Martes, Junio 26, 2007

LA CONJURA BILDERBERG

 

Entrevista a Daniel Estulin publicada en «La Vanguardia» el 21 de enero de 2007.

Daniel Estulin: Tengo 40 años. Nací en Rusia y he vivido en Canadá e Italia. Soy experto en comunicación e investigador: desde hace 15 años investigo las actividades del secretista Club Bilderberg. Prefiero no comentar si tengo pareja o hijos, por seguridad. Soy ateo y soy demócrata constitucionalista: contra eso trabajan los "bilderbergs", que pretenden un mundo global y esclavo.

Estulin es un tipo asombroso: para cualquier suceso de la política, economía o cultura del último medio siglo tiene una explicación conspirativa. ¿Quién conspira? Siempre los mismos: los miembros de un exclusivo y poderoso grupo conocido ya como Club Bilderberg. Estulin lo explicó con brío y detalle en "La verdadera historia del Club Bilderberg", todo un best seller internacional, y abunda ahora en el asunto  en "Los secretos del Club Bilderberg" (Bronce), de nuevo un éxito editorial. La cosa es interesante, pues no es nada descabellado pensar que los poderosos de Occidente intentan coordinar estrategias a su favor, pero... ¿su beneficio implica siempre tu perjuicio? ¿Son ellos la única amenaza a tu libertad y bienestar? Pensemos.

- ¿Cuándo ha sido la última reunión del Club Bilderberg?

- El pasado mes de junio en Ottawa, Canadá.

- ¿De qué hablaron?

- De la burbuja inmobiliaria. Les preocupa que estalle. Por eso los grandes bancos están desinvirtiendo en el sector inmobiliario.

- Pues siguen dándonos hipotecas.

- ¡Para tenernos atrapados! Su propósito es dejarnos sin liquidez.

- ¿Con qué fin?

- Que seamos sus esclavos.

- Vivimos en sociedades democráticas, le recuerdo.

- La estrategia de los bilderbergs es laminar soberanías nacionales para gestionar el mundo como una empresa.

- ¿Así ve usted la globalización?

- Es el diseño que tienen trazado.

- Nadie detenta tanto poder para lograr lo que deseen sin oposición.

- Tienen muchas bolas en el bombo.

- ¿Y no disputan nunca entre ellos?

- Comparten la filosofía esencial, y en su reunión anual liman y coordinan aspectos. No dejan entrar a la prensa para que no conozcamos sus planes de dominación.

- Así... ¿cómo sabe tanto de ellos?

- Llevo 13 años investigándolos, y he conseguido tener algún topo.

- ¿Cuántos son?

- Son unas 130 de las personas más poderosas del mundo. Se reúnen cada año desde 1954 (ese año fue en el hotel Bilderberg, de ahí el nombre): presidentes de Estados y gobiernos, políticos de todos los partidos, presidentes de bancos y multinacionales, grandes empresarios... ¡todos contra el Estado-nación y a favor de la mundialización económica! En el núcleo duro están las familias Rockefeller y Rothschild.

- ¿Y alcanzan siempre lo que se proponen?

- Cada día hay más políticos entregados a ese proyecto de empresa mundial.

- Pero siempre habrá pensamiento libre, artistas, intelectuales...

- ¡También ahí opera Bilderberg! Respaldaron a los Beatles, por ejemplo: mediante la música podían influir en millones de jóvenes. ¡Así lo teorizó Adorno! Y así ha sido.

- Perdone, pero ¡los jóvenes escuchan la música que les gusta!

- No, no, nada es espontáneo. No crea que la EMI es una discográfica: ¡es una de las principales productoras británicas de componentes electrónicos militares!.

- La cultura pop, los hippies, la psicodelia, ¿parte del plan?

- Sí, forma parte del plan. Para desmovilizar a los jóvenes del activismo político. Ahora está la MTV: debilita las mentes juveniles, las aparta de la cultura clásica.

- Ya estamos: la tele es el demonio.

- La tele apela a la emoción e inhibe la razón. «No pienses: ¡siente!», es hoy el gran lema publicitario.

- ¿Qué lugar ocupan en este tablero los países árabes?

- Los dejan en manos de jeques que son peleles con petróleo. El peligro no son ellos, ni siquiera Bin Laden: ¡Bush sabe bien dónde está Bin Laden! Pero le conviene dejar que siga encarnando el rostro de la amenaza, y él se aprovecha de eso.

- ¿Y Rusia? ¿Y China? ¿Están en esta conjura mundialista?

- China tiene un creciente poder sobre la economía estadounidense. Y Rusia ha liquidado su deuda externa. ¡Son, pues, países libres!.

- ¿Le consuela? A mí me dan más miedo que EE.UU.

- Mire, usted y yo sólo somos dos microbios entre Godzillas.

- Y, ¿no será usted también una pieza más del Club Bilderberg?

- No. Si lo fuera encontraría editor en Estados Unidos. ¡Ninguno se atreve!.

- Pues aquí le publica Planeta, un grupo poderoso.

- Pero que no comparte la filosofía de los bilderbergs, no está en el club.

- Hace un año me predijo que Irán sería invadido, y no ha sido así.

- Pero el intento sigue vivo. También le dije que el precio del petróleo se dispararía, y así sucedió. Y volverá a subir. El 11-S fue tolerado, como Pearl Harbour, para justificar la conquista del petróleo en el planeta.

- Más nos valdría ir explorando otras energías.

- ¡La energía nuclear, por ejemplo! Pero, claro, eso proporciona poder e independencia a los países, ¡justo lo que no quiere Bilderberg! Por eso Bilderberg financia a Greenpace.

- Ve usted a Bilderberg por todas partes.

- Claro, piense, no sea ingenuo: Hugo Chávez, que tanto ladra, ¡le vende a Bush su petróleo! ¿Lo ve? Y ahí está el negocio de la droga, el más lucrativo del mundo: sus beneficios alimentan el sistema financiero, Wal Street, los bancos...

- ¿En qué banco ingresa usted los beneficios de su libro?

- En una caja local en la que puedo controlar qué hacen con mi dinero.

- ¿Le teme Bilderberg a usted?

- Soy molesto, pero a lo único que temen de verdad los bilderbergs es a una sola cosa: las movilizaciones populares, los pueblos levantados.

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Miércoles, Junio 20, 2007

LA DICTADURA DE LOS CRÉDITOS DE LIBRE ELECCIÓN

Es ampliamente conocido el hecho de que en las universidades españolas impera el sistema de créditos, aquel por el que hay que cubrir un cupo total de créditos en cada carrera para obtener el título, teniendo cada asignatura un determinado valor en créditos en función de las horas que le corresponden para ser impartida.

