Viernes, Mayo 22, 2009

LA MANIPULACIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN OCCIDENTALES EN LAS GUERRAS DE YUGOSLAVIA


1. Introducción

 

Con el presente estudio se tratará de analizar la manipulación informativa llevada a cabo por los medios de comunicación occidentales durante las guerras de la antigua Yugoslavia, y de cómo esa manipulación ha tenido una instrumentalidad política para ofrecer una imagen favorable de los contendientes que se encontraban alineados con los intereses de Occidente, mientras que por el contrario se procedió a criminalizar a la otra parte, en este caso al pueblo serbio.

Como posible hipótesis se buscará en causas de orden espacial el origen de los intereses de las principales potencias implicadas en las guerras de Yugoslavia. De esta manera se intentará establecer una relación entre el espacio geográfico, los intereses de cada potencia y la instrumentalización de los medios de comunicación para justificar ante la opinión pública sus respectivas políticas exteriores.

El apoyo y la simpatía occidental hacia una determinada parte de los contendientes en las guerras yugoslavas responde a la manipulación y a la propaganda de los medios occidentales, los cuales proyectaron una imagen sesgada de los acontecimientos que estaban teniendo lugar en la región. Todo esto ha respondido a la estrategia política llevada a cabo por las potencias occidentales interesadas en el control de la zona y en la configuración de un mapa balcánico más acorde con sus intereses.

La estructura general del trabajo partirá de lo general y teórico, es decir, la justificación del método geopolítico para dilucidar las causas de orden espacial que se encuentran tras los intereses de las potencias, para llegar a lo particular y al caso práctico en el que validar todo el marco teórico previo.

Por tanto, en un primer lugar nos limitaremos a explicar la importancia del medio geográfico en la configuración de una determinada visión del mundo que condiciona y demarca las grandes líneas de la política exterior de las potencias. La geopolítica como instrumento de análisis y como marco teórico de referencia servirá, a su vez, para dotar de cierta coherencia a las estrategias que a lo largo de la historia han seguido las diferentes potencias en la región de los Balcanes occidentales.[1]

Posteriormente se realizará una breve exposición general de la historia de las relaciones internacionales en la región de los Balcanes occidentales, centrando la atención en la política que tradicionalmente han llevado los principales actores implicados en las crisis balcánicas de los 90. Todo esto servirá para contextualizar a nivel histórico y político las relaciones contradictorias que han operado sobre el terreno, y de cómo son la expresión de la lucha entre potencias con intereses geográficamente condicionados.

Finalmente nos ocuparemos de explicar cómo las diferentes potencias han utilizado los medios de comunicación internacionales para manipular a la opinión pública, y con ello crear una imagen favorable para determinados actores balcánicos aliados de los intereses occidentales. Se pondrá de manifiesto la instrumentalidad política de estos medios, lo que en gran medida ha servido a las grandes potencias para justificar sus respectivas políticas exteriores en la región. Todo esto ha ido en perjuicio del pueblo serbio, al cual se le ha criminalizado internacionalmente presentándolo como el único y principal culpable de las guerras que tuvieron lugar en la región, todo ello con el propósito de encubrir las causas y las auténticas implicaciones de las potencias occidentales en el origen de las últimas guerras balcánicas.

 

2. La geopolítica como instrumento de análisis de las Relaciones Internacionales

 

La primera dificultad que se nos presenta es la de ofrecer una definición clara y concisa de la geopolítica que permita la aplicación de sus aportaciones teóricas al estudio y análisis de las Relaciones Internacionales. En la medida en que este no es el objeto de estudio de la presente investigación procuraremos ser lo más prácticos posibles y nos conformaremos con la siguiente definición, ofrecida por Pierre M. Gallois, que por su amplitud es la que mejor sintetiza la naturaleza de esta disciplina: “|…| la geopolítica es el estudio de las relaciones que existen entre la conducción de una política de poder en el plano internacional y el cuadro geográfico en el que se ejerce”.[2]

La búsqueda para establecer la parte activa que ocupa la geografía en la determinación de los acontecimientos políticos e históricos mundiales ha caracterizado a la geopolítica, al mismo tiempo que ha servido para inspirar la estrategia política de las potencias aplicada al dominio del espacio continental y oceánico. De esta manera el espacio adquiere un carácter diferente, pues, además de constituir el soporte y el escenario de las acciones humanas, también condiciona la proyección exterior de los pueblos.[3] El espacio geográfico (por sus recursos, configuración, extensión y situación) impone un marco más o menos restringido a la política internacional de los Estados, la cual no deja de ser la expresión de una determinada visión del mundo impuesta, en mayor o menor medida, por la geografía.

La geopolítica se revela, entonces, como un método de estudio y análisis de la historia que sugiere un modelo de generalización cualitativamente diferente al de las demás disciplinas. La explicación que ofrece acerca de una realidad tan compleja, llena de correlaciones, confrontaciones, interdependencias y diversas contradicciones, da lugar a un marco teórico caracterizado por cierto grado de simplificación al ser la dimensión espacial el eje central en torno al que giran todos sus análisis. En cualquier caso la geopolítica reúne un amplio conjunto de saberes, pues combina un máximo de factores y elementos de toda índole para realizar sus análisis de la realidad mundial, además de tratar aspectos de gran importancia como pudieran ser, entre otros, las condiciones de habitabilidad de la tierra, la definición de las fronteras y la disponibilidad de recursos, cuestiones todas estas que influyen de manera decisiva sobre los Estados.[4]

Si bien podemos decir que la geopolítica incluye en sus análisis factores de diverso tipo, sus conclusiones son siempre de carácter político. En última instancia son las relaciones de poder entre Estados, condicionadas por el medio geográfico, las que nutren las conclusiones que emite la geopolítica. Estas mismas conclusiones informan a sus máximos beneficiarios: estadistas y gobernantes. La geopolítica sirve como guía para formular estrategias, orientar políticas y organizar la defensa y seguridad del Estado. Cualquier intento de estudiar las relaciones internacionales o la política exterior de los Estados será del todo incompleto si no incluye los análisis y las conclusiones de la geopolítica.

