Martes, Enero 29, 2008

LOS ELEGIDOS


 

En un barrio irlandés los hermanos Connor y Murphy McManus, representados por Sean Patrick Flanery y Norman Reedus, se ven envueltos en una pelea de bar con unos matones de la mafia rusa a los cuales vapulean y humillan, lo que desatará al día siguiente la venganza de los susodichos mafiosos y que precipitará su muerte a manos de los hermanos irlandeses en unas pintorescas circunstancias.

A partir de aquí se desata una curiosa y trepidante espiral de violencia como consecuencia de la confluencia de diferentes factores, como lo son las injusticias y arbitrariedades de las recién llegadas mafias rusas a Boston, la impunidad de los delincuentes y la falta de castigo, unido todo ello a la peculiar y característica forma que tienen los protagonistas de entender la práctica cristiana.

Los Elegidos es una interesante película dirigida por Troy Duffy que cuenta, a su vez, con la inestimable participación de Willem Dafoe haciendo de agente del FBI que investiga el reguero de muertos que dejan tras de sí los hermanos McManus.

Esta película combina una épica violenta con una coreografía muy cuidada que recuerda por momentos al estilo de Quentin Tarantino y, también, la pasión por las películas de acción procedentes de Hong Kong. Además de esto se mezcla la acción con momentos que llegan a ser cómicos y cuasisurrealistas que contribuyen a enganchar al espectador.

Sin embargo, y ello hay que decirlo, esta película fácilmente podría formar parte del género del cine reaccionario pero, teniendo en cuenta que el cine constituye la máxima expresión realista en el arte, tal vez debamos atenernos a la manifestación artística de una sociedad que es, de por sí, reaccionaria y decadente. En este mismo género encajarían las películas de Quentin Tarantino o Robert Rodrigues entre otros, que como en el caso de Duffy, utilizan como tema de fondo las miserias de la sociedad.

Así, el verdadero trasfondo que inspira el conjunto de la película y que lo tiñe de una acusada polémica que fácilmente puede ser catalogada como inmoral o reaccionaria, lo encarna el hecho fundamental que trastoca la vida de los hermanos McManus al oír el sermón del párroco de su iglesia, el cual describe cómo una niña fue brutalmente asesinada a la vista de la gente que, parada, se limitó a observar pasivamente sin intervenir e impedir el crimen. Esto, junto a la experiencia de verse obligados a enfrentarse con unos gorilas de la mafia rusa, les conducirá a emprender una particular cruzada de tintes religiosos contra todo lo que consideran corrupto y maligno en la sociedad, eliminando para ello a quienes creen que han hecho suficientes méritos como para ser eliminados de la faz de la tierra.

La existencia de injusticias provocadas por las leyes y las propias autoridades motiva, en gran medida, una reflexión que planea sobre la mente y las conciencias de los integrantes de la sociedad, la misma que admite la no existencia de justicia como tal cuando los delincuentes quedan impunes y, esto mismo, lo que se traduce en la conciencia de que sería bueno que alguien se encargara de ajusticiarlos. Así, unido a las connotaciones religiosas de la película, se saca a relucir la insuficiencia del código penal y la indiferencia reinante entre las autoridades, las mismas que en ocasiones se encuentran atrapadas por el burocratismo legal. A esto cabe añadir la indiferencia reinante entre la población, la que asiste como espectadora frente a las injusticias sin que nadie haga nada al respecto.

El ojo por ojo y diente por diente se convierte en la principal temática de la película, es así como los hermanos McManus se ponen a eliminar sistemáticamente a miembros de las mafias, asesinos y depravados. Esto les termina dando gran popularidad social, motivo por el cual empiezan a ser conocidos como Los Santos al comenzar a ser considerados como unos héroes que eliminan a elementos no deseados de la sociedad.

Además de esto, el agente del FBI que les investiga comienza a sentirse identificado con los hermanos en la medida en que ellos llevan a cabo lo que él siempre quiso hacer, ajusticiar a los delincuentes que, por trámites administrativos y legales, eludían la justicia. Esto, finalmente, le lleva a colaborar con ellos creyendo que de esta manera resuelve su dilema ético como agente de la autoridad, aquel que le sitúa en la tesitura de seguir actuando como hasta ahora lo había hecho en función de las leyes y, con ello, contribuyendo a que los delincuentes eludan cualquier responsabilidad, o, por el contrario, saltándose las leyes para poder hacer lo que estas por sí mismas son incapaces: impartir justicia.

Al margen de las connotaciones mesiánicas propias del fundamentalismo cristiano con el que queda impregnada la temática de la película, lo cierto es que se expresa de una forma bastante aguda y perspicaz un hecho fundamental que está muy presente en la sociedad, aquel por el que la gente desearía que alguien le diera su merecido a quienes delinquen y cometen toda clase de aberraciones pero que la ley no castiga. En esta película se lleva a cabo un experimento en torno a la posibilidad de qué ocurriría si, dado el caso, ese alguien hiciera su aparición y comenzara a impartir esa justicia que las leyes no proveen.

Se plantean diferentes cuestiones, pero la problemática gira en torno a la impotencia derivada de aquellos que comprueban cada día que la ley no hace justicia, que los delincuentes salen indemnes, lo que ocasiona la desesperación, la rabia y la ira en la sociedad llegando a desear que, tipos así, apliquen medidas drásticas que, de algún modo, satisfagan lo que se podría llamarse "sed de justicia". Hace su aparición aquí el sentido de venganza que llega a ser confundido con la justicia.

Es interesante resaltar que, al final del film, aparecen entrevistados diferentes ciudadanos a los que se les pregunta su punto de vista ante estos hechos, lo cual, como era de esperar, genera respuestas de lo más variadas, desde aquellos que aprueban este tipo de acciones, ofreciéndose ellos mismos a formar parte de la cacería, y otros que, por el contrario, se muestran escépticos y, por qué no, también contrarios a este tipo de comportamiento de quien se cree con una misión especial para con el mundo.

En el momento en el que el código penal y el sistema jurídico dista mucho de las nociones de justicia de una sociedad, este no contribuye para nada a promover aquello para lo que fue hecho sino que, por el contrario, ayuda a fomentar la injusticia y el atropello. Se trata, entonces, de un sistema de leyes que ha perdido legitimidad y que ya no cuenta con el respaldo de la sociedad al haberse distanciado de esta y sus valores Aunque también podría entenderse que la propia ley es aquí un fiel reflejo de la falta de valores y escrúpulos en la sociedad, la cual se conduce por el puro interés egoísta y materialista en el que para conseguir unos determinados fines todo vale, y al mismo tiempo todo sirve con tal de escaquearse para no rendir cuentas ante nadie; por esta razón podría afirmarse, y por desgracia eso es lo que hoy día ocurre, que la sociedad tiene lo que merece. El malestar derivado del desorden que provoca la impunidad criminal es la consecuencia de la irresponsabilidad social, y a su vez, del nihilismo imperante por el que cada cual quiere salvaguardar la seguridad dentro de su parcela individualista.

Evidentemente a día de hoy, y sobre todo en las sociedades modernas, no existe una noción objetiva de lo que es y significa la justicia (aquello que tradicionalmente fue definido por los romanos como dar a cada uno lo que le pertenece), lo que ha llevado a una indefinición sustantiva de dicho concepto. Al no existir un referente común, la justicia resulta ser en términos jurídicos el resultado de la aplicación de unas determinadas leyes que emanan de la voluntad del legislador, por esta razón tan pronto puede ser una cosa declarada fuera de la ley como todo lo contrario, de ahí que el sentido de justicia quede totalmente desvirtuado.

Pero asumiendo que esta problemática pertenece a un mundo que lleva, irremediablemente, a terrenos mucho más bastos, lo que aquí interesa es la necesidad de una justicia real, aquella que le dé a cada uno lo que le pertenece, de manera que el delincuente salde cuentas con la sociedad y no eluda su responsabilidad ante esta.

La autoridad pública, es la misma que establece el orden definido por las leyes, la encargada de aplicar el ordenamiento jurídico que rige dentro del territorio de su jurisdicción. Y es, a su vez, la que, en caso de litigio o tras la comisión de un delito, debe aplicar la ley asegurando la imparcialidad frente a terceros y, así, garantizar a través de las sentencias la realización de justicia. Sin la aplicación de la ley no habría justicia alguna, y la resolución de los problemas se llevaría a cabo por medio de venganzas que generarían un desorden público y que eliminarían toda posibilidad de justicia.

Por todo esto resulta equivocado plantear esta problemática desde un punto de vista por el cual se considera que la única solución posible es el camino del medio, lo que lejos de representar la verdadera justicia constituye una venganza que resulta ser, en última instancia, una injusticia más en la que se es juez y parte al mismo tiempo. Por el contrario, es preciso resaltar el carácter ilegítimo de un código penal y de unas leyes que no garantizan el orden y la justicia, para lo que es imprescindible efectuar cambios políticos mediante la legislación.