Existen créditos en función de los diferentes tipos de asignaturas que existen: troncales, optativas, opcionales, obligatorias, etc... Pero no basta con que el estudiante, para obtener el título, haya cursado todas las asignaturas de su carrera habiéndolas superado exitosamente, sino que por el contrario para poder llenar el cupo de créditos totales y de este modo licenciarse y conseguir su título, debe aún obtener otro tipo de créditos: los de libre elección.

A diferencia de los créditos que se obtienen aprobando las asignaturas, éstos deben conseguirse realizando cursillos y actividades de diferente índole por las que se van acumulando poco a poco dichos créditos. Evidentemente estas actividades no son gratuitas, sino que por matricularse en ellas es preciso pagar un precio que siempre es abusivo.

La dictadura del crédito de libre elección consiste en utilizar la necesidad del estudiante de contar con todos los créditos precisos para licenciarse y conseguir el título, a costa de hacerle gastar una importante cantidad de dinero en cursos que en la mayor parte de los casos sus contenidos no revisten el más mínimo interés, siendo lo únicamente importante el obtener los créditos y nada más.

Así, cada curso implica la convalidación de unos créditos de libre elección, los cuales se otorgan en función de las horas que consta dicho curso. Según el reglamento de cada universidad las horas por cada crédito pueden variar. Un ejemplo: en la universidad de Sevilla por 10 horas se concede 1 crédito, mientras que en la Universidad del País Vasco son necesarias 15 horas.

Sin créditos de libre elección no hay título. Lo lógico, como decimos, sería que el alumno al haber aprobado todas las materias de su carrera recibiera, por mérito propio, el título de licenciado o diplomado. Pero no, la situación es bien diferente, y el sistema de créditos impuesto constituye una forma de dominación con la que sencillamente robar al estudiante y a su familia importantes recursos económicos, que por lo general van a parar a los bolsillos de entidades privadas que se encargan de realizar y gestionar dichos cursillos por los que se ofrecen los créditos de libre elección, y cuyos desorbitados precios constituyen un abuso, llegando a cobrar 60, 80 y más de 100 euros por apenas uno o dos, siendo en la mayor parte de las carreras más de 25 el cupo total de créditos de libre elección que hay que cubrir.

Sólo hay una explicación a todo esto: sacar dinero. No contamos con una educación pública desde el momento en que esta debe ser pagada, a lo que para colmo se le une el parasitismo de entes privados que se aprovechan de este tipo de coyunturas para sacar partido económico de una necesidad, la cual deben sufragar íntegramente los estudiantes y sus familias al no contar con subvenciones o becas de ningún tipo.

La solución pasa por la completa nacionalización de la educación por la que ningún ciudadano tenga que desembolsar dinero por ella (a partir de la E.S.O. la educación deja de ser gratuita), y en lo que ataña a la educación superior universitaria la eliminación del sistema de créditos, que no es más que un artificio creado para el lucro de unos pocos a cuenta de la necesidad de muchos.

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Miércoles, Junio 13, 2007

LOS TITANES VENIDEROS

Los titanes, como figura mitológica, hicieron su aparición rebelándose contra la civilización de la Madre que imperó en la Edad de Plata y que nos es descrita por Hesíodo en la Teogonía. Esta raza de gigantes no reconocía ninguna autoridad superior de carácter espiritual, y representaba las fuerzas telúricas sobre las que se afirmaba a través de un conocimiento que le permitía su dominio sobre ciertas fuerzas invisibles de las cosas y los hombres, lo cual le permitió imponerse estableciendo así su Edad de Bronce que supuso el paso del tiempo mítico al tiempo histórico.

Fue la raza que rechazó a todos los dioses y cuya naturaleza caracterizada por el placer por la violencia salvaje, la pertinacia, la fuerza material y la superpotencia le terminaría llevando irremisiblemente al desastre, dando lugar de este modo a su completa desaparición. Sin embargo, con la rebelión titánica la tierra fue abandonada a sí misma siendo privada ya de cualquier conexión con lo divino, por lo que la vida sobre esta quedó desprovista de cualquier trascendencia, lo que ya anticiparía el advenimiento de la Edad de Hierro o Edad Oscura. El origen del cambio, o más bien la agencia, ya no se situaría más desde entonces en el dominio de lo sobrenatural, aquella dimensión desde la que se modelaba el destino de cuanto es en la tierra, sino que descendería a esta y los protagonistas del cambio serían otros.

Los titanes, como dominadores de las fuerzas elementales, eran poseedores de un conocimiento acerca de la materia para el que únicamente contaba su aspecto meramente potencial con el que ponerla en movimiento. Así, la técnica es de clara naturaleza titánica en la que el aspecto mágico de la misma se plasma en la movilización de las potencialidades existentes en la materia, confiriendo de este modo un poder desmedido que constituye una carga demasiado grande y pesada que excede las capacidades de quien la soporta, como así ocurría con los titanes.

Platón aludió en varias ocasiones a la naturaleza titánica del hombre, aquella por la que este se afana por querer asumir una tarea demasiado grande para él y que va más allá de sus posibilidades. Ello no distará mucho del propio mito de Hesíodo, en el que se describe cómo Prometeo, un titán, moldeó e hizo al hombre a su propia semejanza a partir de barro cocido y arcilla. Pero la naturaleza titánica del hombre sería puesta de manifiesto por otros autores a lo largo de la historia; tal es el caso de Goethe quien reformularía dicha naturaleza en clave fáustica, labrando de este modo un nuevo mito que no dejaría de hundir sus raíces en los manantiales de la Tradición antigua. El mismo superhombre de Nietzsche no dejaría tampoco de ser también una reformulación superhumanista de la naturaleza titánica del hombre, pero en este caso sobredimensionada en la metahistoria por medio del mito del eterno retorno.

El mundo de la técnica es el mundo de los titanes en el que el tiempo adquiere un carácter mecánico, lineal y continuo, un tiempo muerto e inorgánico que supone la primacía de lo fugaz, de lo efímero y lo volátil. Se impone así el automatismo generalizado de la técnica que viene regido por la máquina, por lo que todo tiende al máximo de organización en la búsqueda de un continuo e infinito perfeccionamiento. La racionalidad que se le atribuye es mera ilusión, a la técnica le guía una voluntad ciega e irracional que constituye su motor.