Pero la geopolítica también se ocupa de esclarecer a partir de sus aportaciones teóricas el trasfondo geográfico de cada civilización. La lógica geopolítica gravita en torno a la contradicción primordial entre los elementos Tierra y Mar, cada uno de ellos presenta rasgos particulares que dan lugar al desarrollo de formas de existencia histórica antagónicas. En cierto sentido la geopolítica ofrece causas de orden espacial al nacimiento y desarrollo de tipos de civilización y polos de poder, lo que de alguna manera remite a la vieja dicotomía Oriente-Occidente hoy un tanto en desuso.

La línea argumental que a continuación se va a exponer, y para la que se seguirá el criterio establecido por la lógica geopolítica, pretende explicar la significación geográfica de los Balcanes occidentales y su relevancia estratégica tanto en un plano meramente político, de relaciones de poder, como a un nivel civilizacional en la medida en que representa el punto de fricción y de encuentro (también de desencuentro) entre la civilización bizantina-ortodoxa y el universo católico-romano.

Como ya dijera en su momento Carl Schmitt: “el hombre es un ser terrestre, un ente terrícola”.[5] La naturaleza del Mar impide que se constituya en soporte para el desarrollo de la vida social y, por tanto, para el establecimiento de sistemas de valores jurídicos, éticos y sagrados. “La estrecha franja donde los dos elementos parecen separarse es la menos discutible de las fronteras: a un lado, la sociedad humana, al otro, lo desorganizado, lo inasimilable”.[6] Al Mar va asociada la homogeneidad de un elemento que parece al mismo tiempo móvil e inmóvil.

En lo que respecta a la caracterización de las sociedades marítimas Henri Pirenne señala que se trata de un tipo de sociedad

 

“|…| orientada hacia el intercambio económico, y por lo tanto, necesariamente influida por los pueblos respecto a los cuales mantiene relaciones constantes. El contacto de las ideas y las obligaciones que impone el comercio conducen, a pesar de los conflictos creados por la competencia, al liberalismo y |…| al cosmopolitismo. |…| Y la iniciativa que suscitan los negocios favorece el individualismo, tanto en el plano social como en el intelectual”.[7]

 

La Tierra, por el contrario, encarna la constancia y la estabilidad, por lo que sus confines pueden ser definidos con rigor. Sobre la Tierra se pueden establecer fronteras, demarcaciones, y con ello organizar el espacio, humanizarlo, pues ofrece sólidos fundamentos para establecer sistemas de valores sagrados, jurídicos y éticos sobre los que fundar toda forma de vida en sociedad.

La sociedad continental es, entonces, un tipo de

 

“sociedad constituida por un grupo social cerrado, que vive reflejado sobre sí mismo en una estrecha solidaridad política y religiosa, exclusivamente nacional; en ella el individuo se subordina por completo al grupo |…| Su riqueza esencial es la tierra; la única manera de aumentarla, la conquista”.[8]

 

De este modo Tierra y Mar dieron origen a sus propios polos de poder con la consolidación de universos civilizacionales opuestos en Oriente y Occidente a partir de la división del Imperio romano, realizada en términos geopolíticos por el emperador Teodosio en el año 395 d. C., y consumada a nivel espiritual y civilizacional en el año 1054 con el cisma de la Iglesia y su división en católica-romana y bizantino-ortodoxa.

En este contexto los Balcanes occidentales quedaron divididos por los ámbitos de influencia de Oriente y de Occidente convirtiéndose en el campo de batalla de ambos polos de poder. “Esto convierte a la región en un lugar de tensiones continuas, donde las potencias occidentales y orientales trazan sus esferas de hegemonía e influyen decisivamente en el desarrollo político, histórico, económico y cultural de los pueblos balcánicos”.[9]

Si los romanos civilizaron a los germanos, de entre los que los anglosajones pasaron a ser el núcleo central del modelo de civilización marítima y occidental, los griegos bizantinos civilizaron a los eslavos de los que los rusos constituirían el núcleo del modelo de civilización continental.[10]

Estas diferencias han sido fundamentales ya que el Mar, a través de los anglosajones, conformó su modelo civilizacional en el occidente europeo, y concretamente en torno a las islas británicas, logrando posteriormente alcanzar una dimensión atlántica. La Tierra, a través de los eslavos y más particularmente a través de los rusos, estableció su modelo de civilización continental sobre la estepa para más tarde, por medio de la conquista y de la ampliación de los territorios limítrofes, alcanzar una dimensión euroasiática.

Tradiciones religiosas-espirituales diferentes implicaron trayectorias históricas, políticas y sociales distintas. A los rasgos propios de cada tipo de sociedad, ya sea continental o marítima, antes señalados hay que incluir la naturaleza del poder en cada caso. Mientras que en Occidente se produjo una secularización del Estado y la sociedad y con ello una separación entre la Iglesia y el Estado, en Oriente nos encontramos con la “sinfonía de los poderes” en la que “|…| el poder temporal (el «Basileus», el «César» o «Zar») y el poder espiritual (el Patriarca) coexisten en una relación rigurosamente definida |…|”.[11] Por decirlo de otro modo, “el catolicismo rompía así con la providencial armonía entre el dominio temporal y el dominio espiritual y, según la doctrina ortodoxa, cayó así en la herejía”.[12] “El Oriente tiende en dirección opuesta; desea mutar el Estado en Iglesia. El cesaropapismo es sólo una etapa en el camino a través del cual lo profano debe ser santificado”.[13]

Todo esto refleja mentalidades totalmente diferentes, opuestas si se quiere, que son el fundamento de los posteriores conflictos balcánicos en los que la religión desempeñó un papel fundamental[14], pero tras el cual existe todo un trasfondo histórico, espiritual, civilizacional y hasta geopolítico. Estas diferencias serán utilizadas posteriormente por Occidente en su propio provecho durante las guerras yugoslavas, donde los Balcanes serán una vez más el punto de fricción entre universos contrapuestos. La región balcánica es donde las potencias de Oriente y Occidente dirimirán sus respectivas diferencias.[15]