Entonces, sólo la acción política con la transformación de las leyes, y lejos de cualquier parafernalia más o menos fanática ligada con cierto moralismo de reminiscencia religiosa, es aquello que realmente puede generar un cambio real y efectivo hasta que, llegado el caso, la mentalidad imperante se vea profundamente modificada y las leyes de los hombres sean la plasmación de una ley superior y, con ello, la plasmación sobre este mundo de un particular sentido de la justicia y lo sagrado.
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Viernes, Enero 25, 2008

PRESENCIA MILITAR RUSA EN EL ATLÁNTICO


 

Rusia está llevando a cabo una serie de ejercicios navales en el Atlántico, en el que intervienen la flota del Mar Negro y la del Norte. Estos ejercicios militares que son la continuación de los iniciados en el Mediterráneo oriental, son llevados a cabo por diferentes grupos de choque de la marina de guerra rusa compuestos por barcos de apoyo logístico, el crucero Almirante Kuznetsov, el crucero portamisiles Moskva, los buques antisubmarinos Almirante Lévechenko y Almirante Chabanenko, a los que se ha unido la aviación estratégica rusa compuesta por bombarderos estratégicos Tu-160, así como los aviones Tu-95MS, Tu-25M3, IL-78 y A-50.

Los ejercicios que se están realizando consiste en prácticas de tiro con misiles y proyectiles de artillería contra blancos en el mar y en el aire, contando, a su vez, con la participación de aviones Su-33 y Su-25, así como de los helicópteros antisubmarinos Ka-27.

Es significativo, y ello lejos de restarle relevancia aún la aumenta, que la prensa occidental no haga mención alguna de estos ejercicios militares por parte de Rusia, que, aún siendo efectuados en aguas neutrales y en estricta observancia del derecho internacional en lo que al uso de aguas neutrales se refiere, se están llevando a cabo sobre el Atlántico, zona de influencia de la OTAN y hasta donde ha desplegado Rusia sus fuerzas estratégicas aéreas y su marina de guerra.

Todo esto se realiza en una situación política internacional bastante relevante, en la que se ha anunciado recientemente por parte de la OTAN la propuesta de ingreso de Ucrania en la organización, unido a una inminente declaración de independencia por parte de Kosovo. No es ninguna casualidad que Rusia haya elegido este y no otro escenario para desarrollar ejercicios militares, como pudiera haber sido el Pacífico, sino que ha optado por iniciar estas prácticas en el Mediterráneo y extenderlas al Atlántico, lo que constituye una prueba de hasta dónde es capaz de proyectar su propio poder militar.

En este sentido las maniobras rusas que han coordinado tanto a la marina como a las fuerzas aéreas, han contado con la escolta de aviones de la OTAN pertenecientes a Noruega y el Reino Unido, además del crucero norteamericano San Jacinto. Asimismo, el servicio de inteligencia de la OTAN sigue con especial atención el desarrollo de estas prácticas militares sobre el Atlántico.

La actual coyuntura internacional en la que resulta cada vez más palpable el distanciamiento entre Rusia y Occidente, puede dar lugar a este tipo de respuestas y medidas que son una clara muestra del escaso acuerdo y poco entendimiento existente entre ambas partes, sobre todo en lo que se refiere a la extensión hacia oriente de la OTAN y el despliegue del DAM en Europa central por un lado, y la cuestión relativa al programa nuclear iraní por otra parte.

Sin embargo, la prensa occidental está más interesada en explotar las debilidades internas de Rusia de cara a las próximas elecciones presidenciales, antes que hacerle publicidad a su poderío militar, así como a su capacidad de movilizar sus fuerzas de cara a experimentar con sus más modernas tecnologías, ya que ello pondría entredicho la estrategia euroamericana sobre Kosovo y la ampliación de la OTAN, y con ello la estabilidad y buenas relaciones con el vecino ruso.

Una demostración de fuerza por parte de Rusia en el plano militar no significa más que una llamada de atención, al igual que las recientes declaraciones por parte del Jefe del Estado Mayor del ejército ruso, el general Yuri Baluievski, por las que Rusia se reserva el derecho a lanzar ataques nucleares preventivos, lo que es una clara respuesta al extremo belicismo americano y a sus injerencias en el espacio de influencia ruso.

Pero no es esto lo que más importancia entraña, sino la respuesta que esté dispuesta a dar Rusia a Occidente en cada uno de los casos en los que sus intereses son claramente divergentes. Las advertencias de este tipo son un mensaje para el alto mando de la OTAN, y un preludio de lo que, en definitiva, podría suponer el despliegue del DAM, a lo que Rusia bien podría responder con el despliegue de misiles apuntando hacia Europa central y occidental.

Por todo esto, no es descartable un endurecimiento de la postura rusa en las relaciones internacionales con Occidente, sobre todo si se mantiene la insistencia americana en algunos asuntos clave que afectan a sus intereses nacionales en su ámbito de influencia. Sin embargo, las posibles respuestas provenientes de Rusia serán calibradas lo suficiente para mandar a Occidente el claro mensaje de hasta dónde llegan sus intereses, y en qué medida y hasta qué punto están dispuestos a defenderlos y no ceder ante las presiones.
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Lunes, Enero 21, 2008

VICTORIA DE LA OPOSICIÓN PRO-RUSA EN SERBIA


 

El triunfo de Tomislav Nikolic es muy significativo para la próxima vuelta electoral del 3 de febrero, pues con un 39% de votos obtenidos frente a su principal rival Boris Tadic, que alcanzó un 35%, y con una participación poco común de un 60%, hace más que probable que, finalmente, la facción anti-occidental y prorusa se haga con el timón de Serbia. Esta primera vuelta ha servido, por así decirlo, para saber cómo respiran los serbios.

Asimismo, es destacable la posibilidad de una inminente crisis a finales de este mismo mes entre los partidos que integran el gobierno de coalición liderado por Kostunica y Boris Tadic. Ello se debe a que mantienen serias diferencias de fondo que se han manifestado desde hace tiempo en una crisis latente, y que se centran fundamentalmente en lo que se refiere a Kosovo y a las tendencias europeístas y reformistas de Tadic. Por esta razón Kostunica se muestra cada vez más reacio a un acercamiento a Occidente debido a la postura de la UE sobre Kosovo, lo que, en definitiva, podría llevar a pedir el voto en febrero para el candidato del Partido Radical Serbio Tomislav Nikolic.

El discurso reformista y europeísta de Tadic no ha calado lo suficiente, ya que durante su legislatura no se ha producido una evolución económica favorable para el país que confirmara su gestión, y con ello la necesidad de más reformas de las ya aplicadas. Asimismo, se ha comprobado que el tema de Kosovo ha prevalecido en la campaña electoral, y por tanto entre los propios electores. La estrategia electoralista de Tadic de querer ingresar en la UE, la misma que pretende fragmentar Serbia, y al mismo tiempo conservar la soberanía sobre Kosovo, no ha resultado. Las ilusiones creadas en torno a los beneficios económicos y sociales derivados de un acercamiento a la UE, no han convencido a los serbios, quienes desconfían de una administración cuyas reformas no han generado un cambio favorable para la economía serbia.

La apuesta por Nikolic representa una apuesta por preservar la soberanía del Estado sobre Kosovo y no ceder ante los chantajes occidentales. Asimismo, significa, a su vez, dar un inequívoco rechazo a cualquier integración en la UE que implicaría una progresiva pérdida de soberanía, así como el pactar con los enemigos que hoy quieren destruir la integridad territorial de Serbia.

Es muy probable que para la siguiente vuelta electoral Nikolic consiga reunir los suficientes apoyos de los candidatos más afines a su línea que han quedado fuera. Este puede ser el caso de Milutin Mrkonjic del Partido Socialista al que pertenecía Milosevic, y que ha alcanzado el 6% de los votos. Además de esto, el posible respaldo de esta candidatura por parte del actual presidente Kostunica puede ser decisivo, lo que terminaría inclinando definitivamente la balanza del lado de la actual oposición.

La coherencia respalda a Nikolic, quien ha explotado al máximo las reivindicaciones nacionales serbias sobre Kosovo y su rechazo a pactar con aquellos que están favoreciendo la secesión kosovar. Una completa claridad que contrasta con la ambigüedad de Tadic quien sí quiere pactar con los enemigos de Serbia, y cuya política entreguista favorece a los EE.UU. y a la UE. Como recurso de última hora se baraja la posibilidad de que la UE llegue a apoyar a Tadic y a prometer, en caso de vencer, toda clase de facilidades para ingresar en la UE y mejorar las condiciones económicas actuales. Sin embargo, es muy posible que en caso de hacer una declaración de este tipo la UE consiguiera el efecto contrario del deseado, y que se pusiera de manifiesto ante la población serbia que Tadic representa un elemento político al servicio de potencias enemigas, además de resaltar el carácter chantajista de una propuesta que se ofrece a cambio de la independencia de Kosovo.

Es muy probable que de ahora en adelante, y máxime si triunfa Nikolic, Rusia comience a jugar un papel más activo sobre los Balcanes, pues como ya anunció el candidato pro-ruso, su primer viaje al extranjero sería a Moscú para entrevistarse con Putin, lo que ya deja bien claro en qué sentido caminará la política de alianzas de Belgrado.

Sin duda, la única alternativa ventajosa de Serbia es no renunciar a su soberanía territorial en lo que se refiere a Kosovo y, a su vez, garantizar sus parcelas de poder frente a organismos e instituciones transnacionales (como la UE) que únicamente pretenden someter a este país a los intereses y directrices de la estrategia occidental en la región.
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Domingo, Enero 20, 2008

ELECCIONES EN SERBIA


 

Serbia se enfrenta, una vez más, a una nueva disyuntiva, marcada por las elecciones presidenciales. El debate político se ha centrado tanto en la cuestión acerca de la independencia kosovar como en la conveniencia o no de ingresar en la UE.