El tiempo titánico, es entonces, infinito, lo cual nos transmite ya de por sí una idea de lo que puede abarcar la eternidad. Sin embargo, la revolución telúrica destruye cualquier estabilidad y duración, pone el mundo en movimiento utilizando para ello la potencialidad que albergan dentro de sí las cosas, reduciéndolas para ello a su aspecto puramente cuantitativo. La técnica es completamente devoradora, antropófaga si se quiere, a la que hay que alimentar constantemente para que continúe funcionando, es por esto que la máquina acapara más de lo que dona.

Los tiempos modernos han hecho triunfar la movilidad absoluta por medio de la técnica, lo que ha engendrado a su vez otra noción bien diferente del tiempo. Lo único que importa es el cambio, el movimiento incesante. La técnica ha roto de manera definitiva las barreras físicas del espacio-tiempo, estos murieron ayer por cuanto vivimos ya en lo absoluto, en un mundo donde impera la eterna velocidad omnipresente, donde el movimiento y las fuerzas cinéticas se hacen sentir en una progresiva aceleración de todo cuanto acontece, hasta tal punto que moldea nuestra vida y forma de existencia en este mundo, sometiéndonos a nuevos ritmos y rutinas, introduciendo en nosotros una nueva mentalidad en la que la velocidad cobra su primacía como factor determinante frente a otros, estableciéndose así como nuevo criterio. Vivimos ya en el mundo de la inmediatez.

La completa interconexión del mundo ha dado lugar a una desinstalación que ha difuminado cualquier concepción espacial, sometiendo al hombre a un eterno presente. El hombre, como ser abierto al mundo, es capaz de adaptarse ante nuevas situaciones que inicialmente ofrecen para él ciertos grados de incertidumbre, a lo que hay que añadir su propio espíritu fáustico que le impulsa hacia nuevas conquistas y a la ruptura de las barreras impuestas por la naturaleza, siendo capaz así de darse a sí mismo sus propias metas. Su naturaleza obstinada lo conduce a la búsqueda de nuevos retos y desafíos, y así hasta el infinito.

El impulso de la modernidad en este sentido ha sido fundamental, la tecnología ha engendrado unos ritmos dinámicos en los que el cambio y el movimiento son algo constante. El planeta se encuentra interconectado, lo que ha hecho posible la universalización del modelo de civilización occidental, pero al mismo tiempo se han creado espacios multicentrados e interconectados entre sí, en el que un problema que se produce en un punto concreto del planeta tiene su repercusión y efecto en el resto. Un sistema que al universalizarse ha dado lugar a una estructura en la que sus componentes están sumamente interrelacionados entre sí, y la alteración de uno produce un cambio en el resto, y por ende, en el conjunto del sistema.

Alzamos nuestra mirada más allá de lo que tenemos delante y nos vemos inmersos en una era de titanes. El hombre se enfrenta a la naturaleza, lucha y pugna contra ella para vencerla utilizando los medios que la ciencia y la técnica le proveen, una búsqueda por expoliar esos recursos limitados que alberga la tierra y de los cuales únicamente importa su carácter cuantitativo y material.

La técnica contribuye a vaciar de significado y contenido el mundo, al tiempo que implanta una Era dinámica que conduce a la completa disolución. Todo es equiparado en una misma dimensión cuantitativa que le permite movilizar el mundo y las fuerzas que en él residen, lo cual le provee de un poder que se acrecienta en una progresión geométrica; esto ya no es progreso, es una cosa bien diferente por la que todo tiende a la disolución al primar una noción del tiempo volátil, huidiza, que lo somete todo a una dinámica desenfrenada de permanentes cambios y transformaciones en la que nada permanece.

El reino de la cantidad impuesto por la técnica ha dado lugar a que esta se extienda a toda clase de ámbitos llevando allí también su propia dinámica de cambio continuo y movimiento desenfrenado, un eterno acontecer de nuevos sucesos que contribuye a que el cambio en su conjunto se acelere más todavía.

La técnica ha adoptado dimensiones descomunales, gigantescas, al incrementar su poder movilizador extendiéndose ilimitadamente en un eje horizontal en el que abarca simultáneamente la geografía planetaria y todos los ámbitos del conocimiento y de la vida. Pero de igual modo se ha producido un crecimiento vertical en cuanto a la dimensión de los recursos que es capaz de poner en movimiento de manera intensiva. Su capacidad se acrecienta mientras lo devora todo y va vaciando el mundo de recursos hasta agotarlos. El hombre ha abierto un agujero negro en el mundo, y ese no es otro más que la técnica.

El orden sistémico de la era tecnológica carece de un centro de poder, ya que por efecto de la equiparación cuantitativa que lleva a cabo sitúa todo a un mismo nivel en el que el igualitarismo engendra un mundo sin forma; únicamente existen nódulos que conectan todo con todo en una vasta red por la que fluye energía, materia e información. Con su poder y fuerza arrolladora la técnica se ha adueñado de este mundo pasando a dominar al hombre y a moldear ella misma la historia. Su poder movilizador crece, y de igual modo aumenta la velocidad con la que se producen los cambios en el tiempo.

El nuevo mundo que ha surgido con la técnica y su domino ha dado lugar, a su vez, a la aparición de un poder abstracto que se difumina en las innumerables relaciones en red fruto de la interconexión planetaria. Las fórmulas se transmutan directamente en poder, evocando así una especie de conjuro mágico. Las relaciones de poder quedan entonces elevadas a una potencia superior.

Tal vez, por efecto de la propia técnica y por su dinámica interna, caminemos hacia la implantación de un Estado mundial regido por ésta, fruto de la exigencia que ha generado el nuevo lenguaje mundial al que ha dado lugar, lo que implica alcanzar un mayor grado de organización del gran entramado que se ha implantado a escala global. Constituye por sí mismo una exigencia funcional de cara a evitar incompatibilidades, pero también para maximizar el grado de organización del sistema-mundo.

Por todo esto los conflictos a los que asistimos a lo largo y ancho del mundo no son más que el proceso de cambio, de transición, para la consolidación de un gran Estado mundial que implicará la aparición de los titanes venideros, aquellos que tengan como carga la labor de organizar y gestionar la estructura tecnoeconómica que se está instalando ya en todo el planeta, elite consagrada al perfeccionamiento del conjunto del sistema y al incremento ilimitado de su rendimiento. Tal vez esa enorme carga que llevarán consigo termine aplastándoles.