Juntamente con esto se encuentran unas implicaciones estratégicas cruciales ya explicadas por Mackinder: “Quien gobierne Europa Central dominará el heartland; quien gobierne el heartland dominará la isla mundial; quien gobierne la isla mundial dominará el mundo”.[16] Sin lugar a dudas esto pesó mucho en las principales nociones geopolíticas de Alemania para la elaboración de su política exterior, y más concretamente para la construcción de su Mitteleuropa. Todo esto servirá a continuación para comprender el sentido de las alianzas que operaron históricamente en esta región balcánica, y de cómo los intereses de Occidente siguen todavía muy presentes en una zona a medio camino entre Asia y Europa.

 

3. Apuntes históricos sobre los Balcanes

 

El año 1389 marca la derrota serbia frente al imperialismo turco y con ello se sella el destino de los Balcanes marcado desde entonces por la ocupación y dominación extranjera. La hegemonía turca en los Balcanes comenzó a declinar en el s. XVII cuando ya era patente su debilidad, circunstancia que aprovechó Austria para aumentar sus territorios en la zona. La región quedó dividida entre ambos imperios hasta mediados del s. XIX.

Hasta el s. XVII el dominio otomano llegaba hasta Eslavonia y Croacia oriental, mientras la costa de Dalmacia pertenecía a Venecia. Para finales de este mismo siglo XVII los turcos fueron expulsados de Croacia y establecieron Bosnia como principal feudo en la región. A este respecto señalar que en 1718 se firmó el tratado de paz en Požarevac con el que el Imperio otomano perdió la mayor parte de sus posesiones en los Balcanes occidentales.

Pero ya desde el año 925, en el que el príncipe croata Tomislao se vinculó a la Iglesia de Occidente con el propósito de obtener el apoyo del Papa para ser reconocido como rey, se produjo la promoción de la presencia de la Iglesia romana hasta el punto de imponer el catolicismo junto al idioma y alfabeto latinos. Tanto Croacia como Eslovenia quedaron insertas en la esfera de hegemonía occidental a través de Austria, Hungría, Venecia y Alemania. De esta manera una parte de los eslavos meridionales quedaron supeditados a Occidente.

Los 500 años de ocupación otomana marcarán la diferencia entre aquellos eslavos que histórica y políticamente estuvieron integrados en la esfera oriental de los que permanecieron en la occidental. En este contexto y con la progresiva descomposición del imperio otomano, Austria-Hungría fue ocupando el vacío de poder dejado por los otomanos al mismo tiempo que entraron en escena nuevos competidores que cuestionaron el reparto territorial: por un lado el renacimiento nacional serbio y la creciente presencia e influencia de Rusia en su búsqueda de una salida al Mediterráneo.

No hay que perder de vista el hecho de que en muchas ocasiones los Balcanes sirvieron como moneda de cambio en las negociaciones de las potencias. En este sentido Austria-Hungría tuvo que enfrentarse al renacimiento de los nacionalismos, sobre todo el serbio, a la progresiva y paulatina retirada de los otomanos, y al creciente interés ruso por aprovechar la situación de cara a sus particulares intereses. Dicho esto, cabe añadir que las diferencias que a nivel civilizacional, histórico y religioso existían entre los diferentes pueblos de la región sirvieron como detonante de las diferentes crisis que se produjeron, y por tanto fueron instrumentalizadas por los diferentes polos de poder en Oriente y Occidente.

Pero es en 1878 cuando gracias a la guerra ruso-turca Serbia y Bulgaria alcanzaron su independencia. El origen de esta guerra que hizo posible el reconocimiento oficial de Serbia como Estado independiente se encuentra en la dura represión sufrida por los eslavos a manos de los turcos en 1875. Así pues, Rusia, motivada en parte por el sentimiento de solidaridad eslavo y por el deseo de controlar los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos[17], emprendió una guerra que tuvo como consecuencia un triunfo inmediato de las pretensiones rusas sobre el imperio otomano que se plasmaron en la paz de San Stéfano. Debido a todo lo anterior la intervención británica no se hizo esperar para frenar la creciente influencia rusa, lo que dio lugar a la celebración del famoso Congreso de Berlín en 1878 presidido por Bismarck.

Los acuerdos finales del Congreso de Berlín consolidaron las rivalidades entre Rusia y Austria-Hungría en la región de los Balcanes. Esta última salió sumamente beneficiada al recibir el encargo de ocupar y administrar Bosnia-Herzegovina y al mismo tiempo ocupar el distrito recién creado de Novi Pazar situado entre Serbia y Montenegro. Como se ve, en la medida en que el imperio otomano perdía peso como actor en los Balcanes en su lugar, en representación de Oriente y, sobre todo, de la civilización ortodoxa, fue Rusia la que adquirió un mayor peso respondiendo a motivaciones geopolíticas y religiosas-culturales.

Tras la retirada otomana los Balcanes continuaron siendo el punto de fricción y desencuentro entre dos universos opuestos, por un lado Oriente y por otro Occidente. Rusia, como máximo exponente de Oriente promovió el nacionalismo y la formación de un Estado común para los eslavos meridionales, lo que iba en claro perjuicio de los intereses de Austria-Hungría en la zona, que veía los nacionalismos como una amenaza a su hegemonía y un instrumento de Rusia para llegar al Mediterráneo.