Por un lado se encuentra el candidato Boris Tadic del Partido Democrático, quien defiende la entrada en la UE y, al mismo tiempo, la soberanía serbia sobre Kosovo. En este sentido Tadic ha planteado la problemática serbia actual en los siguientes términos: "El dilema principal es o Europa o el aislamiento". Unido, todo ello, a su afirmación de que su postura no consiste en renunciar a Kosovo ni a Europa. Sin embargo, este candidato proeuropeo mantiene un discurso insostenible, en la medida en que la UE está ejerciendo sobre Serbia un chantaje que consiste en renunciar a Kosovo para poder ingresar, con todos los parabienes, en la Unión.

Esta retórica es relativamente funcional al jugar con dos cuestiones fundamentales para el futuro de Serbia, como son la soberanía sobre Kosovo y el fin de su aislamiento internacional. En este sentido es evidente que la población serbia es favorable a que Kosovo siga siendo una provincia serbia, de forma que se mantenga la integridad territorial del Estado. Dentro de una población sociológicamente escorada por el nacionalismo, hace que Kosovo sea un tema políticamente explotable por los principales partidos. Pero juntamente con esto se encuentra la problemática del aislamiento internacional que ha padecido Serbia, y que ha generado una importante desestructuración económica. Esto es lo que hace atractiva la idea de un ingreso en la UE, que significaría un aperturismo económico para Serbia que incrementaría el nivel de vida de los serbios pudiéndose equiparar, a medio-largo plazo, al de resto de europeos. De esta forma, el fin del aislamiento se convierte, también, un tema nada desdeñable que cobra relevancia en la vida política y social serbia.

Pero lo cierto en todo esto es que un hipotético ingreso de Serbia en la UE no será gratis, y ello, en caso de producirse, será a cambio del reconocimiento de la independencia de Kosovo cuando esta sea proclamada. El discurso de Tadic es engañoso en la medida en que juega con un programa irrealizable, ya que no es posible mantener la soberanía serbia sobre Kosovo y al mismo tiempo alcanzar un acuerdo con al UE que ponga fin al aislamiento. Por esta razón, el carácter nacionalista que pueda albergar el discurso de Tadic será, en cualquier caso, un artificio retórico para conseguir votos para, después, hacer pasar por el aro europeísta a una Serbia mutilada sin Kosovo.

Tomislav Nikolic, del Partido Radical Serbio, mantiene una posición contraria en la que manifiesta que Serbia no puede renunciar, en ningún caso, a su soberanía sobre Kosovo, y que los países occidentales que reconozcan su independencia no pueden, de ninguna manera, ser amigos de Serbia. Es evidente la contradicción que existe entre ingresar en la UE, y por tanto pactar con los países occidentales que están dispuestos a reconocer la independencia de Kosovo, y al mismo tiempo pretender salvaguardar la soberanía serbia sobre esa provincia.

En estas circunstancias es posible que ninguno de los candidatos obtenga la mayoría absoluta necesaria para alzarse con el poder, lo que hará necesaria una segunda vuelta que se realizaría el próximo 3 de febrero. De todos modos, y debido a la importancia que ha tenido dentro de Serbia, es probable que la facción nacionalista encarnada por Tomislav Nikolic salga fortalecida tras estas elecciones aunque no llegue a alcanzar la mayoría absoluta. La población serbia es consciente de que, con las pretensiones occidentales de reconocer la independencia de Kosovo, se está generando a su país un daño irreparable, tanto político como moral, social y económico que no puede ser comprado ni compensado con un acuerdo de asociación con la UE.

No cabe duda de que, en gran medida, influirá tras las elecciones la decisión del actual presidente Kostunica en torno a quién ofrecerá su apoyo para la segunda vuelta, lo que de alguna manera contribuirá a orientar en un claro sentido el futuro de Serbia en el continente.

Debido a la precaria situación económica de Serbia, con más de un 30% de paro, con un descenso generalizado del nivel de vida y con un retroceso en la natalidad y la esperanza de vida, los partidarios de pactar con la UE proponen medidas aperturistas que conducirían, a largo plazo, a que Serbia se integrara en el mercado común europeo y que mejorara la situación económica de los serbios. Pero todo esto, como se ha comentado, tiene un importante coste político que no se limita únicamente a reconocer un Estado kosovar, sino también en la cesión de diferentes parcelas de soberanía del actual Estado serbio a la Unión Europea que es, en definitiva, un organismo transnacional representante del mundialismo.

En caso de una victoria de los nacionalistas, es probable que Kosovo se independice igualmente con el apoyo de la UE y de los EE.UU. sin que Serbia pueda hacer nada para evitarlo. No obstante, el actual Estado serbio se vería en la obligación de buscar aliados poderosos y lo suficientemente interesados en apoyarle de cara a desarrollar su economía y, así, romper con su actual aislamiento al contar vedado su acceso al mercado común europeo. Conservaría su soberanía pero se vería obligado a adherirse a la línea estratégica de una gran potencia, que en este caso no podría ser otra más que Rusia.

Asimismo, en unas circunstancias de este tipo, Serbia podría intentar alcanzar acuerdos bilaterales con aquellos países de la UE que se han mostrado más reticentes con la cuestión de Kosovo, tales como Grecia o Chipre (con Eslovenia esto sería más complicado en la medida en que dejó sin ciudadanía a la minoría serbia de este país durante la guerra). Con ellos podría desarrollar relaciones a un nivel no sólo diplomático y político, sino también de colaboración económica aunque ello no supusiera en ningún caso disfrutar de las ventajas propias de un miembro del club europeo.

De lo que no cabe duda es de que lo que hoy salga de las urnas dependerá en gran medida el futuro de Serbia, y contribuirá a definir de una forma clara su posición política. Pero aún así, el futuro sigue pintando aún muy oscuro para los serbios y ello se debe, en gran parte, por culpa de las intromisiones de los EE.UU. y la UE, por lo que realmente está en juego es el honor y orgullo del pueblo serbio, valores que no se pagan con dólares ni con euros. Las opciones son las siguientes: resistir y mantenerse el pueblo serbio fiel a sí mismo, a su propio sentido del honor y a su orgullo, antes que dar su brazo a torcer; o por el contrario, acceder a las pretensiones de las potencias extranjeras sometiéndose a sus dictados, renunciando así a su libertad.
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GENOCIDIO ISRAELI SOBRE GAZA



 

La ruptura entre Hamás y Al Fatah dentro del gobierno de la ANP el pasado verano de 2007, dio lugar a un enfrentamiento entre ambas facciones que dejaría dividida Palestina, quedando la franja de Gaza bajo el gobierno de Hamás tras haber expulsado a toda la oposición nacionalista árabe, mientras que Cisjordania permaneció bajo el control de Al Fatah.

La nueva situación supuso el fin de un precario equilibrio que hasta entonces había existido entre las diferentes familias políticas palestinas. Esto implicó, a su vez, una  reorientación de la estrategia occidental hacia el problema palestino, contribuyendo a aumentar e intensificar la división ya existente entre los palestinos concediéndole apoyo (político, militar y económico) y legitimidad a la facción más favorable a sus intereses que, en este caso, es Al Fatah.

La campaña de hostigamiento contra Hamás se ha reflejado en un importante aislamiento internacional encabezado por la UE, EE.UU. e Israel, reflejándose en el no reconocimiento del triunfo democrático de dicha organización en las últimas elecciones al parlamento de la ANP, y en la supresión de fondos y ayudas (económicas, materiales, alimenticias, etc.) a la población palestina de la franja, unido a un aislamiento internacional llevado a cabo a través de un bloqueo y embargo económico que impide el mantenimiento de relaciones económicas con el exterior.

Históricamente, todos los nacionalismos han requerido la existencia de un enemigo externo para posibilitar la formación de las diferentes naciones. El enemigo externo, como amenaza inminente, contribuye a cohesionar a la sociedad frente a un enemigo común al que es preciso combatir. Se trata de una lucha en la que el enemigo es absoluto al constituir la negación de la identidad propia, por esta razón una guerra nacional afecta por igual a todos los integrantes de las naciones contendientes. A partir de esta lucha se crean lazos de unión y un sentimiento nacional que cobra primacía sobre cualesquiera otras diferencias internas que puedan subsistir en la sociedad, las cuales quedan relegadas siempre a un segundo plano. La consecuencia lógica de esto es que antes que obrero, campesino, empresario, ingeniero, médico, abogado o albañil, se es español, francés, italiano, vasco, alemán, irlandés, etc. La identidad nacional cobra primacía como identidad común a todos los integrantes de una sociedad, orientando a esta en un mismo y único sentido. Así es como se logra la cohesión interna que crea a la nación.

Por esta razón, las naciones modernas siempre han nacido de una reacción frente a un enemigo exterior, e históricamente así lo demuestran diferentes casos como para España lo fue Francia, para Grecia el Imperio Otomano, para Irlanda y EE.UU. lo fue Inglaterra, para Polonia lo fueron Rusia y Alemania, y para Israel lo son los palestinos.

El nacionalismo judío, o más bien el sionismo, ha desarrollado esta lógica tan cara a los nacionalismos designando como enemigo de la nación judía a los palestinos. La nación judía, encarnada por Israel, se afirma a sí misma frente a los enemigos externos que la amenazan y la ponen en peligro, de ahí que el sionismo presente a los palestinos, y a los árabes en general, como los malos de la película. Este enemigo es necesario por cuanto es el germen de la nación judía moderna, y a su vez porque ayuda a mantener y conservar la solidaridad nacional de sus integrantes.

