Viernes, Marzo 13, 2009

LOS CONFLICTOS ARMADOS

Los conflictos armados han sufrido importantes cambios en cuanto a sus características durante las últimas décadas, prueba de ello es que habitualmente son enfrentamientos en los que toman parte actores armados no gubernamentales, de manera que las guerras han tendido a ser más intraestatales que entre Estados. Los escenarios en los que se dan estas situaciones son muy variados, y en ellos intervienen diferentes y diversos factores, pero en cualquier caso la figura tradicional de los ejércitos enfrentados apenas existe hoy día.

Asimismo, aunque se haya tendido a desarrollar una clasificación de las guerras como “mayores”, “intermedias” y “menores” en función del número de muertos producidos durante un año, no deja de ser un criterio muy discutible en la medida en quién y cómo se cuenten las víctimas, así como la clasificación que se haga del numero muertos en la distinción entre combatientes y no-combatientes, diferenciación muy difícil en algunos conflictos.

Por otra parte, y sin que ello disminuya la importancia del número de víctimas que produce un conflicto armado, también se encuentran otros factores no menos destacables como la destrucción de infraestructuras, los procesos de limpieza étnica, los desplazamientos masivos de población, etc.

La definición de conflicto armado planteada a partir del enfrentamiento protagonizado por grupos de diversa índole, ya se trate de fuerzas militares regulares o irregulares, grupos armados de oposición, paramilitares, etc., que en el empleo de armas y otros medios de destrucción, pero de forma organizada provocan más de cien víctimas anuales en actos intencionados resulta, a pesar de su carácter amplio y general, un tanto insuficiente.

Por una parte no se contemplan aquellos actores, como son los grupos criminales armados, principalmente mafias, que de forma organizada desarrollan conflictos violentos de importante magnitud que llegan a poner en peligro la estabilidad de las instituciones y al Estado mismo. Un ejemplo de esto podría ser México en la actualidad, donde operan diferentes redes de narcotráfico que han provocado miles de víctimas mortales al año y que impiden que el Estado pueda garantizar el orden y la seguridad pública.

Además de lo anterior cabría plantearse el papel y presencia en muchos escenarios posbélicos de los conocidos como señores de la guerra, quienes cuentan con una fuerza militar privada que impide el monopolio de la violencia por parte del Estado. Asimismo, este neofeudalismo suele acaparar recursos económicos con los que mantener su control y dominio sobre un determinado territorio, lo que generalmente se encuentra vinculado con la existencia de mercados negros y redes de tráfico de estupefacientes, armas, diamantes, etc.

El número de muertes que se puedan dar en un conflicto no tiene por qué ser un indicador fundamental, pues incluso existiría en muchas ocasiones conflicto armado aunque no se dieran víctimas mortales si se dan alteraciones del orden, si el Estado no tiene el monopolio de la violencia legítima, se produce la destrucción de infraestructuras o desplazamientos forzados de población, etc. El número de víctimas mortales no dejará de ser un indicador relativo respecto a la magnitud e importancia de un conflicto.

Las situaciones de tensión y polarización social o política están marcadas, por su parte, por los enfrentamientos entre grupos políticos, étnicos o religiosos, ya sea entre éstos y el Estado, lo que provoca la alteración del funcionamiento ordinario de las instituciones públicas. Juntamente con esto se producen dinámicas, comportamientos o detonantes que pueden provocar el descontrol de una situación de tensión y desencadenar un conflicto armado abierto.

La principal característica de los conflictos armados de la posguerra fría es el hecho de que durante el enfrentamiento entre las dos superpotencias algunos de estos permanecieron congelados, mientras que con la reordenación del sistema internacional y la transición de un bipolarismo a un unipolarismo se han desatado adoptando un rasgo fundamentalmente interestatal. Por este motivo es difícil esclarecer el momento en el que empieza y termina un conflicto armado, a lo que va ligado el carácter cíclico de los mismos. A esto hay que añadir la creciente antigüedad de los conflictos, que en la mayor parte de los casos rebasan los veinte años.

Si la guerra clásico estuvo definida por enfrentamientos armados entre Estados, ha sido sustituida por aquellos en los que los protagonistas son grupos irregulares que violan e ignoran sistemáticamente todas las normas que existen relativas al desarrollo de una guerra, sobre todo en lo referente al Derecho Internacional Humanitario y los derechos humanos. Este tipo de grupos irregulares dificulta la persecución de los delitos de guerra, pues en ocasiones resulta casi imposible determinar quién o quienes son los responsables y en qué grado debido a que se puede tratar de grupos carentes de una escala de mando, una organización difusa, etc. La fragmentación social y la polarización en espacios donde se instalan actores criminales produce estructuras paralelas de autoridad, dominio y control tanto político como social y económico en aquellos lugares en los que el Estado está ausente.

Normalmente son los escenarios de Estados fallidos o colapsados en los que proliferan las estructuras paralelas que sustituyen las funciones del Estado. La falta de integración y la escasa presencia de los Estados hace proliferar la criminalidad, la corrupción, la inseguridad y la ineficiencia, lo que en último término puede desembocar en Estados fallidos.