Es importante señalar que, al mismo tiempo que se producían estas rivalidades internacionales, en el seno de Serbia existía una clara competencia entre las dos líneas dinásticas, por un lado los Obrenovic y por otro los Karagjorgjevic. Rusia había despertado grandes simpatías para el nacionalismo serbio, pues gracias a su guerra con los otomanos Serbia consiguió su reconocimiento como Estado independiente. Sin embargo, la casa de los Obrenovic tendió a buscar alianzas con Austria-Hungría, lo que no fue del agrado de la población ni del ejército ya que subordinaba la política serbia a la de los Habsburgo. Esta situación concluyó con un golpe de Estado en 1903 que restituyó a los Karagjorgjevic en la jefatura de Estado, favorables a buscar una alianza con Rusia para disminuir la influencia austrohúngara y otomana. Desde entonces se impulsó un movimiento nacionalista yugoslavo con el objetivo de unir a todos los eslavos meridionales en torno a la corona serbia, lo que produjo la consecuente enemistad de Austria-Hungría que encontró en la muerte del archiduque Francisco Fernando la excusa perfecta para invadir el país.

Para las potencias occidentales nunca fue aceptable la posibilidad de que existiera un Estado serbio que abarcara la mayor parte de los Balcanes. Ello podía significar la presencia de un vasallo de Rusia y ponía en peligro los intereses de Alemania y Austria-Hungría. Hay que destacar que ya en 1903 Alemania había obtenido la concesión de Turquía para la construcción de un ferrocarril de Berlín a Bagdad, unido a los derechos de explotación de las zonas petrolíferas a 30 kms a uno y otro lado del trazado, por lo que era Serbia el principal obstáculo para las aspiraciones hegemónicas de Alemania en Europa.[18]

Es ampliamente conocida la aspiración alemana de conseguir el status de potencia mediante su hegemonía en el centro del continente europeo. Mitteleuropa ha sido la parte de Europa situada entre Oriente y Occidente codiciada por Alemania y en la que  ha situado históricamente el centro de gravedad de sus intereses. Esta circunstancia ha desarrollado una tendencia hacia la consecución de la hegemonía del país germano en el corazón del continente que, como veremos más adelante, no ha desaparecido todavía sino que sigue presente en su política exterior y se corresponde con su órbita de intereses especiales geopolíticos. Esta concepción alemana de Europa considera que “dominar los Balcanes es un medio para dominar Europa”.[19]

 

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La estrategia alemana en los Balcanes ha tendido a fomentar la germanización y a reforzar el catolicismo como herramienta religiosa y cultural de movilización etnonacional que, tanto en la Segunda Guerra Mundial como en las guerras de la extinta Yugoslavia, han tenido un carácter muy funcional para los intereses de Alemania de cara a hacer valer su influencia y hegemonía frente al mundo ortodoxo.

La creación de Estados alineados con los intereses alemanes para impedir una hegemonía serbia en los Balcanes que, a su vez, pudiera significar una presencia rusa en la región, ha sido parte de la estrategia alemana. Un claro ejemplo fue la creación del primer Estado croata en 1941, unido a las relaciones de dependencia económica creadas durante los años 30 a la primera Yugoslavia.[21]

Durante la guerra fría Yugoslavia mantuvo una posición política ambigua y difusa que se debió en gran medida a su posición geopolítica a medio camino entre el Este y el Oeste, por lo que la nueva estructura de poder mundial surgida tras la guerra la condicionó en materia internacional, y propició su no alineamiento con ninguno de los bloques.

Todo esto servirá para confirmar la significación geopolítica de los Balcanes sintetizada por San Sava, según el cual “Oriente pensaba que éramos Occidente y Occidente que éramos Oriente… Pero nosotros estamos predestinados para ser el Oriente en Occidente y Occidente en Oriente…”.[22]

 

4. La criminalización del pueblo serbio por los mass-media occidentales

 

A continuación vamos a explicar los intereses geopolíticos y económicos en juego que propiciaron las guerras en Yugoslavia, así como el grado de involucración de las diferentes potencias. Una vez expuestos los intereses que había tras las guerras se procederá a abordar cómo se llevó a cabo la manipulación que a nivel mediático criminalizó al pueblo serbio con el objetivo de ofrecer una imagen más favorable de aquellos contendientes alineados a los intereses occidentales, y al mismo tiempo para justificar la intervención extranjera sobre la región.

 

4.1 Los intereses de las potencias en las guerras balcánicas

 

El propio Pajovic subrayó las variables geopolíticas exógenas en las raíces últimas del conflicto de los Balcanes.[23] En lo que a esto respecta es interesante destacar que históricamente la mayor parte de las guerras en la región tuvieron un origen externo, es decir, fueron el resultado de los conflictos entre alianzas extranjeras y los juegos de equilibrios de las grandes potencias. Asimismo, y juntamente con esto, se encuentra el valor estratégico y militar de los Balcanes como medio para el control de las comunicaciones entre Europa y Próximo Oriente.[24] También es importante tener en cuenta que los propios Balcanes han sido considerados el puente directo de Europa a Asia, lo que ha servido a las potencias para su proyección a Oriente Próximo.

Debido a la creciente ruptura económica interna entre las diferentes repúblicas y a la fragmentación del mercado, se produjo una tendencia general por la que cada república contaba con su propio comercio exterior al margen de la federación, hasta el punto de que estos intercambios sobrepasaron los que existían entre las repúblicas. Dato interesante es el hecho de que los eslovenos crearon en 1978 la Comunidad Alpes-Adria con Austria, la RFA, Hungría e Italia.[25] Unido a esto también se dio un derecho de fiscalización sobre las divisas, por lo que cada república hacía acopio de estas por su propia cuenta.[26]

Pero lo que indudablemente pesaba sobre Yugoslavia era la deuda exterior de 21.000 millones de dólares, por lo que para evitar una bancarrota el Estado federal debió aceptar las condiciones del FMI y potenciar las exportaciones en detrimento del abastecimiento local.[27]