Dentro de este esquema ideológico general se enmarca el continuo ensañamiento de Israel con los palestinos, lo que le ha llevado a favorecer toda clase de luchas intestinas de cara a dividirlos y fragmentarlos. En este sentido cobra coherencia el apoyo y reconocimiento de la presidencia liderada por Abbu Mazen, que representa para Occidente e Israel el elemento político a través del que mantener dividido al pueblo palestino y, con ello, sometido a los dictados del ente sionista para el cual trabaja ya la ANP.

Los palestinos son un enemigo absoluto para el Estado de Israel, y lo son por el motivo antes señalado que conduce la lógica del sionismo, y, también, porque representan una amenaza para la permanencia de la nación judía en tanto en cuanto esta no puede integrar, en su territorio y bajo su jurisdicción, al pueblo palestino. Asimismo, el conflicto permanente que existe entre sionistas y palestinos, en el que se manifiesta una brutal desigualdad en la correlación de fuerzas, lleva inevitablemente a la comisión de graves abusos por parte de Israel, los cuales se reflejan actualmente en la crítica situación a la que está sometiendo a la franja de Gaza.

Si la situación de Gaza era complicada, hoy lo es aún más por cuanto Israel ha establecido un asfixiante asedio que impide, ya, el paso de cualquier tipo de material y alimentos además del tránsito de personas. Esto, además de significar la completa destrucción de la economía palestina en la franja, a la cual se le ha cortado el suministro eléctrico desde hace meses, impide el abastecimiento alimenticio necesario para la población de la franja (más de un millón doscientas mil personas), la cual queda expuesta a un serio peligro de muerte por inanición al no llegar, tampoco, la ayuda humanitaria de la ONU.

Israel demuestra estar ejecutando un genocidio programado contra los palestinos, un genocidio cuya magnitud supera a la de otros como el de Ruanda o la antigua Yugoslavia. Al mismo tiempo que se desarrolla este aislamiento por el que Gaza queda cerrada a cal y canto, Israel está llevando a cabo una gran ofensiva militar que ha producido importantes y numerosas muertes de civiles bajo el pretexto del lanzamiento de cohetes desde los asentamientos palestinos.

Además de esto, nos encontramos con una ANP que, aparte de ver con buenos ojos el aislamiento de un territorio controlado por sus enemigos políticos, no hace absolutamente nada por impedir que se lleve a cabo una masacre contra el propio pueblo palestino, sirviendo así de títeres al servicio de Israel que únicamente se preocupan en pactar con los sionistas y llenar sus bolsillos con millones de dólares procedentes de las subvenciones recibidas del exterior.

Israel, como Estado creado ex novo, necesita ganar tiempo constantemente para intentar asegurar su propia existencia. Sin embargo, esto contribuirá a enquistar más si cabe el conflicto, y cualquier pretensión de crear un Estado palestino al margen de Gaza y liderado por Al Fatah, excluyendo así a Hamás, no resolverá nada en absoluto. Hoy como ayer el futuro de Palestina sigue siendo incierto, pero mientras, el estrangulamiento de la población palestina por parte de Israel continua.
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Viernes, Enero 18, 2008

EL ETERNO RETORNO


 

Durante la antigüedad clásica, los griegos concebían el tiempo de una forma cíclica, cuya estructura circular se repetía sucesivamente hasta el infinito. Esta concepción de la historia, ha sido expresada a lo largo del tiempo de muy diferentes y variadas formas por distintos pensadores, sin embargo, con el advenimiento de la ilustración y la era de las luces por ella inaugurada, se impondría como concepción dominante aquella que concibe el tiempo linealmente. Como reacción a esta mentalidad, que constituía el soporte filosófico de la ideología del progreso, en el s. XIX, Nietzsche reanudaría el debate en torno a la metafísica de la historia, retomando por medio del eterno retorno, la esencia y el espíritu que fundamentaba la forma que tenían de entender los antiguos la estructura de la historia. En este caso es Nietzsche quien actualiza y renueva esta idea llevando a cabo una reformulación de la misma desde una nueva perspectiva, permitiendo de este modo que dicha concepción no haya perdido nada de su vigencia y actualidad.

Nietzsche, recibió una importante influencia del mundo antiguo, especialmente de los griegos, pues el hecho de haber sido filólogo en lenguas clásicas dejó una fuerte impronta en su obra y pensamiento. Es así como Nietzsche genera su propia metafísica, centrada en la idea del eterno retorno y el superhombre, los cuales tienen entre sí una estrecha relación y se encuentran entrelazados a lo largo de toda su obra.

Pero lo que aquí importa e interesa es lo que de griego y clásico tiene esta idea, como también lo vigente y actual de la misma. Quizá en un primer momento la conjunción de dos nociones como eterno y retorno nos pueda resultar contradictoria, y más bien tuviéramos que hablar del retorno de lo eterno encarnado por el mito, lo cual supondría la muerte del tiempo, tal y como lo expresó Ernst Jünger. No es esto lo que quería transmitir Nietzsche con el planteamiento del eterno retorno, sino, más bien, reconfigurar una concepción circular de la historia en un tiempo, como era el s. XIX, en el que los avances de la técnica y del progreso habían dado lugar a una era de titanes en la que el tiempo se concebía como una línea ascendente que se extendía hasta el infinito.

Lo eterno hace alusión a lo infinito de la historia como proceso cuyo origen y futuro se pierden de vista, un largo proceso que carece de principio y de fin. Así es como lo eterno hace referencia al propio tiempo pero también al movimiento que se repite de manera constante, un movimiento circular que da lugar al retorno de lo idéntico, entendido esto como las partes ascendentes y descendentes de cada ciclo.

La historia sería como una bola de billar que se desplaza a lo largo del tapete, y, debido a su forma esférica, su movimiento forzosamente es circular; pero a esto hay que añadir el hecho de que sobre la superficie de dicha bola existen una multitud de puntos diferentes que, con el movimiento de esta, van pasando por encima de la superficie del tapete, pero en ningún momento coincide un determinado punto de la superficie de la bola con el mismo punto del tapete por encima del que haya podido pasar. En esto consiste el eterno retorno de lo idéntico, un movimiento circular y cíclico de la historia con una sucesión aleatoria, paisajista e irracional de diferentes hechos pero que se enmarcan dentro del movimiento cíclico global de esta.

El movimiento siempre es el mismo, pero, como se ha dicho, el contenido siempre es diferente, lo único idéntico es la sucesión de los diferentes ciclos que forman la historia. Además de esto se le desprovee a la propia historia de un carácter teleológico, pese a que Nietzsche dijera que el superhombre sería en última instancia la meta y sentido último de toda la historia de la humanidad; pero hay que apuntar algo sobre esto, y es que la idea del superhombre, aún estando ligada a la del eterno retorno, actuó más bien como mito movilizador que en sentido teleológico de la propia historia. El eterno retorno fue en definitiva la recuperación, frente a un optimismo general creado por las ilusiones del progreso, del sentido trágico de la existencia del ser humano, y cuya realización plena sólo se puede encontrar en la asunción de esta realidad que le confiere una verdadera dimensión histórica, y en la adopción de un tipo de vida sobrehumana encarnada por el superhombre.

El determinismo progresista impide el despliegue de la voluntad humana, viéndose esta sometida a esa concepción lineal de la historia en la que su transcurso es unidireccional, de igual modo que las leyes científicas implican una causa y un efecto que siempre son los mismos. Es por ello que una etapa precede siempre a otra, y es necesaria para el advenimiento de la siguiente, ya que toda la historia va tendiendo hacia el presente, y al mismo tiempo hacia un fin, el fin mismo de la historia como tal, del mismo modo como Fukuyama nos lo quiso hacer creer con su conocida obra El fin de la Historia.

Esta visión de la historia responde a una concepción del mundo antitética a aquella que la concibe como un proceso cíclico, y por tanto ambas parten de premisas totalmente opuestas y diferentes. La ideología del progreso no es más que la secularización del postulado cristiano según el cual existe un Alfa y un Omega, un principio del mundo y un fin del mismo que se sitúa en el juicio final. Una conciencia que preexiste al proceso, para unos Dios y para otros el Espíritu Absoluto, es la que omniscientemente conoce y prefija lo que ha de ocurrir durante todo el proceso, introduce el determinismo por el cual el hombre no puede hacer nada por cambiar la historia, su contenido y transcurso, pues no es este responsable de ella ya que no es quien la hace. Esa conciencia omnisciente se va manifestando y expresando por medio de la historia, la cual, por ser su creación adquiere un carácter racional al tender hacia un fin que previamente ya se ha fijado. La historia está escrita, y pase lo que pase el hombre no puede hacer nada por cambiarla, pues haga lo que haga todo seguirá su curso. Todo el contenido del proceso está determinado para que sea posible la consecución de ese fin prefijado.

El eterno retorno de lo idéntico rompe con esta visión y recupera la esencia del pensamiento trágico de los griegos, devuelve al hombre su debida dimensión histórica y abre camino a un mundo de posibilidades rompiendo con el determinismo. Es así como el hombre pasa a desplegar su voluntad libre y creadora, al mismo tiempo que pasa a ser responsable de sus actuaciones a causa de la escisión entre historia y destino. Se toma conciencia de lo aleatorio y el hombre pasa a hacer él mismo la historia marcándose sus propias metas y proyectos, lejos de sueños utópicos y quimeras.

El determinismo de las estructuras que subyace en la concepción lineal de la historia, se opone radicalmente a la capacidad del hombre de moldear la realidad por sí mismo, quedando relegado a un papel marginal como objeto de la historia, sometido a los caprichos de las estructuras que determinan el contenido y sentido último del proceso histórico, de un devenir que escapa a la voluntad del hombre de querer forjarse su propio destino, de ser sujeto y, por tanto, hacedor y protagonista de la historia.