Pero es la dromología lo que expresa el signo de los tiempos en los que la velocidad ha pasado a ser, sin lugar a dudas, el máximo protagonista. Un mundo de velocidades que ha roto las barreras espaciotemporales ha instaurado la completa inmediatez, ha intensificado la interconexión a nivel general y ello ha propiciado que en un período de tiempo cada vez más corto se produzcan a su vez más y mayores cambios, acontecimientos y nuevas situaciones. Del mismo modo esto está contribuyendo al asentamiento definitivo del sistema-mundo que culminará su desarrollo con la instauración de un poder central y tecnocrático representado por el Estado mundial. 

La dromología es así la ciencia que estudia el efecto del dromos como acelerador del cambio y la variación siguiendo una progresión geométrica. Estos cambios se expresan a través de una constante precipitación acelerada de los acontecimientos que desarrollan, a su vez, una serie de fuerzas y dinámicas que aumentan el efecto acelerador. No se trata únicamente de que ocurran más acontecimientos en menos tiempo, sino que los propios cambios se dejan sentir antes en la propia sociedad y esta se ve sometida a una continua transformación que se incrementa y acelera progresivamente.

Un joven de 21 años en nuestro siglo XXI ha vivido muchos más acontecimientos en su corta vida que un campesino de 43 años en plena Edad Media. Los cambios y las transformaciones en la sociedad y en el conjunto del sistema son mayores y más rápidos, lo cual permite al hombre moderno vivir más acontecimientos en menos tiempo.

Sin embargo, la creciente aceleración de los acontecimientos termina acarreando serios problemas, ya que universaliza un modo de vida sometido a permanentes vaivenes, a un constante ir y venir, a un ritmo de vida agitado, inestable, con cada vez mayores incertidumbres y en el que prima la inmediatez para absolutamente todo, lo cual genera a un mismo tiempo frustraciones, ansiedades y diversas patologías. Pero lo más grave es la pérdida de sentido del propio mundo por causa de su carácter inaprensible para el ser humano, ya que el grado de complejidad que ha adquirido excede su capacidad de entendimiento por lo que lo sume en una situación de permanente desorientación. Juntamente con esto se encuentra la gran cantidad de información que recibe, la cual le impide a su vez entender qué esta sucediendo.

La vida del hombre, que se ve sometido a tantos cambios en tan poco tiempo a lo largo de su existencia, termina reduciéndose a una serie de instantes que han marcado su conciencia debido al grado de intensidad de los mismos, pero que generalmente se encuentran desconectados entre sí no guardando relación directa. Todo lo demás termina en un inmenso olvido. Y esto ocurre así en la medida en que el hombre moderno se encuentra cada vez más conectado con el sistema tecnológico, el cual le transmite demasiada información que es incapaz de ordenar y seleccionar; terminan quedando registrados su conciencia aquellos hechos que han generado en él un fuerte impacto, al tiempo que deja de existir cualquier conexión entre los diferentes acontecimientos que quedan registrados, lo que implica en última instancia profundizar más la pérdida de sentido y coherencia del conjunto del mundo. Es evidente que el hombre se da cuenta de que suceden cosas, pero cada vez se sabe menos qué es lo que realmente ocurre y cuál es su sentido dentro del mundo. Es aquí donde la técnica como instrumento de poder juega un papel crucial en la manipulación de las masas.

Todo pasa cada vez más deprisa, y los cambios son a su vez más inmediatos y bruscos, por lo que es la fuerza de los hechos lo que realmente lleva irremediablemente a cambiar la sociedad y las personas, orientándolas en un sentido más allá de su voluntad.

Vivimos en unos tiempos marcados justamente por las características de los titanes: el dominio material, la fuerza de los elementos, la violencia desmedida expresada a través de crecientes antagonismos y guerras totales, la superpotencia que provee la técnica y la obstinación del hombre moderno guiado por su espíritu fáustico en la búsqueda de más y nuevas conquistas. Sin embargo, el gran desafío de esta Era no es otro más que sobrevivir a largo plazo, si no es capaz de ello sobrevendrá su ruina, pero la diferencia con respecto a civilizaciones e imperios anteriores estriba en que su ruina será mayor que todos ellos juntos por tratarse de un sistema que ha llegado a mundializarse.

La agencia ha seguido un proceso descendente desde el mundo sobrenatural hasta llegar a los agentes colectivos, pero no se ha parado ahí, sino que ha bajado un peldaño más hasta llegar a la técnica y el dominio de los elementos, porque a esta solo le importa el poder de la materia, de ahí su inusitado interés por experimentar con ella y lograr nuevos avances que caminen por la senda de su autoperfección, que no es más que el camino que lleva al completo dominio de las fuerzas subterráneas hasta arribar al poder, un poder plutónico, ínfero y material que deviene en abstracto y casi inaprensible. La técnica se ha constituido así en verdadero motor del cambio.

En síntesis, podemos decir que la agencia ha descendido del Olimpo de los dioses, un mundo celeste, inmutable e imperecedero, para bajar hasta las profundidades del averno en el mundo telúrico desde donde los titanes venideros extienden poco a poco su poder, aquel que transforma y moviliza los elementos para establecer un mundo dinámico lleno de velocidades.

Sin duda este siglo en el que nos adentramos va a estar lleno de cambios, conflictos y pugnas, se nos anuncia un siglo lleno de grandes convulsiones, pero no menos cierto es por ello que el pasado es siempre eterno porvenir, tomando así pasado, presente y futuro su entera actualidad. En la medida en que todo se vuelve más complejo todo camina hacia el desorden, el cual es a su vez la tendencia general marcada por la segunda ley de la termodinámica que define y determina del destino último de una era titánica como esta, la cual, una vez haya culminado sus posibilidades a través del Estado mundial verá su propia debacle. El final está más cerca de lo que quepa imaginar, su propia dinámica interna que conduce su desarrollo implacable precipitará con gran rapidez aquellos mismos acontecimientos que le pondrán fin. Esto supone, en definitiva, la vuelta al origen, al punto de partida que siempre es de llegada, el mismo que sutilmente nos hace saber que toda decadencia es portadora de un nuevo renacer.

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Viernes, Junio 08, 2007

EL FRACASO ECONÓMICO DE LA UNIÓN SOVIÉTICA

Con este artículo se pretenden abordar las principales causas del fracaso económico de la Unión Soviética, las mismas que luego darían lugar a su posterior desintegración, lo cual servirá para poner de manifiesto la inconsistencia de la crítica neoliberal a un modelo político y económico que rompe con sus dogmas.