Las implicaciones de Alemania en este conflicto resultan bastante evidentes si tenemos en cuenta la penetración económica de la CEE en el mercado yugoslavo con un 37% de las importaciones y un 38% de las exportaciones, de las que la mitad correspondían a Alemania, frente a los EE.UU. que se situaba en un 5% en las importaciones y un 7% en las exportaciones. Además de esto la industria yugoslava dependía en un 50% de la maquinaria alemana. En Eslovenia, por ejemplo, existían a principios de los 90 más de 150 sociedades alemanas que controlaban el 70% del comercio. Resulta bastante evidente que existían importantes intereses económicos alemanes comprometidos en la región, lo que, en definitiva, respondía a un claro plan para asegurarse primero el control económico, luego el político y por último el militar. Se entiende que el rápido reconocimiento de la independencia de las repúblicas de Eslovenia y Croacia respondía a la estrategia de afianzar su dependencia económica, pues económicamente se debilitaron al perder las fuentes de materias primas baratas procedentes de otras repúblicas yugoslavas.[28]

También hay que tener muy presente que las repúblicas que mayor aportación al PIB de la federación hacían en 1989 eran Eslovenia, con un 21%, y Croacia, con un 25%.[29] Esto era, a su vez, el reflejo de las desigualdades económicas que se daban en el interior de Yugoslavia, y que dada la dependencia de estas repúblicas con respecto a las inversiones extranjeras se hace comprensible que Alemania estuviera muy interesada en su independencia. A este respecto es interesante destacar cómo históricamente los centros económicos han querido erigirse en un momento dado también en centros políticos, por lo que las aspiraciones nacionalistas en estas repúblicas guardaban relación con las desigualdades económicas, pues a nadie le gusta tener que compartir su dinero. La existencia de un Fondo de Solidaridad a nivel federal para impulsar el desarrollo de las regiones más deprimidas de Yugoslavia fue muy criticado al ser visto por las repúblicas más ricas como una forma de derroche.[30]

Asimismo, es interesante señalar el mapa geopolítico de los intereses alemanes para comprender el alcance de estos sobre el conjunto del continente.

 

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Finalmente, hacer referencia a cómo Alemania estaba interesada en que se produjera una guerra en Yugoslavia. Acerca de esto son bastante clarificadoras las afirmaciones del general francés Gallois en 1991 en las que decía:

 

“Desde principios de este año; y sin duda antes, Alemania armaba a Croacia a través de Italia, Hungría y Checoslovaquia. Más de 1.000 vehículos transportaron armas ligeras y también misiles anticarro y antiaéreos, municiones y talleres de reparación, por lo que parece evidente, que al menos 6 meses antes de los combates ya se habían producido masivas entregas de armas”.[32]

 

Pero el periodista belga George Berghezan aporta más información al respecto en un estudio realizado sobre las violaciones al embargo de armas establecido sobre la antigua Yugoslavia:

 

“Se revela la eficaz utilización de armamento anticarro del tipo Armbrust contra los tanques del ejército yugoslavo. Se trata de un sistema fabricado hasta principios de los años 80 por la empresa Alemana Messerschmitt-Bolko Blohm (MBB) filial de Mercedes Benz”.[33]

 

Pero a esto hay que agregar la significación que tuvo para la estabilidad de Yugoslavia el reconocimiento inmediato por parte de Alemania de la independencia de estas repúblicas (en las navidades de 1991 se hizo efectivo ese reconocimiento, y el 13 de enero de 1992 el Vaticano hizo lo mismo). Por ejemplo, el secretario de asuntos exteriores norteamericano, Warren Christopher, señalaba en verano de 1993 que “los alemanes tienen una particular responsabilidad. Los problemas que actualmente tenemos allí empezaron con el reconocimiento de Croacia”.[34] Incluso el propio ministro francés de asuntos exteriores, Roland Dumas, afirmaba que “por sus presiones a favor de la independencia de Croacia y de Bosnia, las responsabilidades de Alemania y el Vaticano son aplastantes”.[35] Estas presiones forzaron a los demás países de la CEE a reconocer de manera precipitada a las repúblicas de la ex-Yugoslavia el 15 de enero de 1992.

Por otra parte también se ha llegado a sugerir la posibilidad de que las mismas repúblicas que proclamaron la independencia lo hicieron porque sabían que Alemania iba a proceder a reconocerlas de manera inmediata.[36]

A continuación vamos a analizar cómo se desarrolló la manipulación informativa por parte de los medios de comunicación occidentales con una clara intencionalidad política, la cual sirvió para crear una opinión pública internacional favorable a la intervención occidental en la antigua Yugoslavia.

 

4.2 La manipulación informativa de los medios de comunicación occidentales: la criminalización del pueblo serbio

En este apartado vamos a abordar en primer lugar la estrategia de comunicación en su proyección internacional que siguieron los países que se independizaron de la antigua Yugoslavia. Después de esto nos ocuparemos del tratamiento de la información y de los acontecimientos que tenían lugar sobre el terreno por los medios occidentales, lo que servirá para poner de manifiesto su clara tendenciosidad. Asimismo, también trataremos algunos casos relevantes de clara manipulación, y ello contribuirá a demostrar la intencionalidad política que existía con el objetivo de condicionar a la opinión pública internacional y ganar su simpatía para un determinado bando. Finalmente, se hará un análisis de la propaganda de guerra llevada al cine y cómo ha contribuido a producir una imagen negativa de los serbios.