Destacar, también, la diferencia entre ambas cosmovisiones a la hora de definir el motor mismo de la historia. Por un lado nos encontramos con la especulación tecnocientífica en la que es la misma ciencia la que hace posible la historia, es en definitiva una visión materialista del proceso histórico. Sin embargo, a esta visión se le antepone otra diferente y acaso opuesta, la historia es un proceso energético y lo que hace posible la sucesión de los diferentes ciclos es la propia lucha de fuerzas. A partir de esta premisa fundamentará Nietzsche el cambio en la historia, una lucha de fuerzas que nace de la existencia del conflicto y por tanto de tensiones contrapuestas. Así, cada fuerza busca su predominio y máximo de poder frente a las demás fuerzas que se le resisten. Es por tanto, para Nietzsche, la misma lucha de fuerzas el origen de cualquier creación cultural, una fuerza se impone a las demás y las reduce por ella a la unidad en sí misma. De este modo se explica que hayan adoptado o perdido vigencia diferentes corrientes culturales a lo largo de la historia.

La lucha de fuerzas como motor de la historia hace que esta consista en un proceso en el que se construyen, destruyen y transforman mundos sin cesar, al tiempo que ejercita su dinamismo interno. Es así como se van sucediendo unos a otros los diferentes ciclos, de forma que en cada uno de estos la pugna entre fuerzas contrapuestas origina las diferentes creaciones culturales de cada época. A esto se le suma la toma de conciencia histórica por parte del hombre, de su importancia en el mundo y en la historia y la responsabilidad que tiene ante esta siendo ya dueño de su propio destino.
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Sábado, Enero 12, 2008

PUCHERAZO ELECTORAL EN GEORGIA

 

"La guerra fría nunca terminó" Andrei Lugovoi

El desmoronamiento de la Unión Soviética supuso un retroceso general en miles de kilómetros de las fronteras rusas con la independencia de las antiguas repúblicas. Todo el mundo imaginó, entonces, que con el fin de la URSS la confrontación entre bloques antagónicos había concluido, que el capitalismo y Occidente habían ganado en su competición ideológica y económica con el campo socialista.

Si bien es cierto que con la desaparición de la URSS desapareció, también, un bloque ideológicamente articulado, la guerra fría no concluiría ahí sino que continuaría, pero esta vez de una forma diferente, la cual consistiría en una lucha por ocupar el vacío dejado por Rusia en el antiguo espacio soviético. A partir de aquí, y aprovechando el caos económico y político en el que quedó tanto Rusia como sus antiguas repúblicas, Occidente jugaría sus cartas para sacar partido de la debilidad de su eterno enemigo.

Rusia, mientras siga existiendo como Estado unido desde el Báltico hasta el estrecho de Bering, seguirá representando una clara amenaza para los intereses estratégicos de los EE.UU. en el mundo. Esto motivó una ofensiva occidental sobre Europa central y oriental, pasando a integrar progresivamente y de forma paulatina a los diferentes países de la antigua órbita soviética en la OTAN primero, y en la UE después.

Karl Haushofer, dándole la vuelta a las tesis geopolíticas de Mackinder, puso de manifiesto que quien controla Europa oriental controla el Heartland (corazón de la tierra), y quien controla el Heartland controla el mundo. Por esta razón, y estando Rusia en retirada, Occidente aprovechó esta irrepetible coyuntura para extender su poder hacia las zonas centro-orientales de Europa.

Después de esto, y una vez Rusia alcanzó cierta estabilidad que hizo posible recuperar el control sobre su situación internacional, el gran conflicto geopolítico entre la tierra y el mar, Oriente y Occidente, las potencias continentales y las potencias marítimas, pasó a centrarse en torno al Mar Negro que, como explicara Zbigniew Brzezinski en El Gran Tablero Mundial, su control es fundamental para controlar, a su vez, Asia Central y proyectar el poder de EE.UU. sobre el corazón de Eurasia.

El sentido general de la estrategia atlantista en torno a Europa oriental ha hecho de  Ucrania su principal foco de atención de cara a expulsar la influencia rusa y, seguido de esto, hacerse con el control del Mar Negro. Pero esto es insuficiente si Occidente no cuenta en el Cáucaso con el que atenazar a Rusia en la región. Es aquí donde entra en juego Georgia como una pieza más al servicio de las potencias marítimas.

Este interés por Georgia no hace extrañar el reciente pucherazo electoral que se ha dado en este país, en el que el candidato favorito de Occidente Mijeíl Saakashvili y actual presidente, ha ganado las elecciones de forma fraudulenta al haberse registrado diferentes irregularidades (constatadas por los propios observadores internacionales de la OSCE), al igual que una manipulación de los resultados finales.

Junto a la manipulación de los sondeos a pie de urna, además del hecho de que ha quedado registrado un mayor número de votos emitidos de los reales, así como la manipulación de las papeletas, Mijeíl Saakashvili se apresuró con poco más de un 10% de los votos escrutados a proclamar su victoria, obteniendo la mayoría absoluta necesaria para renovar mandato sin necesidad de acudir a una nueva vuelta electoral. Debido a la evidente manipulación llevada a cabo desde el gobierno y por parte de la Junta Electoral, la oposición ha denunciado los comicios y ha emprendido procesos legales para protestar contra este fraude electoral.

Sin embargo, desde Occidente no han tardado en reconocer estos resultados y, con ello, a Mijeíl Saakashvili como legítimo presidente de Georgia. Todo esto resulta significativo dado el contexto geopolítico conflictivo que existe en la región entre Rusia y Occidente, no pareciéndole importar a este último que un claro representante del matonismo lidere la ex-república soviética, y al mismo tiempo instale en el poder a las diferentes mafias georgianas que, cada día más, controlan el país.

El alineamiento de Mijeíl Saakashvili con Occidente se ha reflejado en las claras pretensiones de integrar a su país en la OTAN, y en su constante apoyo a la política internacional americana. Pero a esto hay que sumarle el creciente clima de confrontación y las tensiones que mantiene con Rusia, lo que ha producido enfrentamientos fronterizos y diferentes crisis de importante calado entre las que cabría destacar la detención de varios oficiales rusos (agregados militares de la embajada rusa en Tifilis) acusados de espionaje, la acusación a Rusia de haber invadido el espacio aéreo de Georgia y haber lanzado un misil sobre el territorio de este país, la expulsión de diplomáticos rusos, o mismamente el contencioso que existe entre ambos países acerca de las repúblicas de Osetia del Sur y Abjasia.

Las acusaciones entre Georgia y Rusia acerca de la actual inestabilidad del país son una clara prueba de que las cosas no andan bien por el Cáucaso. La actual administración georgiana acusa a Rusia de apoyar a la oposición y de entrometerse en los asuntos internos de este país, mientras que Rusia reclama al gobierno georgiano una mayor transparencia política y, también, un mayor respeto hacia la oposición política.

Parece que a Occidente no le importa mucho que la denominada revolución de terciopelo liderada por Mijeíl Saakashvili contra el anterior presidente Eduard Shevardnadze, realmente fue un golpe de Estado con el que Saakashvili irrumpió en el parlamento con hombres armados, algo más propio de una banda mafiosa que de un político reputado por Occidente como líder democrático.

Dada la actual situación es probable que las tensiones persistan o se agraven, ya que la oposición volverá a hacer presión sobre la actual administración reclamando unos nuevos comicios o, por lo menos, una rectificación de los resultados. Situaciones como el reciente estado de excepción instaurado en todo el país unido a una represión gubernamental contra los opositores podría, incluso, generar una guerra civil de difícil solución en la que se vería obligado a intervenir Rusia.

La batalla en torno a la hegemonía sobre el Mar Negro sigue en marcha, y en caso de una inminente proclamación de independencia de Kosovo Rusia podría contraatacar en este frente, y ello seguramente lo hiciese a través de anexiones como las repúblicas secesionistas de Georgia. Tampoco habría que destacar, en última instancia, más anexiones en Europa oriental, y muy en particular en Ucrania donde la situación lejos de estar en calma, con el retorno de Yulia Timoshenko a la presidencia de gobierno, puede reavivar las tensiones con Rusia sobre todo en lo que se refiere al ingreso de Ucrania en la OTAN (recordar que Rusia tiene una base aérea y naval en Sebastopol), a lo que habría que incluir la problemática energética, baza fundamental que Rusia estaría dispuesta a utilizar como último recurso para estrangular a Ucrania y a Europa.

Tal vez, y ello es muy probable, este año 2008 nos depare grandes e importantes acontecimientos que cambien significativamente el tablero internacional, donde se continúa jugando una partida que sigue siendo de ayer, de hoy y de siempre entre la tierra y el mar.
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Lunes, Enero 07, 2008

EL LENINISMO


 

El leninismo, como principio organizativo, se forma a partir de la aportación teórica y práctica que ofreció la experiencia histórica de las guerras de guerrillas, y que encuentra en la figura del partisano su más claro referente.

Las guerras de guerrillas constituyen, en esencia, un fenómeno histórico propiamente moderno en la medida en que estas surgen como producto de los cambios que produjo el capitalismo en el campo. Se trata, entonces, de un tipo de guerra que enfrenta al campo con la ciudad y que fue encabezada por los campesinos y representantes del antiguo régimen contra el capitalismo emergente, y particularmente contra la nueva clase burguesa y terrateniente de industriales y financieros.