La Unión Soviética llegó a convertirse en una potencia mundial de primer orden gracias a la Gran Guerra Patria, la cual constituyó un estímulo lo suficientemente intenso y prolongado en el tiempo como para poner en marcha la definitiva industrialización de la economía soviética, llevando a cabo para ello grandes proyectos estatales cuya finalidad inmediata fue contribuir al esfuerzo de guerra, aquel por el que el conjunto de la economía adoptaba una orientación precisa bajo el objetivo último de ganar la guerra y conquistar la victoria final. Todo esto se concretó, básicamente, en la creación de importantes concentraciones industriales en torno a Moscú y el Volga, la implantación de grandes siderurgias, la explotación de las minas en el Cáucaso, los Urales y Siberia, la instalación de toda la maquinaria precisa para la extracción masiva de petróleo en los más importantes yacimientos del momento, lo que conllevó la creación de los principales oleoductos y gasoductos que sentarían las bases del desarrollo posterior de la economía de paz. Pero sobre todo esto el factor más decisivo fue la completa mecanización del proceso de producción a través de las nuevas técnicas que ofrecía el taylorismo. La producción en cadena permitió una vasta organización de las fuerzas productivas dentro de los programas quinquenales, y al mismo tiempo dar lugar a un crecimiento económico desorbitado en un período de tiempo reducido.

Sin duda alguna fue Stalin el máximo artífice y valedor del avance económico en la modernización definitiva de la Unión Soviética, lo que la colocaría pasada la Segunda Guerra Mundial en una posición hegemónica dentro del bloque socialista, teniendo ya carácter de superpotencia por el cual podía proyectar su poder al resto del mundo en cualquier momento.

El desarrollo económico de la URSS fue notabilísimo en la medida en que este generó empleo y mejoró sustancialmente las condiciones de vida de los soviéticos, al tiempo que el Estado se establecía de este modo como proyecto colectivo y social de todo el pueblo, en el que la economía se encontraba claramente supeditada al elemento político, el cual definía y determinaba la orientación del conjunto del aparato económico y social para la consecución de los fines del Estado. Esto fue así en la medida en que la URSS, y más concretamente Stalin, sostuvo como inevitable en el plano internacional la confrontación antagónica entre los bloques, y por tanto que ello conduciría inevitablemente a un enfrentamiento violento que produciría la desaparición de uno de ellos, en este caso el bloque capitalista con el triunfo del socialismo.

Por esto los fines del conjunto del Estado y sus esfuerzos se volcaban directamente en la política exterior dentro de una dinámica internacional de competición entre ambos bloques, desarrollando para ello un avance económico, tecnológico y militar que equilibrara la correlación de fuerzas entre las dos superpotencias hegemónicas. Esta realidad y exigencia política para el Estado en el ámbito exterior se logró conciliar con una mejora de las condiciones de vida en la sociedad soviética, un impulso de la cultura, las artes y el conocimiento científico en todos sus ámbitos, de tal modo que la propia URSS dio lugar a una importante generación de científicos y técnicos que constituirían la materia gris que serviría al país para sus ulteriores conquistas sociales, y en definitiva para impulsar los esfuerzos del Estado en materia de política exterior.

El espacio geográfico que abarcaba la antigua URSS constituía un instrumento de poder al servicio de una gran política, una política de grandes espacios y con una clara dimensión continental, la cual centró sus esfuerzos con una orientación euroasiática al afianzar su posición hegemónica en Asia Central, y garantizando al mismo tiempo una sólida alianza con la China maoísta, la cual permitiría a la URSS mantener su liderazgo en el bloque socialista, definiendo de este modo las directrices generales que este espacio debería seguir en materia internacional.

En el plano económico jugó un papel protagonista la mecanización y sistematización del proceso productivo al implantarse la producción en cadena, lo cual en conjunción con las capacidades materiales de que disponía la Unión Soviética, permitió un enorme crecimiento económico hasta pocos años después de la desaparición de Stalin.

Esta nueva forma de organizar el trabajo y la producción fue la que permitió una producción masiva que haría posible el crecimiento económico y el impulso militar y tecnológico preciso para la guerra, y más adelante para la guerra fría. La URSS destacó no sólo por la creación de grandes buques de guerra, submarinos, satélites militares, misiles intercontinentales y tanques modernos, sino que también por esta misma época dio lugar a la alfabetización de casi toda la población, la creación de un servicio sanitario universal, la implantación de viviendas sociales en las capitales, y sobre todo la extensión de un importante sistema educativo que hizo posible la nacionalización de las inmensas masas de obreros y campesinos, sistema que terminaría dando grandes prodigios en los campos científico, artístico, filosófico y técnico.

El Estado disciplinó la producción y la organización del trabajo sometiéndola a unas claras directrices que emanaban del poder político, al tiempo que los propios trabajadores comenzaban a disfrutar de una mejora en sus condiciones de vida gracias al avance económico que se había puesto en marcha, y que ya para aquel entonces era imparable. Por esta razón podemos decir que fueron tres los factores clave que hicieron posible llevar a la URSS a la posición de gran potencia mundial: las inmensas capacidades que en recursos materiales y humanos ofrecía el espacio soviético, nos referimos con esto a los recursos naturales como carbón, hierro, petróleo, uranio, gas, etc..., así como a las inmensas reservas humanas que proveían a la URSS de la mano de obra precisa para su desarrollo y crecimiento económico; juntamente con esto nos encontramos con la puesta en marcha de la modernización de la URSS, lo que implicó su definitiva industrialización, junto a las nuevas formas de organización del trabajo que hicieron posible un incremento de la producción y la organización de todas las fuerzas productivas bajo la dirección del Estado, el cual ya definía los objetivos económicos a través de la planificación; y finalmente, como último factor explicativo del despegue económico y militar de la URSS, se encuentra la supeditación del elemento económico (vinculado al orden de los medios, y por ello con carácter instrumental) al elemento político (vinculado al orden de los fines), lo que lo insertaba dentro de un orden más amplio como consecuencia de la asunción de la inevitabilidad de la confrontación entre bloques políticos y sociales antagónicos.

Las bases materiales y estructurales de la nueva economía fueron sentadas durante este período, haciendo posible el milagro económico del pleno empleo y asegurando a su vez unas condiciones de vida en las que lo imprescindible estaba garantizado. Sin embargo, tras el advenimiento al poder del lobby internacionalista liderado por Kruschev, la política de la URSS dio un giro sustancial que terminaría yendo en completo perjuicio de sus intereses como país pero al mismo tiempo del conjunto del campo socialista.