 

4.2.1 Estrategias de comunicación e imagen de los gobiernos de Croacia, Bosnia-Herzegovina y Eslovenia

 

Tanto el gobierno de Croacia como el de Bosnia-Herzegovina contrataron los servicios de la firma de relaciones públicas Ruder & Finn Public Relations con sede en Washington. En el caso croata desde agosto de 1991 hasta junio de 1992 con el propósito de vender la imagen de una Croacia débil frente a los agresores serbios, que desempeñarían el papel de malos con la destrucción de ciudades históricas.[37]

Las afirmaciones del director de la oficina de relaciones públicas señalada, James M. Harff, son bastante reveladoras en cuanto a su actividad:

 

“…nuestro oficio consiste en diseminar la información, hacerla circular lo más rápido posible para que las tesis favorables a mis causas sean las primeras en ser expresadas… Desde el momento en que una información es buena para nosotros nos esforzamos por anclarla enseguida en la opinión pública… Es la primera información la que cuenta, los desmentidos no tienen ninguna eficacia… Nuestro trabajo no es verificar la información… es acelerar la circulación de informaciones que nos son favorables… No nos pagan para hacer moral”.[38]

 

Esta forma de manipulación contribuye a condicionar a la opinión pública y a crear un clima favorable para los intereses de un determinado bando, y en el caso de las guerras en la antigua Yugoslavia sirvió para criminalizar al pueblo serbio. Pero esto no es todo, Harff añadía: “Nuestra tarea es acelerar la circulación de las noticias que son favorables para nosotros y guiarlas hacia círculos cuidadosamente escogidos”.[39] Naturalmente los gobiernos, tanto el croata como el bosnio, utilizaron estas agencias para surtir a los medios occidentales de información tendenciosa y manipulada que les era favorables. Posteriormente los medios internacionales, generalmente sin verificar la información, se hicieron eco de estas versiones.

También es importante resaltar la ayuda externa que recibió el gobierno croata por parte de los Estados Unidos para implementar toda su estrategia de comunicación e imagen. El Congreso norteamericano, a través de la Fundación de los Derechos Humanos, hizo un importante desembolso para apoyar a Croacia en su campaña mediática. Así, según Edith Gamier en el periódico Le quotidien “50 millones de dólares fueron invertidos por el lobby croata para su «marketing» mediático antiserbio, sin contar los millones de dólares de los países árabes para promover la causa de los Musulmanes bosnios. Kuwait |…| ofrece graciosamente más de 20 millones de dólares |…|”.[40]

La línea general que se siguió desde el gobierno croata fue forzar la intervención militar del ejército federal para poder presentarse ante el mundo como víctimas de una guerra en la que los serbios eran identificados como comunistas, mientras que Croacia se presentaba como una democracia al estilo occidental. Como explica Marta González San Ruperto “en Croacia, a diferencia de Eslovenia, la estrategia de comunicación no completaba la militar sino que trataba de sustituirla”.[41] Además de esto también se procedió a aprovechar la destrucción del patrimonio histórico para conseguir un fuerte impacto propagandístico sobre la opinión occidental, unido también al sufrimiento de la población civil.

El gobierno croata supo centralizar toda la información de la que iba proveyendo a la prensa internacional a través del Foreign Press Bureau que proporcionaba boletines diarios, de elaboración propia, o bien resúmenes de las noticias más destacadas de los medios croatas, tanto en croata como en inglés.

Tampoco hay que olvidar que con el triunfo del HDZ liderado por Tudjman se produjeron importantes recortes en la libertad de prensa en Croacia, sobre todo si tenemos en cuenta que la mayor parte de los medios quedaron en manos gubernamentales o sometidos a un fuerte control por parte del gobierno.[42]

En el caso de Bosnia la contratación de Ruder & Finn Public Relations el 23 de junio de 1992 dio lugar al conocido como Bosnia Crisis Communication Center que tenía por objetivo presionar para implicar a los EE.UU. en la crisis, lo cual consiguió con su estrategia de marketing en los medios de comunicación norteamericanos, pero también británicos y franceses. La imagen que vendieron las autoridades bosnias fue la de presentarse como los defensores de un país multicultural y multiétnico. El gobierno de Izetbegović supo llevar a cabo una propaganda de atrocidades a través de las violaciones y los campos de detención. Para los primeros meses del año de 1993 se consiguió decantar a la opinión pública internacional del lado bosnio musulmán.[43]

La estrategia bosnia estaba dirigida a ganarse a la opinión pública para lograr una intervención internacional. Con el claro propósito de manipular a los medios occidentales en su beneficio se crearon Bosnia Press, que informaba de todas las actividades del gobierno y la presidencia, y la Armija Press que era la agencia del ejército. Pero lo más llamativo y significativo es el hecho de que se potenciara el uso del término “campos de concentración” para denominar a los lugares donde se encontraban recluidos los prisioneros de guerra capturados por el ejército serbio. A nivel propagandístico sirvió para establecer una analogía con la que identificar a los serbios con el nazismo. La participación y apoyo de organizaciones sionistas como B’nai B’rith, Anti-Defamation League, American Jewish Committe y American Jewish Congress en la difusión de la propaganda bosnia fue significativa para granjearse el apoyo de la opinión pública como relata James Harff:

 

“La entrada en juego de organizaciones judías a favor de los bosnios fue un extraordinario golpe de efecto. En seguida pudimos hacer que la opinión pública asociara serbios y nazis. La situación era compleja y nadie comprendía lo que pasaba en Yugoslavia, pero de un plumazo nosotros conseguimos presentar el asunto de forma simple, con buenos y malos. Muy pronto la prensa cambió radicalmente su lenguaje, empleando términos de gran valor emotivo como purificación étnica, campos de concentración, etc… evocando la Alemania nazi, las cámaras de gas y Auschwitz. La carga emotiva era tan fuerte que nadie podía ponerse en contra sin ser acusado de revisionista”.[44]

 

A lo anterior se sumó la propaganda acerca del número de víctimas. Para aprovechar el tirón mediático de los “campos de concentración” el gobierno bosnio comenzó a exagerar el número de muertos. Así pues, se llegó a hablar de 200.000 muertos, cifra que rápidamente repercutió en la prensa occidental sin llevar a cabo ninguna verificación de la información ni de las fuentes. Hasta diciembre de 1992 únicamente había 17.466 víctimas confirmadas. Pero a esto también se sumaron las violaciones para crear un mayor victimismo y repercusión mediática, de manera que el gobierno bosnio llegó a hablar de 50.000 violaciones que partían de informes que contaban con claras deficiencias en su elaboración y cuyas conclusiones se llevaron a cabo a través de extrapolaciones de entrevistas realizadas a un reducido número de mujeres. Sin embargo, el informe de las Naciones Unidas hablaba de no más de 200 casos verificados.[45]