Este tipo de guerras estaban desprovistas de un carácter ideológico, y quienes las lideraban pretendían volver al statu quo anterior a las usurpaciones, las desamortizaciones, etc., llevadas a cabo por el capitalismo. El partisano integraba estos movimientos guerrilleros como combatiente irregular encuadrado en una organización de tipo militar. Por el contrario, el carácter regular del combatiente, a diferencia del partisano, se refleja en el uniforme del soldado, lo que demuestra un dominio de la vida pública, ya que con el uniforme se lleva abierta y demostrativamente el arma, siendo este tipo de combatiente el blanco de tiro para el partisano.

Asimismo, el partisano se diferencia de otros combatientes por su carácter profundamente político, no pudiéndose confundir con el ladrón o salteador que únicamente persiguen su propio provecho. El partisano lucha en un frente político, y la propia palabra partisano es una derivación de partido, lo que indica, en su sentido originario, la vinculación con un partido y, por tanto, se trata de un combatiente que desarrolla un tipo de guerra o lucha política.

El partisano es un combatiente terrestre con gran conocimiento del medio geográfico en el que se desenvuelve, unido ello a un importante grado de movilidad que, con los avances técnico-militares modernos, se ha incrementado considerablemente. La guerra irregular que desarrolla es consecuencia de su inferioridad numérica y material frente a las tropas regulares, lo que le impide mantener un enfrentamiento directo con estas. El tipo de guerra que lleva a cabo se caracteriza por la movilidad, rapidez y los cambios bruscos de ataque y retirada. Su movilidad acentuada le permite dar golpes de mano y acosar a las tropas regulares, romper sus líneas de abastecimiento a través de emboscadas sobre sus suministros, seguido, todo ello, de un rápido repliegue y ocultación.

Es fundamental la existencia de una organización militar que encuadre al partisano, y su importancia ha sido subrayada por todos los teóricos de esta modalidad de guerra, pues se trata del elemento organizacional que permite la coordinación, dirección y correcta ejecución de las actividades propias del partisano.

Además de lo ya dicho, la irregularidad del partisano favorece su ocultación entre la población civil, dificultando así su identificación por parte del enemigo. Por esta razón, sus actividades, generalmente, se desarrollan en la retaguardia de las líneas enemigas y no en frentes abiertos como ocurre en las guerras convencionales. Pero es el elemento organizacional el que desempeña un papel clave para el partisano, no sólo desde el punto de vista militar, sino también porque el partisano lucha por una causa que representa la razón de ser de la organización a la que pertenece.

La guerra de guerrillas devino en guerra revolucionaria en el momento en que fue ideologizada, pasando a ser los partidos revolucionarios sus principales impulsores. A partir de entonces el partido adquirió una importancia central, ya que pasó a constituir la organización capaz de integrar completamente a sus miembros al adoptar una naturaleza  totalitaria, lo cual se reflejó en el sentido del funcionamiento estricto de orden y obediencia.

El principio de la violencia encontraría su primera formulación en la teoría hegeliana de la dialéctica, que pasaría a constituir una poderosa arma ideológica para la revolución. Desde entonces se desarrollaría toda una corriente de teóricos revolucionarios entre los que destacarían Karl Marx y Friedrich Engels, quienes sentarían las bases científicas y filosóficas de la revolución.

La dialéctica, como método intelectual de conocimiento, concibe la realidad como un proceso en constante cambio y transformación fruto de las contradicciones que alberga. Dichas contradicciones se expresan a través del carácter polemológico o conflictivo de la realidad por el que cada cosa, como tesis, contiene en su interior su propia negación, la antítesis, y dicha lucha entre opuestos se resuelve por medio de una síntesis superadora de estas contradicciones, la cual alberga, a su vez, nuevas contradicciones que se van desarrollando conflictivamente.

El conflicto es el principio organizador del mundo, y tanto las guerras como las revueltas y revoluciones son el impulso evolutivo de la historia, las que modifican y transforman la realidad superando las contradicciones. De este modo, la revolución es el punto culminante en el que se resuelven las contradicciones y se produce el tránsito hacia una nueva situación, hacia una síntesis superadora.

La dialéctica sienta las bases del conocimiento que conduce, en una primera etapa, de la materia objetiva a la conciencia subjetiva, de la existencia a la idea, extrayendo del mundo objetivo las leyes que lo rigen para después, en una segunda etapa que lleva de la conciencia a la materia, aplicar el conocimiento adquirido y comprobar, en la práctica, si este es correcto o no. Por tanto, la teoría de la revolución se genera a partir de la práctica revolucionaria, de la experiencia histórica, del método científico de ensayo-error para conocer la validez de las teorías que se extraen del mundo objetivo.

El carácter circular de la dialéctica, por el que el conocimiento comienza por la práctica para convertirse en teórico y retornar de nuevo a la práctica, posibilita un progresivo perfeccionamiento de la técnica revolucionaria en función de las circunstancias históricas objetivas. La práctica revolucionaria genera la teoría revolucionaria que, posteriormente, es llevada a la práctica, y si esta es acertada triunfa, pero si demuestra no serlo provee de las correspondientes lecciones para modificar la teoría y hacerla concordar con las leyes del mundo externo.

La dialéctica ha servido para determinar, entonces, las formas de organización revolucionaria de cada época en función de las condiciones objetivas del mundo exterior. Siguiendo estos principios Lenin desarrolló su propio método organizativo, el cual se correspondía con las condiciones materiales propias del capitalismo industrial.

En un capitalismo industrial en pleno desarrollo, el modelo de organización predominante fue el de las burocracias modernas, las cuales se caracterizaban por contar con una estructura de autoridad piramidal, unas jerarquías perfectamente definidas, unas relaciones de poder reglamentadas, una división del trabajo fundada en la especialización y segmentación del mismo, y una fuerte centralización del poder en manos de unos pocos. Este tipo de aparato social era muy adecuado para la realización de tareas rutinarias propias de un medio altamente competitivo, indiferenciado y estable. La burocracia y el modelo centralizado fueron necesarios al acelerarse el ritmo de vida, lo que exigía una reacción administrativa más rápida en todos los órdenes de la vida social.

La organización burocrática y centralizada de la era industrial sirvió al capitalismo para disciplinar a los obreros en los puestos de trabajo, pero también para mantener el control sobre la población a través de un Estado burocrático que, como autoridad máxima,  concentraba en sus manos todo el poder. Este modelo de organización sistematizó la represión del Estado convirtiéndolo en una máquina que controlaba todos los resortes de coerción pública.

Lenin, nutriéndose de la experiencia revolucionaria precedente y unido al sistema de conocimiento que ofrece la dialéctica, creó un método de organización acorde con las leyes objetivas que, en aquel momento histórico, regían el mundo exterior. A partir de aquí, Lenin concibió la revolución como un fenómeno de masas que requiere la existencia de una organización fuertemente centralizada compuesta por revolucionarios profesionales. La guerra pasaría a ser, entonces, un instrumento al servicio de la revolución, lo que implicó su ideologización. Fue así como se dio el salto de la guerra de guerrillas a la guerra revolucionaria.

A partir del estudio pormenorizado de la obra Von Krieg de Karl Von Clausewitz, Lenin aprendió que la guerra es la continuación de la política por otros medios, así como la importancia del principio de enemistad que establece la distinción entre amigo y enemigo. De este modo destacó la diferencia entre guerra y juego, siendo la guerra revolucionaria la guerra auténtica en la medida en que tiene su origen en una enemistad absoluta, y por tanto desconoce cualquier tipo de limitación; en cambio, el juego se corresponde con la guerra acotada clásica del Derecho Internacional europeo en la que los contendientes, lejos de ser enemigos absolutos, son meros adversarios que persiguen la derrota del otro contrincante y no su completa eliminación.

Fue así como Lenin deduciría una nueva teoría de la guerra total que transformaría definitivamente la naturaleza misma de la guerra. La realización consecuente de una enemistad absoluta le da su sentido y su justicia, la guerra adopta un carácter ideológico que determina quién es el enemigo absoluto. Las limitaciones que hasta el s. XX habían prevalecido en las contiendas entre Estados desaparecieron, las mismas que hacían de la guerra un juego regulado por una serie de normas y reglas reconocidas por los Estados, de forma que este tipo de guerra guardaba más parecido con un duelo entre caballeros que buscaban darse satisfacción que con las posteriores guerras totales.

El nuevo método organizativo resultante de estos estudios, y que pasaría a la posteridad bajo la denominación de leninismo, se basa en el establecimiento de una vanguardia revolucionaria compuesta por lo que Lenin denominó "revolucionarios profesionales". Estos profesionales de la revolución, a modo de técnicos conocedores de las leyes que rigen la política y conducidos por un particular pragmatismo de herencia maquiavélica, integrarían la vanguardia revolucionaria que pasaría a controlar el movimiento militar y político.

El Partido Bolchevique fue la vanguardia que integró a estos revolucionarios profesionales que se caracterizarían por su especialización, garantizando la homogeneidad ideológica y la capacidad de la organización en todos los ámbitos. A esto se le sumaría el elevado grado de centralización que permitía un fuerte control por parte de la dirección central sobre el conjunto de la organización. Con esta centralización se pretende, también, conseguir la máxima eficacia y rapidez en la toma de decisiones reduciéndola a unos pocos que, a modo de cabezas pensantes, desarrollan una estrategia global. La función de una vanguardia así es la preparación de las condiciones subjetivas necesarias para realizar la revolución, y al mismo tiempo conducir y dirigir el movimiento militar y político hacia la consecución de los objetivos marcados.