Además de un aumento considerable de los actores presentes en los conflictos distintos de los ejércitos, como pudieran ser guerrillas, narcotraficantes, clanes armados, grupos integristas, sicarios, mercenarios, etc., también se han pasado a utilizar nuevos métodos como el genocidio, las violaciones masivas de mujeres, los secuestros, las extorsiones, etc., que tienen a la población como el principal blanco. Todo esto lleva a la reflexión acerca de qué es realmente en la actualidad una guerra, qué definición cabe si tenemos en cuenta la diversidad de actores que toman parte en los conflictos armados y la variedad de métodos empleados. Históricamente Clausewitz definió la guerra como la continuación de la política por otros medios dentro de un contexto de guerra entre Estados, pero la aparición y proliferación de los nuevos conflictos violentos interestatales exige una nueva definición de la guerra que tenga en cuenta los actores que intervienen, sus motivaciones y los métodos que emplean.

También existen factores de riesgo que pueden, dado el caso, desencadenar conflictos violentos, entre estos se encuentra el subdesarrollo, la dependencia de la exportación de materias primas, los procesos de transición, la presencia de grupos etnopolíticos, etc. Pero ninguno de estos factores es capaz de explicar por sí mismo las guerras, sino que habría que hablar de una combinación de varios de ellos que provocan los conflictos armados.

No menos importantes son aquellos conflictos cuyo trasfondo incluye un debate acerca de la independencia o la autonomía de algún territorio, lo que obliga a desarrollar procesos de paz en los que se busquen salidas mediante la creación de entidades políticas intermedias.

Es significativo el hecho de que los medios utilizados durante el conflicto pueden contribuir a moldear y cambiar los fines originales, lo que termina produciendo la paradoja de que la lucha pierde el sentido de forma que los actores quedan inmersos en una espiral de guerra que se autojustifica y autoperpetúa. Aunque habitualmente las dinámicas autodestructivas pueden estar relacionadas con una confusión entre las posiciones y las necesidades de los actores, no es menos importante preguntarse acerca de quiénes son los máximos beneficiados de este tipo de dinámicas en las que determinados conflictos violentos se mantienen indefinidamente en el tiempo.

No menos interesante e importante es la aportación teórica de Sun Tzu con respecto a la tríada Espacio-Tiempo-Tecnología, su interacción y su significación en los conflictos. En función del caso concreto cada elemento puede adoptar un carácter particular, pero el Espacio generalmente hace alusión al territorio y a la población en la que se desarrolla un conflicto. El Tiempo puede referirse a los períodos, al ritmo en el que se desarrollan los acontecimientos, mientras que la Tecnología son los instrumentos que se emplean. En el medio del triángulo se sitúa la motivación, el propósito que empuja a un determinado actor a emprender una lucha. Si bien es cierto que en función de los medios empleados se puede llegar a impedir lograr los fines deseados perseguidos en un primer momento.

No deja de ser significativa la aplicación de este cuadro teórico para el análisis de las políticas estatales de seguridad clásicas, en las que el Espacio lo constituye el Estado, el Tiempo queda limitado al período de gobierno y la Tecnología la conforma el gasto de investigación armamentista y la compra de armamentos. En un primer momento el objetivo de todo esto debería ser proporcionar seguridad en el interior del país y garantizar la soberanía e integridad territorial de cara al exterior. Esto sería, por decirlo de alguna manera, el centro del triángulo, pero su perversión viene dada por los procesos de rearme vinculados a los intereses del complejo militar-industrial, más que a las necesidades reales de seguridad de la población.

Un interesante ejemplo de lo anterior lo serían los EE.UU. donde el complejo militar-industrial, bajo la excusa de la necesidad de proporcionar seguridad a los ciudadanos estadounidenses, y todos los sectores económicos vinculados al mismo, ha desarrollado una espiral de constante rearme creando amenazas externas para justificar los grandes gastos presupuestarios del gobierno federal en materia de seguridad y defensa. Indudablemente las guerras, las supuestas amenazas a la seguridad nacional, etc., constituyen pretextos muy convenientes para los intereses de dicho complejo que obtiene a cambio importantes y suculentos beneficios económicos en billones de dólares. Todo esto ha conducido al desarrollo de sofisticadas y modernas tecnologías en la vigilancia, el espionaje y la guerra que han supuesto un importante desembolso económico por parte del Estado, pero que también ha implicado la restricción de las libertades civiles con la instauración de un permanente estado de excepción bajo la justificación de la existencia de amenazas globales para la seguridad nacional, lo que no deja de ser la antesala para una dictadura de escala planetaria en la que la fuerza militar y el empleo de la violencia, unido al miedo suscitado a la población a través de la proyección de amenazas difusas, son sus principales instrumentos para imponerse.

Publicado por Emboscado en 11:59:53
Comentarios

3 Responses to “LOS CONFLICTOS ARMADOS”

  1. Anónimo dice:

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