Es significativo lo comentado por Christine Cleiren: “Según múltiples indicios, la violencia sexual ha sido utilizada por las partes en conflicto como un elemento de su propaganda. La información contenida en los informes era de segunda o tercera mano y la mayoría era de carácter muy general”.[46]

El victimismo bosnio fue ampliamente explotado por las autoridades y ello le reportó amplias simpatías en el mundo entero. Al respecto, el General Morillon, comentó al periódico checo Lidove Novety: “…El régimen bosnio quiere seguir manteniendo Sarajevo como punto de convergencia de la benevolencia mundial e impide que la FORPRONU consiga un cese al fuego”.[47]

Por último, y en lo que se refiere al caso de Eslovenia señalar que desde el gobierno se intentó crear un clima que justificase el apoyo internacional a la nueva república, de manera que tal como comentó el periodista Alfonso Rojo “supieron capitalizar magistralmente que sólo hacía tres meses había concluido la guerra del Golfo”, lo que sirvió para que Milosevic pudiera ser comparado con Saddam Hussein.[48]

 

4.2.2 La manipulación de los medios de comunicación occidentales

 

Desde un principio la posición de la mayor parte de los medios de comunicación occidentales fue claramente anti-serbia. Esto se fue haciendo cada vez más patente en el tratamiento de la información, de la que generalmente no se verificaban las fuentes ni la autenticidad de los datos, y la imagen ofrecida de los serbios era premeditadamente negativa. Pero esta manipulación también se reflejó en la omisión y silenciamiento de aquellas noticias en las que los serbios eran víctimas de las limpiezas étnicas croatas o bosnias.

En el caso de Krajina, región poblada en su mayoría por serbios pero dentro del territorio de la república de Croacia, su población, cerca de 500.000, fueron expulsados por la fuerza o simplemente asesinados gracias a la rápida victoria militar croata. Pero la campaña militar croata apenas fue tratada en los medios occidentales, y cuando lo fue se presentó como una operación militar sin victimizar a la población serbia desplazada y sin calificar los acontecimientos como una limpieza étnica.[49]

Pero también fueron ignorados los acontecimientos que tuvieron lugar a lo largo de 1991 y el primer semestre de 1992 en Croacia, donde se destruyeron un centenar de iglesias ortodoxas, y se produjo la limpieza étnica de 150 aldeas en la Eslavonia occidental.[50]

A nivel general las posiciones estaban bastante bien definidas para los medios occidentales: los serbios eran los agresores, los bosnios las víctimas y de los croatas apenas se hablaba. Los medios de comunicación estadounidenses se inclinaron desde un principio del lado bosnio en todo el conflicto. Lo mismo ocurrió con los medios franceses, como Le Monde, Le Figaro y TF1 que apoyaron abiertamente a los bosnios y lanzó fuertes críticas contra los serbios desplegando una imagen bastante negativa de estos. Algunos intelectuales como Alain Finkielkraut o Bernard-Henri Lévy junto a André Glucksmann y Jean Baudrillard adoptaron una actitud crítica con los serbios y no dudaron en defender la independencia de las diferentes repúblicas por las cuales tomaron partido, además de convertir Sarajevo en símbolo de la resistencia a la barbarie y a la intolerancia serbia.

En Alemania los medios de comunicación y los políticos de los principales partidos mantuvieron una línea bastante clara en la defensa de las independencias de Eslovenia y Croacia. El discurso antiserbio se adueñó de todos los medios, y lo mismo cabe decir de Austria, donde se desplegó toda una campaña mediática antiserbia.

Un caso significativo de la manipulación lo representó la muerte de 22 civiles en la cola de una panadería en la calle Vase Miskina en Sarajevo a causa de una explosión. Aún pese existir bastantes dudas y controversia en torno a la autoría de la masacre los medios occidentales se apresuraron a culpar a los serbios. El periódico londinense The Independent denunciaba que en el lugar de los hechos no había ningún cráter de los que podía producir una granada de mortero como se dijo en un principio, y que según las investigaciones de las Naciones Unidas se trataba de un ataque realizado por los bosnios. Asimismo, según un informe confidencial de la ONU elaborado por Shannon Boyd, la matanza podría haber sido causada por un disparo bosnio y no serbio. El propio General Mackenzie afirmó que la mayoría de los muertos eran serbios, y manifestó que el hecho se produjo en extrañas circunstancias debido a que previamente habían cortado el tráfico en la calle y los medios ya estaban con antelación en el lugar.[51]

Algo similar ocurrió en el mercado Markala de Sarajevo en agosto de 1995 en el que murieron 35 civiles. Este acontecimiento coincidió en un momento en el que las potencias occidentales se estaban planteando el uso de la fuerza contra los serbios a través de operaciones aéreas. Nada más ocurrir esta masacre se culpó a los serbios y se tuvo el pretexto perfecto para lanzar un ataque pese a que la responsabilidad de los hechos tampoco estaba clara. Se produjeron cinco explosiones de las que únicamente cuatro eran atribuibles a los serbios, pero la quinta que fue la que causó las víctimas civiles provenía de otras posiciones, probablemente bosnias, según la investigación llevada a cabo por un oficial francés y otro británico.[52]

Otra clara muestra de manipulación fue el caso del artículo “Like Auschwitz” escrito por Roy Gutman para el periódico Newsday y publicado el 21 de julio de 1992 en el que se trataba de dar a conocer los campos de concentración serbios, los cuales eran comparados con los creados en su momento por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. El artículo aparecía ilustrado con la fotografía de un prisionero esquelético tras una alambrada de espino. Se dijo que era un musulmán víctima de las atrocidades serbias. Finalmente resultó ser Slobodan Konjevic, serbio, reconocido por su hermana, detenido por robo y que desde hacía 10 años sufría tuberculosis.[53]

Un caso no tan notorio pero no por ello menos real fue el de una mujer serbia violada cuya fotografía reprodujo un periódico estadounidense presentándola como musulmana. Esta mujer había sido previamente identificada como serbia por un periódico canadiense.[54]

Mientras se daba credibilidad a la información y a las versiones ofrecidas por las autoridades de las repúblicas de Croacia o Bosnia-Herzegovina, se silenciaba completamente cualquier información que proviniera de Belgrado. Y la mayor parte de las veces no se decía nada acerca de los crímenes cometidos por croatas o bosnios, o en el mejor de los casos se mencionaban pero bajo términos como “operación militar”, etc.;  sin embargo se magnificaban, exageraban o incluso inventaban los crímenes cometidos por los serbios.