Kruschev llevó a cabo los procesos de desestalinización que implicaron deshacer gran parte de los logros conseguidos en la etapa anterior, aquellos mismos que situaron a la URSS como potencia mundial indiscutible. El aspecto fundamental que caracterizaría a la administración de Kruschev fue, sin duda alguna, la renuncia a la derrota del bloque capitalista y a aceptar la coexistencia pacífica entre ambos bloques, lo cual significaba asumir como compatibles dos sistemas que fueron concebidos como antagónicos, y que por ello estaban condenados a enfrentarse. A partir de aquí se desarrollaría toda la política interior y exterior de la Unión Soviética, determinando irremisiblemente su destino final.

La distensión subsiguiente a la formulación de esta teoría, la cual pasaría a guiar la política exterior soviética, terminó generando una conciliación con la ideología burguesa del bloque capitalista. Esta confraternización con el otro bloque se manifestó en su política interior con una mimesis de las formas y métodos de explotación capitalistas en el desarrollo económico, pasando a ser puestos en práctica en un modelo de Estado socialista. Esto implicó la completa burocratización del aparato estatal con el establecimiento de una oligarquía tecno-burocrática que pasó a ser desde entonces la nomenclatura del régimen. Fue así como se estableció en la Unión Soviética lo que podríamos denominar un capitalismo de Estado en el que la nueva oligarquía acaparó de forma parasitaria los resultados de la producción, dando con ello un paulatino empobrecimiento y estancamiento económico en el campo socialista.

La economía dejaría de tener un papel subordinado al elemento político, y pasaría a tener desde entonces su primacía sobre el resto de funciones, lo cual cambiaría sustancialmente la fisonomía y organización del propio Estado. Esto mismo coincidiría con el desarrollo de una política exterior antinatural, por cuanto la misma atentaba contra los intereses y alianzas geopolíticas naturales de la Unión Soviética. Fue así como se empezó a prestar más atención a los movimientos guerrilleros en África y América Latina, mientras se iban produciendo progresivos desencuentros con la China maoísta que desembocarían en el definitivo deterioro de sus relaciones que llevaría a una situación de clara competencia entre ambas potencias a nivel internacional, y sobre todo de cara al liderazgo del bloque socialista.

La política exterior soviética dejaría de lado su carácter euroasiático y adoptaría un sesgo claramente oceánico que respondía claramente a las pretensiones del lobby internacionalista que ocupaba en ese momento el Kremlin, y que contaba con el apoyo del partido y del servicio secreto.

Como consecuencia de la hegemonía de la función económica sobre las demás se dio la institucionalización de la corrupción dentro de los aparatos del Estado, debido al exceso de burocracia que propició entre los cargos directivos de la misma la búsqueda de su enriquecimiento personal.

La burocratización soviética implicó que gran parte de los recursos económicos y materiales generados por la propia actividad económica se emplearan para el mantenimiento de una colosal maquinaria burocrática que se había instalado como un poder autónomo dentro del régimen. El aparato administrativo de todo Estado tiene como finalidad ejecutar aquellas decisiones que han sido tomadas por el poder político, por lo que su carácter es instrumental. Con este exceso de burocratización lo que en un principio fue concebido como un medio del Estado implementar sus decisiones, terminó siendo un fin en sí mismo al pasar a ser las oficinas administrativas las que decidían por sí mismas las políticas y quienes las llevaban a cabo. Fue así como gran parte del gasto público se destinó al mantenimiento de esta gran organización burocrática que terminó estableciéndose como el verdadero poder en la Unión Soviética.

Estas circunstancias terminarían lastrando el posterior desarrollo de la Unión Soviética, ya que a principios de la década de los años 70, y debido a la crisis energética a la que dio lugar el cártel de la OPEP, se percibió con claridad la necesidad de un cambio sustancial en el modelo de desarrollo que hasta entonces había sido el fordismo. Fue en esta transición de un modelo fordista a otro postfordista y la imposibilidad de la Unión Soviética de dar ese salto lo que terminaría generando su definitiva ruina económica.

Este cambio en el modelo de desarrollo supuso transformar las economías extensivas en economías intensivas. Todo ello fue posible en la medida en que se dejó de llevar a cabo una producción masiva de bienes estándar, para generar a partir de entonces una diversificación de los bienes producidos con la aplicación de nuevas tecnologías que permitirían un incremento de la productividad, es decir, utilizando los mismos recursos dar lugar a un incremento y mejora del conjunto de la producción al tiempo que esta se diversificaba.

La Unión Soviética al no tener acceso a las nuevas tecnologías que se comenzaban a aplicar al terreno de la producción, se vio obligada a mantener una economía extensiva que no podría competir ya con el bloque capitalista. Es por este motivo que con el paso del tiempo la Unión Soviética no pudo responder a los compromisos comerciales adoptados con los países del campo socialista, debido a que cada vez era más difícil atender a las necesidades propias.

La regulación económica de los precios llevada a cabo por el Estado fue lo que permitió a la URSS durante muchos años poder subsistir, pese a que de esta manera mantenía al país en una ficción económica que encubría el endeudamiento del país, la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y la devaluación del rublo. El carácter autoritario del régimen hizo posible la subsistencia del sistema y que este no se hundiera por sí mismo, pero a largo plazo terminó comprometiendo las posibilidades de desarrollo económico de la Unión Soviética en relación con la economía-mundo.

La falta de competitividad de la URSS impidió dar salida a sus productos en las economías del bloque capitalista, al tiempo que las dificultades para cumplir los acuerdos comerciales con los demás países socialistas se hacían mayores. Esto impidió la entrada de divisas que permitieran a su vez la inversión pública del Estado, y con ello una mejora de sus capacidades productivas que hicieran posible suplir sus cada vez mayores necesidades internas. La solución que se buscó fue la de fabricar más papel moneda para artificialmente ir cubriendo dichas necesidades e impedir el colapso del sistema, al tiempo que se combinaba con la regulación pública de los precios, lo cual, como venimos diciendo, implicó sumergir a la economía soviética en una irrealidad.

Finalmente nos encontramos con la carrera armamentística de finales de los 70 durante la era Breznev, la cual se dio como consecuencia de la llegada al poder de la facción nacionalista liderada por el ejército. Esta carrera armamentística fue el resultado de un cambio importante en la política exterior de la URSS, abandonando así la coexistencia pacífica y el período de distensión previo, generando nuevas tensiones en el plano internacional en el que se volvía a establecer el enfrentamiento entre bloques. Sin embargo, pese a la formulación de la doctrina Breznev, el contexto social, económico e histórico era otro bien diferente al de la inmediata posguerra mundial.