La organización leninista integra totalmente a sus miembros, quienes se consagran a tiempo completo a las labores de la propia organización. El centralismo y la concentración del poder en manos de unos pocos garantiza la disciplina y el orden internos, pero también la rutinaria ejecución de las decisiones emanadas de la cúpula central. El estilo y la práctica leninista se correspondía con las condiciones históricas objetivas, aquellas por las que el capitalismo industrial contaba, a su vez, con una forma de organización jerárquica y centralizada donde imperaba la división del trabajo.

Asimismo, la concentración y centralización del poder por parte del Estado, hizo del modelo de organización leninista el más adecuado para, en esas circunstancias históricas, llevar a cabo la revolución. Para esto Lenin teorizó la violencia en dos momentos diferentes. El primer momento: la toma del poder. El segundo momento: las guerras antiimperialistas.

El partisano, dentro de este esquema organizativo, pasaría a desempeñar para Lenin un papel esencial en la guerra civil nacional e internacional. Por esta razón lo convirtió en un instrumento eficaz al servicio de la dirección central del partido. Dentro de la primera fase para la toma del poder, el partisano, encuadrado en una organización militar, como combatiente político tiene encomendada la misión de extender la revolución, para lo cual desarrolla una guerra de ocupación de territorio. Esta línea estratégica se realizó durante la revolución de octubre cuando los agricultores tomaron posesión de la tierra, al mismo tiempo que en las principales ciudades rusas los consejos de obreros y soldados iban tomando el control.

Diferentes variantes de la misma estrategia organizativa y operacional se llevarían a cabo en distintos lugares del planeta, como fueron el caso de China, Cuba, Yugoslavia, etc... En todos los casos la guerra revolucionaria es liderada por una vanguardia que controla el aparato militar y el movimiento político, siendo su prioridad inmediata la toma del poder extendiendo, para ello, la revolución a través de la conquista de  territorios. Eliminados los enemigos interiores del Estado, la guerra revolucionaria adopta un sentido diferente y se convierte en guerra antiimperialista orientada contra los enemigos externos de la revolución, inscribiéndose el proceso dentro de un teatro de operaciones global en la lucha contra diferentes potencias, reestructurando así la relación de fuerzas a nivel internacional.

Esta segunda fase constituye, en definitiva, la expansión e internacionalización de la revolución con el objetivo de mundializarla y destruir el imperialismo, que ha adoptado un carácter igualmente global. La exportación de la revolución contribuye a debilitar al enemigo encarnado por las potencias extranjeras, sirviendo para utilizar sus debilidades en beneficio de la revolución. Es así como hacen su aparición los movimientos de liberación y las diferentes guerrillas.

El método de organización leninista hace posible que, tras la toma del poder, la vanguardia revolucionaria sustituya a la anterior clase dirigente y, simultáneamente, a partir de sus propias estructuras de poder, establezca las nuevas instituciones y organismos públicos del nuevo Estado.

Puede decirse, en definitiva, que el leninismo consiste en una forma de organización vanguardista, compuesta por militantes dedicados a tiempo completo a las tareas de la organización y que, a modo de revolucionarios profesionales, están altamente especializados. Juntamente con esto destaca su carácter centralizador y el control que ejerce sobre el movimiento político y el aparato militar.

El principio leninista de organización demostró su validez en un período histórico en el que el poder del sistema capitalista estaba representado por una institución fuertemente centralizada como el Estado, la cual concentraba en sus manos todo el poder. El poder estaba identificado en el Estado, asemejándose a un gran monstruo de una sola cabeza. Sin embargo, en la actualidad, el sistema capitalista no ofrece las mismas condiciones objetivas que en el pasado hicieron adecuados los principios leninistas de organización, ya que el poder se ha difuminado en la medida en que el Estado se ha descentralizado y comparte el poder con otras instituciones subestatales, al mismo tiempo que organizaciones transnacionales han asumido, en muchos casos, competencias que anteriormente les correspondían en exclusiva a los Estados. A esto hay que añadirle las privatizaciones de los servicios públicos, lo que ha otorgado a las empresas y multinacionales un importante grado de influencia político y social. Por así decirlo, el sistema ya no presenta los rasgos propios de un monstruo monocéfalo sino que, por el contrario, hoy se parece más a un monstruo con multitud de cabezas y miles de tentáculos.

El modelo leninista de organización se ha vuelto inoperante en estas circunstancias, siendo su centralismo su principal debilidad en tanto en cuanto al contar con una sola cabeza, si esta es desmantelada, el conjunto de la organización desaparece. De ahí que el movimiento revolucionario mundial esté en crisis, ya que continúa aferrándose a un modelo de organización que ha dejado de ser práctico, a lo que se suma la falta de reflexión necesaria para, mediante la dialéctica, extraer de la práctica la teoría revolucionaria acorde con las condiciones objetivas actuales.

Con la aceleración del ritmo de vida se ha dado una mayor transitoriedad en las propias organizaciones a todos los niveles, tal es así que en las grandes multinacionales y corporaciones sus estructuras internas están sometidas a permanentes reorganizaciones que reordenan, continuamente, sus diferentes departamentos y secciones. Las jerarquías no tienen el carácter rígido y burocrático que tuvieron durante la era industrial del capitalismo, sino que, más bien, son flexibles y tienden a impedir la proliferación de cargos intermedios. Se trata de un tipo de organización que se autorrenueva constantemente según las cambiantes necesidades, y cuya estructura tiende a adoptar la forma de red debido a su acusada horizontalidad.

Es cada vez más habitual que se creen comisiones y grupos de trabajo temporales para fines muy específicos que agrupen a diferentes especialistas, y en los que los directivos  únicamente se ocupan de las labores de coordinación y dirección general. Este tipo de grupos creados ad-hoc tienen un carácter horizontal en la medida en que sus integrantes, pertenecientes a diferentes departamentos y secciones pero seleccionados para una labor específica, se ven obligados a trabajar de forma conjunta. Unido a la especificidad y transitoriedad de estos equipos, la mentalidad de trabajo es a corto plazo, por lo que la dinámica general del funcionamiento de la organización se centra en la consecución de objetivos concretos en un espacio de tiempo breve.

Este tipo de organización es la más adecuada para un medio y unas condiciones imprevisibles, de permanente novedad y propias de lo que se ha llegado a denominar una sociedad de riesgo. El grado de movilidad que ofrece su funcionamiento responde a la necesidad de abordar problemas y cuestiones en un plazo de tiempo cada vez menor. La existencia de estructuras funcionales permanentes no impiden esta gran flexibilidad en la organización, lo que incrementa la velocidad de respuesta al reducir las escalas jerárquicas y eliminar el burocratismo.

Teniendo en cuenta las circunstancias históricas que impone la realidad actual, una organización con un mínimo de operatividad debería contar con diferentes secciones funcionales capaces de actuar de forma autónoma respecto a la dirección central. Esto implica, necesariamente, una gran diversificación de estas secciones, pero, al mismo tiempo, su coordinación para la realización de tareas concretas debería llevarse a cabo mediante de equipos o grupos de carácter temporal creados ad-hoc, compuestos por distintos especialistas de las diferentes secciones y departamentos.

La existencia de grupos de trabajo o comisiones que abarquen personal de diferentes departamentos para llevar a cabo algún proyecto, impide la burocratización y agiliza el funcionamiento de la organización. Se adquiere un mayor dinamismo y una gran rapidez en la ejecución de proyectos y decisiones. El papel de la dirección central se limitaría a emitir las directrices generales de la organización y de definir los objetivos de la estrategia general. El carácter esencialmente unitario no se diluiría por causa de la autonomía de los departamentos, ni ello contribuiría a crear escisiones, ya que los grupos de trabajo se encargarían de mantener la unidad y coordinación precisa a modo de nódulos dentro de una basta red de células en permanente interacción. De igual modo, la información fluye con mayor rapidez incrementando, simultáneamente, la flexibilidad que permite una correcta adaptación a las circunstancias del medio.

La especialización, aún siendo importante, pasa a un segundo plano debido a este nuevo modelo de organización, ocupando un mayor protagonismo la polivalencia de los propios miembros debido a que se exige de ellos una mayor flexibilidad y adaptación constante a siempre nuevas circunstancias, a un constante cambio en sus tareas, competencias y funciones dentro de la organización. La permanencia de la organización se sustituye por la transitoriedad indicada, pero al mismo tiempo se establecen relaciones entre los distintos departamentos en un plano de igualdad, desarrollándose jerarquías horizontales frente a las tradicionales jerarquías verticales del burocratismo. La complejidad de los problemas y la dificultad de alcanzar los objetivos marcados exige un nuevo planteamiento que sobrepase las viejas y estrechas disciplinas de organización.

Por otra parte, la propia iniciativa de la organización deja de recaer ya sobre la dirección central, mientras el resto del entramado organizativo de forma pasiva se limita a cumplir lo designado, sino que, por el contrario, esta iniciativa tiende a ser, cada vez más, asumida por las diferentes secciones que aprovechan su propia autonomía generando la conveniente innovación en el desarrollo de sus actividades. Todo esto contribuye a incentivar el espíritu emprendedor y a mantener una actitud activa frente al medio que rodea a la organización, lo que favorece, también, a que los propios miembros se sientan autores de su propio trabajo.

