Las promesas que los liberales, demócratas y pro-occidentales hicieron al pueblo ruso se demostraron totalmente falsas, el pueblo ruso dejó de creer en ellas y terminó convencido de que el sistema democrático resulta el gobierno de una minoría económica sobre el resto del pueblo, lo que ha merecido un profundo y generalizado rechazo entre los rusos hacia este sistema de explotación y robo organizado. Y es, también, el motivo por el que en Rusia estos elementos exiliados no cuentan con ningún apoyo relevante más que el de grupos marginales y elites neoburguesas que quieren acceder al control del poder político.

Yelsin murió, y esperemos que con él se haya ido de forma definitiva cualquier posibilidad de volver a una situación semejante a la que llevó al país; sin embargo resulta una lástima, y ello hay que lamentarlo, que no hubiera sido sentado en un tribunal popular para su correspondiente enjuiciamiento por traición al país y toda clase de delitos cometidos durante su mandato. Por ahora solo nos queda esperar a que su vieja camarilla de la antigua nomenclatura, reclamada por la justicia rusa, sea juzgada y encarcelada, y con ellos todos los agentes involucrados en la conspiración atlantista contra Rusia y el mundo entero.

Posted by Emboscado at 23:42:23 | Permanent Link | Comments (0) |

EL TRIUNFO DE SARKOZY: LA DERECHIZACIÓN DE SU DISCURSO

El candidato gaullista a la presidencia de la República Francesa ha sido el ganador en esta primera ronda, por lo que se verá las caras con Ségolène en la próxima vuelta.

Le Pen ha sido el gran derrotado consiguiendo los peores resultados desde la primera vez que se presentó como candidato en 1974, lo cual pone de manifiesto que el más de 30% de votos conseguidos por Sarkozy responden en gran medida a la derechización de su discurso político, lo que ha permito en gran medida arrebatarle votos al FN y neutralizando a Le Pen.

Royal por su parte ha logrado aglutinar a parte del electorado de la izquierda, pero en cualquier caso no lo suficiente como para equiparar su resultado al obtenido por el ex-ministro del interior Sarkozy, quien le ha llegado a sacar 5 puntos. Por esto mismo dependerá en gran medida de los electores del candidato centrista que ha obtenido un 18%, los cuales dado el caso podrán determinar para quién será la presidencia de la República.

Nicolas Sarkozy puso toda la carne en el asador y no dudó en apropiarse de ciertos temas que eran del FN, tales como la inmigración o la seguridad. Ségolène por su parte recuperó los símbolos patrióticos del país como la bandera y el himno, lo que prueba, a nivel general, la influencia política del discurso de Le Pen que ha terminado calando en gran parte de la población y, sobre todo, en la política francesa.

Un confiado Le Pen que esperaba pasar sin dificultades a la segunda vuelta ha recibido un fuerte espaldarazo por parte del electorado, alcanzando un 10% de los votos. Sin duda Le Pen tocó techo electoral en 2002, y estas últimas elecciones han constituido su muerte política y le tocará dejar paso en la dirección del FN a otro candidato que sepa renovar el discurso de la extrema derecha para remontar puntos para las próximas presidenciales.

En cualquier caso Le Pen puede darse por satisfecho por una simple razón, aún sabiendo en el fondo que no iba a ganar nunca las elecciones presidenciales (la realidad objetiva es así de cruda para él), ha conseguido que los temas propios de su discurso hayan sido asumidos por el candidato gaullista N. Sarkozy, hecho notablemente reconocido, lo que en cierto modo permite, indirectamente, llevar a la práctica parte de las propuestas realizadas por el FN.

La segunda vuelta electoral va a estar al rojo vivo en una pugna por la conquista de la presidencia. Muchas promesas irrealizables, mayor despliegue propagandístico por ambas partes y un discurso aún más populista por parte de Sarkozy y al mismo tiempo conciliador. Ségolène por su parte intentará captar al electorado del centrista Bayrou, y simultáneamente a quienes se encuentran a su izquierda lanzando un mensaje mezquino lleno de promesas de justicia social, reformas y democracia participativa.

Todo el mundo habla de una VI República, la refundación de Francia, un cambio importante lleno de reformas en las estructuras del Estado..., pero ninguno de los candidatos favoritos hará nada que no haya podido hacer ya en el pasado en los cargos directivos que ocuparon.

Lo que no dejará de ser curioso es el surgimiento de una marea royalista en la República francesa, lo que en cierto modo sonará a unos viejos aires pre-revolucionarios pese a que la candidata vaya de socialista (realmente se trata de una liberal con disfraz progre).

Desgraciadamente no existe mal menor ni nada por el estilo (lo de elegir el veneno con el que suicidarse no deja de ser una vulgar estafa), Francia ha caído en la peor de las desgracias, la de tener que aguantar una paulatina y progresiva ruina económica en la Seguridad Social, un estancamiento y retroceso del crecimiento económico, el aumento del paro, la pérdida de poder adquisitivo, una mayor precarización del empleo... Porque salga quien salga gana el CAPITAL.

Probablemente, después de todo esto, termine ganando Sarkozy, el favorito de los sectores de la derecha francesa y de gran parte del neoliberalismo galo, además de caer especialmente simpático también al sionismo internacional, con el que está emparentado con algo más que lazos de sangre... Así que terminaremos viendo una Francia más conciliadora con los EE.UU., menos ambiciosa y comprometida en el proceso de integración de la Unión Europea y claramente favorable a los intereses del ente sionista de Tel-Aviv.

Posted by Emboscado at 00:27:18 | Permanent Link | Comments (0) |
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