Esta carrera armamentística implicó un desequilibrio económico y presupuestario en el Estado, ya que el conjunto del esfuerzo económico quedó orientado a la satisfacción de las necesidades y demandas militares que exigía dicha carrera. Sin duda la política recobró, temporalmente, su primacía sobre el elemento económico, pero la organización del aparato económico no estaba en condiciones para responder positivamente a estas nuevas exigencias, lo cual acabaría diezmando de manera definitiva la economía soviética.

En resumen, el fracaso económico de la URSS tuvo como causa primigenia una disfunción estructural, aquella por la que la función económica terminó tomando el control sobre la política. Esto se manifestó en dos aspectos: la coexistencia pacífica en el plano internacional, y la burocratización de las estructuras del Estado que terminaría estableciendo en el poder a una minoría tecno-burocrática que gobernaba por y para sí misma.

Como consecuencia de lo anterior nos encontramos con la inadaptabilidad del sistema económico soviético a las nuevas exigencias del nuevo contexto económico internacional. El mantenimiento de una economía extensiva y la falta de renovación tecnológica implicó, a la larga, un estancamiento y posteriormente una regresión económica tanto en la URSS como en el conjunto del campo socialista.

El Estado dejó de ser de todo el pueblo para pasar a serlo de una minoría inserta en la burocracia, la cual mimetizó las formas de explotación capitalistas y las aplicó a la nueva situación de capitalismo de Estado. La burocratización generó un anquilosamiento de las estructuras del Estado, lo cual terminó impidiendo la flexibilidad precisa para la adaptación del conjunto del sistema a las exigencias productivas del momento.

Finalmente cabe decir, en síntesis, que la raíz profunda de la crisis y desaparición de la Unión Soviética no se debió, como afirman los neoliberales, al modo de organización técnica de la economía, sino más bien a la posición que la economía ocupó en la sociedad llegando a ser soberana.

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Lunes, Junio 04, 2007

LAS LEYES DE REGULACIÓN SINDICAL EN ESPAÑA

 

En el caso español las leyes de regulación sindical se hicieron estando todavía vigente el modelo fordista en la organización del trabajo y de la producción, y apenas había comenzado a desmantelarse la vieja estructura económica. Por esta razón la regulación existente en la actualidad no deja de ser una herencia de aquel modelo, en el que influyeron en gran medida los pactos de la Moncloa para alcanzar cierta paz social que no alterara en gran medida el desarrollo de la transición, no poniendo más trabas al propio proceso, lo cual en última instancia terminó perjudicando a los trabajadores al hacerse cómplices las cúpulas sindicales de las medidas que finalmente terminarían socavando los intereses de los trabajadores, lo que sería generar un marco para la representación y actividad sindical que era válido en una situación de pleno fordismo con negociación a tres bandas entre patronal, Estado y sindicatos. Esa situación no se da en la actualidad, sin embargo el marco general que regula las actividades y la representación de los sindicatos sigue siendo el mismo con algunas leves modificaciones, lo que menoscaba las posibilidades de desarrollar por parte de los sindicatos nuevas estrategias acordes con las nuevas formas de organizarse la economía, y más concretamente el trabajo. Esto implica que el marco vigente cuya correspondencia económica sería el fordismo, carece de sentido en una situación completamente postfordista, con lo que la acción sindical que ofrece dicho marco pierde sentido y eficacia para hacer efectivas las reivindicaciones de los trabajadores.

Como consecuencia de este marco jurídico que viene concretado en la Ley Orgánica de Libertad Sindical, y que a su vez cuenta con ciertas regulaciones en la Ley del Estatuto de los Trabajadores, se ha demostrado que la acción sindical emprendida por los grandes sindicatos centralizados en las nuevas condiciones de la organización del trabajo y de la producción, es totalmente ineficaz de cara a conseguir conquistas sociales para los trabajadores, por lo que debido al desfase entre los parámetros tradicionales del sindicalismo y las nuevas formas de producción posfordistas son los sindicatos locales los que en la práctica logran mayores avances en materia laboral para los trabajadores, debido fundamentalmente a que estos concentran su actividad sindical en marcos territoriales menos extensos que los que abarcan los Estados-nación, y al mismo tiempo se esfuerzan por afianzar su presencia en los comités de empresa en los que se ha pasado a desarrollar la verdadera negociación entre trabajadores y patronos.

Es así que los sindicatos nacionales pierden influencia en determinados territorios en los que existe un conflicto nacional, pero a esto se encuentra ligada la forma postfordista de la producción en la que existe una importante transnacionalización de la producción y del trabajo, unido a la subcontratación, lo cual reduce en gran medida la capacidad de acción y negociación. Juntamente con esto es preciso destacar el hecho de que la extremada flexibilidad en el trabajo a la que ha dado origen el postfordismo impide la sindicación y fomenta, sin embargo, la rotación del trabajo al no existir una estabilidad laboral, lo cual dificulta más si cabe la labor de los sindicatos por cuanto una importante masa de trabajadores se encuentra al margen de los sindicatos, y estos terminan siendo mutuas para trabajadores que cuentan con un puesto seguro. Los grandes excluidos terminan siendo las mujeres, los jóvenes pero también los inmigrantes.

La patronal reduce con esta organización del trabajo y de la producción su vulnerabilidad y responsabilidad, ya que las plantillas se reducen a mínimos y la mayor parte de actividades que desarrolla son realizadas por terceros con los que se ha realizado un contrato por el cual prestan unos determinados servicios. A su vez, estas subcontratas y empresas de trabajo temporal, cuentan con una mano de obra extremadamente flexible y volátil que impide su sindicación y que sus demandas no sean recogidas por los propios sindicatos. Al mismo tiempo los sindicatos han optado por una estrategia «acomodaticia» por la que únicamente se preocupan de mantener el status social de los trabajadores fijos y seguros, convirtiéndose de este modo cada vez más en mutuas laborales y dejando al margen importantes demandas de un sector cada vez más numeroso de los trabajadores.