Esto representa, en definitiva, un pequeño esbozo de la necesidad de generar un nuevo método de organización y, a su vez, una nueva forma de ver el mundo que conecta directamente con en el pensamiento en red. Se trata de utilizar la dialéctica en un sentido positivo que conduzca, sin cortapisas de ningún tipo, al conocimiento objetivo de las leyes que hoy rigen el mundo exterior, para, de una vez por todas, sentar las nuevas bases de una verdadera organización revolucionaria.
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Sábado, Enero 05, 2008

EL CARBURANTE ECONÓMICO Y LAS CRISIS INTERBANCARIAS


 

En el sistema económico capitalista quien controla el dinero controla el conjunto de la economía, pues es el dinero el que, como instrumento de cambio, hace posible el funcionamiento del mercado y del conjunto del sistema.

Por tanto, el dinero, sería como la sangre de un organismo que circula a lo largo de este y se encuentra presente en todos sus órganos y conductos, fluyendo de manera continuada en su interior. De la misma manera que sin sangre el organismo muere, la ausencia de dinero destruye a la sociedad. La sangre transporta vitaminas, oxígeno, alimentos, etc..., lo que permite la actividad de las diferentes funciones, y con ello el funcionamiento del conjunto del organismo. El dinero, de igual manera, es el carburante que pone en marcha el conjunto del sistema, que hace que el motor de la producción funcione y abastezca al resto de órganos del sistema. El dinero, a modo de puente, conecta producción y consumo, lo que garantiza la existencia de suficientes recursos materiales para que el sistema subsista.

La problemática del dinero dentro del sistema capitalista estriba en su escasez, lo que genera una dependencia del conjunto del sistema hacia quienes controlan la creación de dinero y, a su vez, la abundancia o escasez del mismo. Por esta razón, el dinero deja de ser, entonces, un instrumento al servicio del elemento político, convirtiéndose en un fin en sí mismo ya que, siendo escaso, es necesario para la subsistencia del organismo social. Como consecuencia de esta situación se crea una lucha por acaparar este bien escaso, por lo que el organismo social se ve sometido a una lucha intestina de sus partes integrantes, las cuales pugnan entre sí para conseguir la mayor cantidad de dinero posible. La lucha de clases resultante constituye la consecuencia lógica de las contradicciones engendradas en los medios de producción por la escasez de dinero, de forma que diferentes grupos sociales se enfrentan mutuamente con el fin de conseguir la mayor cantidad de dinero posible. El dinero ha sido instituido como base del poder en torno al que se organizan las jerarquías sociales propias del capitalismo.

La pertenencia a una u otra clase social viene determinada por el lugar que ocupan las personas en los medios de producción, y consiguientemente por la cantidad de riqueza que perciben, la cual se concreta en el nivel de renta. Así, las clases sociales se organizan jerárquicamente en función del nivel de renta, estableciéndose entre ellas relaciones de poder entre explotados y explotadores.

La plutocracia encarnada por la banca privada representa la cúspide del poder capitalista, aquella que ha generado las estructuras que aseguran la primacía de sus intereses habiendo establecido para ello el dinero como base real del poder. Dicha clase social, organizada en grandes grupos financieros de carácter transnacional, controlan las diferentes economías, sociedades y sistemas políticos del mundo gracias al poder del dinero. Los bancos centrales de los Estados son la principal institución que organiza y centraliza el funcionamiento de esta clase social, ya que dichos bancos son instituciones privadas que agrupan a diferentes grandes bancos privados, y cuya principal labor es la emisión de moneda y el control de los tipos de interés.

Los bancos centrales, a través de sus políticas monetarias, controlan el mercado y el flujo de dinero en la economía incrementando o reduciendo, según el caso, los tipos de interés. Sin embargo, la era financiera del capitalismo ha hecho de la especulación su principal actividad en la economía, lo que implica que la mayor parte de la masa monetaria tiene como destino el propio mercado para financiar actividades puramente comerciales, contribuyendo a diezmar el sistema productivo de la economía.

La emisión de moneda a través de préstamos se lleva a cabo de forma cuantitativa, es decir, no se tiene en consideración la finalidad del dinero de los préstamos que son concedidos. Por esta razón la mayor parte de los préstamos están destinados al consumo, ya que la era comercial del capitalismo se basa en el consumo masivo y, con ello, en el impulso de la proliferación de las actividades comerciales de compra y venta de bienes y servicios que, cada vez más, están desprovistos de un carácter tangible.

Si en la etapa industrial del capitalismo la riqueza estaba determinada por el nivel de renta, valiendo cada persona lo que tenía, en la etapa financiera y comercial la riqueza no depende de lo que se tenga sino de la capacidad de consumo, la cual está condicionada por los préstamos bancarios que por la renta.

Asimismo, los préstamos destinados a la producción representan una parte ínfima del total de la emisión de créditos por parte de la banca, lo que desincentiva la creación de más empleo y con ello de una mayor riqueza social al incrementarse la producción. Juntamente con esto se encuentra el inconveniente del interés abusivo, que contribuye a generar inflación en el mercado como consecuencia de la presión que se ejerce sobre los productores, quienes se ven obligados a incrementar el precio de aquello que producen.

Actualmente los bancos centrales se encargan, sobre todo, de controlar la inflación a través de los tipos de interés y generando los consecuentes ciclos periódicos de expansión y retracción del dinero. Pero es importante hacer notar que el excesivo desarrollo de la especulación y del propio comercio implica, en definitiva, hacer necesaria la existencia de unos determinados depósitos que garanticen liquidez de los bancos, de forma que no se produzcan crisis que pongan entredicho la credibilidad del sistema bancario. En caso de iliquidez es el banco central del Estado el encargado de respaldar al banco prestándole dinero a un determinado tipo de interés. La falta de liquidez significa que el banco no dispone del suficiente dinero en metálico como para hacer frente a sus pagos, por lo que se ve obligado a vender sus activos con rapidez y a un precio inferior debido a que le urge disponer lo antes posible del dinero. Además, en muchas ocasiones no es precisa la intervención del banco central, ya que existen seguros que se encargan de proveer de la correspondiente liquidez.

Sin embargo, en caso de insolvencia, como consecuencia de una mala inversión o cualesquiera otras circunstancias, es el banco central el que se encarga de prestar dinero a la entidad financiera para que pueda hacer frente a sus deudas. En este último caso, generalmente, esta situación implica que el banco ha prestado una determinada cantidad de dinero que no recuperará y, por lo tanto, no podrá devolver a sus depositantes, por lo que se crea un "agujero negro" en sus cuentas y ello pone en peligro la solvencia de la institución. Algo muy parecido ha ocurrido recientemente con la crisis de las hipotecas basura en EE.UU., hipotecas que no se han reembolsado y que implican pérdidas monetarias para los bancos, lo que puede generar una crisis en el conjunto del sistema bancario.

Los bancos centrales en casos de insolvencia no se pueden permitir el lujo de dejar a la deriva a las entidades financieras implicadas, o directamente declararlas en bancarrota, ya que una decisión así terminaría resultando más cara que salir a su rescate. Esto se debe, fundamentalmente, a que en el momento en que un banco es insolvente y parte del dinero que ha prestado no lo va a recuperar, la falta de solvencia puede extenderse a otros bancos con los que ha mantenido relaciones financieras a través de préstamos y poner en cuestión la credibilidad del conjunto del sistema bancario. Así, las crisis interbancarias son el resultado de una pérdida de confianza entre bancos, debido a que estos, al no fiarse de otros bancos, temen no recuperar sus préstamos, por lo que se genera una tendencia por la que sus clientes retiran sus depósitos ante el temor de que el banco se declare en bancarrota y no devuelva el dinero.

Antes de que se produzca una situación así, lo normal, es que el banco central salve a la entidad bancaria concediéndole líneas de crédito que le permitan recuperar su confianza ante otros bancos y ante sus propios clientes, respondiendo a las deudas contraídas. El banco central es el último recurso, el salvavidas, cuando se producen situaciones en las que no hay solvencia, ya que una quiebra de la confianza entre los bancos puede llevar, irremediablemente, a una quiebra del sistema financiero. De ahí que, en la última crisis interbancaria, tanto el BCE como la FED y el banco central de Japón se apresuraran a inyectar en el sistema financiero cientos de miles de millones, para así, asegurar la solvencia y devolver la confianza a los mercados.

A pesar de todo, el mercado mundial no ha recuperado la completa normalidad debido al varapalo que supuso la última crisis, y a pesar del influjo de dinero a cargo de los mayores bancos centrales del mundo, habiendo estado el sistema de pagos a punto de colapsar al haberse dado una pérdida de confianza en todos los bancos, lo que generó como efecto que, a medida que llegaba dinero de los bancos centrales, se incrementara aún más la retirada de depósitos, lo cual no impidió la quiebra de algunos bancos y la dimisión de altos directivos.

El excesivo volumen de dinero ficticio en circulación fruto de la especulación, unido a la preponderancia de la economía bursátil sobre la economía real y productiva, significa una mayor inestabilidad por cuanto la cantidad de dinero ficticio supera, y con creces, la cantidad de dinero metálico existente, por lo que en la medida en que la burbuja especulativa del mercado bursátil mundial siga desarrollándose a expensas de ahogar la economía real, las crisis financieras se irán agudizando cada vez más al no haber suficiente dinero real disponible para hacerles frente. La consecuencia final de este implacable proceso puede ser un colapso económico sin precedentes e irreversible, cuya devastación conducirá al mundo entero a una situación totalmente desconocida, aquella que hará necesaria sustituir el actual sistema económico por otro totalmente diferente en el que la fuente de riqueza no sea el dinero sino el trabajo y la economía esté al servicio de todos y no de unos pocos.
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