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Viernes, Junio 01, 2007

DEL FORDISMO AL POSTFORDISMO: LA EVOLUCIÓN DE LAS FORMAS DE PRODUCCIÓN

 

El fordismo apareció en el siglo XX promoviendo la especialización, la transformación del esquema industrial y la reducción de costos. Esto último, a diferencia del taylorismo, se logró no a costa del trabajador sino que a través de una estrategia de expansión del mercado. La razón es que si hay mayor volumen de unidades (debido a la tecnología de ensamblaje) y su costo es reducido (por la razón tiempo/ejecución) habrá un excedente que superaría numéricamente a la elite, tradicional y única consumidora de tecnologías en la modernidad. Aparece un obrero especializado con un status mayor al proletariado de la industrialización y también surge la clase media del modelo norteamericano que se transformará en la cara visible del arquetipo del american way. La idea de sumar la producción en cadena a la producción de mercancías no sólo significó las transformaciones sociales antes mencionadas sino también transformaciones culturales que podemos resumir en la idea de cultura de masas o mass media. Como prototipo se puede hablar de la creación de automóviles en serie, luego esto giraría al aumento de las ciudades, autopistas y bienes como televisores, lavadoras, etc. Esto se entiende a través de la expansión interclasista del consumo que deviene en nuevos estímulos y códigos culturales mediados por el capital. También hay que advertir que el modelo madura bajo esquema económico del keynesianismo (que lleva al Estado de bienestar) lo que promueve un protagonismo histórico de las clases subordinadas y el amarre del capital a consideraciones sociales y de clase. Influido todo esto por el ascenso de los socialismos reales y el miedo a su expansión global por parte del liberalismo capitalista. En resumen, podemos contar como elementos centrales del modelo fordista:

  • Organización del trabajo diferenciada (aumento de la división del trabajo)
  • Profundización del control de los tiempos productivos del obrero (vinculación tiempo/ejecución)
  • Reducción de costos y aumento de la circulación de la mercancía (expansión interclasista de mercado) e interés en el aumento del poder adquisitivo de los asalariados (clases subalternas a la elite)
  • Políticas de acuerdo entre obreros organizados (sindicato) y el capitalista.

El keynesianismo dirigió al fordismo hacia acuerdos sociales que permitieran un mayor nivel en la calidad de vida en la población históricamente diezmada y esclavizada. Sin embargo, los trabajadores no agrupados siguieron estando fuertemente excluidos, sobre todo en los países subdesarrollados. En América Latina este proceso se conoció como I.S.I. (Industrialización por sustitución de importanciones) y fue el proyecto industrial que intentó el subcontinente para lograr despegar de su condición periférica. Los países que lograron desarrollar con relativo éxito este proceso fueron Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay.

Cuando el sistema económico keynesiano y el sistema productivo fordista dan cuenta de un agotamiento estructural en los años 70, las miradas en la producción industrial comienzan a girar al modelo japonés (toyotismo); modelo que permitió llevar a la industria japonesa del subdesarrollo a la categoría de potencia mundial en sólo décadas. La crisis mundial del mercado del petróleo en 1973 advierte la caída del modelo de bienestar (o keynesiano en otras regiones más liberales) lo que se hará mundialmente efectivo ocho años después con el proyecto neoliberal global impulsado por Estados Unidos e Inglaterra a principios de la década de los 80

La organización internacional de la producción

En el proceso de internacionalización las multinacionales desarrollaron sus particulares formas de organización, por lo que estas se asentaban en un primer momento de manera integral en cada país. Así, la producción se hacía en cada país de forma completa.

Indudablemente este modo de organización exigía más inversión e implicaba ciertas vulnerabilidades. La vulnerabilidad política se manifestaba en la alta formalización, pero juntamente con ella también existía una vulnerabilidad frente a la competencia y una vulnerabilidad de carácter social. Se trataba, pues, de un modelo de organización poco flexible por el cual se reproducía todo el proceso de producción en cada país.

Existen grandes corporaciones transnacionales pero no existe en cualquier caso ningún tratamiento jurídico internacional que les confiera un reconocimiento oficial, es por esto que todas las grandes multinacionales existen en función de cada Estado y no a nivel internacional, debido a que el Estado todavía conserva su soberanía y es el que regula estas cuestiones. Es así como las grandes corporaciones internacionales no tienen una personalidad jurídica propia y están sometidas al marco jurídico de los Estados. Por esta misma razón las corporaciones ya no reclaman un reconocimiento jurídico internacional, ya que de esta manera pueden concentrar la responsabilidad jurídica en la delegación de cada Estado que tenga la compañía en cuestión.

Ante las nacionalizaciones que se han dado en algunos países las multinacionales y grandes corporaciones han terminado variando sus modelos y perfiles organizativos para no ser tan vulnerables a los controles del Estado, lo que ha significado en definitiva un cambio en la forma de organizar la producción a nivel internacional.

Las principales preocupaciones de las multinacionales han sido la reducción de la vulnerabilidad frente al control del Estado; la vulnerabilidad frente a otras compañías, especialmente la competencia, lo que se ha manifestado en una estrategia de reducción de gastos, innovación, marketing, etc., con la finalidad de fortalecerse, y simultáneamente llevando estrategias oligopolísticas, de concentración y/o monopolización; y finalmente se encuentra la necesidad de reducir la vulnerabilidad frente a la sociedad, como pudieran ser los movimientos sociales, los consumidores, los obreros, etc., por lo que de aquí ha surgido la tendencia a fragmentar las fábricas y los talleres descomponiendo el proceso productivo en sus diferentes partes y llevándolo a cabo en diferentes países.

Fue así como de la forma de producción fordista se pasó a la postfordista, aquella que se caracteriza por una nueva forma organizacional en la que la producción en cadena es a nivel internacional y el proceso productivo se encuentra descompuesto en diferentes partes pasando por varios países. Nos encontramos así con una división internacional del trabajo.

Las nuevas formas de organización son más complejas, diversifican los riesgos generando estructuras a su vez diversificadas de la producción. Se lleva a cabo una desconcentración y descentralización de la producción, pero los ingresos tienen cada vez más a superconcentrarse. A diferencia del modelo fordista en el que una empresa se asentaba en un país donde desarrollaba todo el proceso productivo, ahora el proceso en conjunto se encuentra localizado en diferentes países con la finalidad de reducir todas esas vulnerabilidades de las que hemos hablado.

Finalmente, a todo esto se le sumaría la lógica de la subcontratación, por la cual las multinacionales reducen aún más su vulnerabilidad jurídica al delegando responsabilidades jurídicas ante el Estado en otras organizaciones que desarrollan servicios para ellas dentro de la producción. Asimismo no se produce una transferencia de recursos ni tampoco una formalización, ya que estas subcontratas se encargan únicamente de firmar un contrato con la multinacional por el cual venden un determinado servicio. En este sentido la forma de organización es más compleja y se reduce la vulnerabilidad frente al Estado, frente a la competencia y frente a la sociedad.

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