El famoso cerco de Vukovar se presentó a la opinión pública como una masacre llevada a cabo por los serbios. Sin embargo parece ser que los hechos fueron distintos a como se contó en un primer momento, y que ello únicamente formaba parte de una campaña de desinformación e intoxicación. Así pues, Vukovar estaba compuesto en su mayoría por serbios y musulmanes, pero la ciudad fue el teatro de operaciones de paramilitares croatas que, según Gregory Copley en la revista británica Defense and Foreign Affairs Strategy Policy, eliminaron físicamente a al menos mil serbios. Daniel S. Schiffer también viene a confirmar esta versión de los hechos.[55]

Asimismo, parece que los medios occidentales no se hicieron mucho eco de las invasiones croatas sobre territorio bosnio, ni tampoco de los crímenes que allí estaban cometiendo contra la población musulmana. Es interesante el artículo del miembro de la cámara de los comunes, David Faber, publicado en el Times de Londres:

 

“|…| Mientras que la gran mayoría de los serbios de Bosnia viven allí, a menudo combatiendo a pocos metros de sus casas, Croacia envió a Bosnia un ejército profesional… en realidad, una fuerza de invasión que, según algunos observadores cuenta con 65.000 hombres (incluidos los croatas de Bosnia). Han sido bien entrenados, están armados (esencialmente con material que viene de la Alemania del Este). La bandera croata ondea ahora sobre el 20% del territorio bosnio. A pesar de esta anexión brutal… sigue siendo inexplicable que Croacia no sea sancionada |…| Alemania se opuso a estas sanciones…”[56]

 

El propio Peter Brock señala en Foreign Policy:

 

“en la guerra civil yugoslava la prensa misma fabricó una gran parte de las malas noticias… El objetivo era claramente forzar a los gobiernos a intervenir militarmente”. “…Las empresas de relaciones públicas de Washington Rudder Finn y Hill & Knowlton Inc. fueron los primeros agentes que manipularon a la opinión pública, lanzando proclamas mediáticas y políticas y obteniendo centenares de miles, o puede que millones de dólares por representar los intereses de las Repúblicas hostiles –a veces dos de ellas a la vez”.[57]

 

Pero desde los EE.UU. también se llevó a cabo una campaña de desinformación cuyo origen se le ha atribuido a los servicios secretos que utilizaron las páginas del New York Times el 24 de enero de 1993 para revelar la existencia de 135 campos de concentración, la mayor parte bajo control de Belgrado, y en los que supuestamente había 70.000 detenidos. Rápidamente la prensa mundial se hizo eco de la noticia. Sin embargo, la Cruz Roja Internacional, diez días antes de que esa noticia saliera a la primera plana internacional, tenía la cifra de 2.557 prisioneros, de los que 1.333 habían sido detenidos por los serbios, y el resto por los musulmanes y croatas de Bosnia repartidos en 18 campos.[58]

También es importante el papel que los medios de comunicación occidentales han desarrollado con motivo de la guerra de Kosovo, y cómo se ha fabricado en la opinión pública la idea de que Serbia estaba llevando a cabo un genocidio contra la población albano-kosovar. En este caso concreto es llamativo ver cómo Alemania a nivel internacional condenaba un genocidio que a nivel interno, dentro de su administración, negaba que existiera. Acerca de esto son reseñables los extractos de los documentos secretos internos del ministerio de asuntos exteriores de Alemania publicados por el periódico Junge Welt el 24 de abril de 1999.[59]

 

4.2.2.1 Los medios españoles en la guerra de Yugoslavia

 

Los medios de comunicación españoles, en general, mantuvieron la misma línea que los demás periódicos y cadenas de televisión occidentales. Se dieron bastante cabida a los leit motivs de las propagandas eslovena, croata y bosnia musulmana. También es interesante observar cómo el periódico ABC, por aquella época dirigido por Luis María Ansón, hacía aparecer sistemáticamente el término “serbio” con el epíteto “comunista”.[60]

Fue precisamente el ABC el periódico que tomó partido de manera más activa contra los serbios, mientras los católicos croatas contaban con todas sus simpatías. El País, a su vez, también se mostró antiserbio pero incluyó críticas a los croatas, mientras que El Mundo pidió a sus enviados historias que buscaran el lado sensacionalista de las noticias. En cuanto a los periódicos catalanes la línea no fue muy diferente con claras muestras de simpatía hacia Eslovenia y Croacia. En general todos los periódicos veían con simpatía las independencias de las repúblicas balcánicas, y en lo que se refiere a las clasificaciones de los bandos enfrentados en un principio hablaron de fuerzas “secesionistas” en referencia a croatas y eslovenos, para posteriormente denominarlas “fuerzas croatas” o en su caso “ejército federal”.

Como el propio Alejandro Pizarroso destaca, los medios españoles fueron un instrumento más de la propaganda croata al centrarse en la destrucción del patrimonio histórico por las fuerzas militares de la federación, y también en los sufrimientos de la población civil. Además de esto se tendía a identificar a eslovenos y croatas con democracia, mientras que a los serbios se les identificaba con el comunismo. Un claro caso de toma de partido a favor de los croatas son las crónicas de Julio Fuentes en El Mundo en las que alababa a los “valientes soldados croatas” y no dudaba en soltar feroces ofensas contra la “brutalidad del Ejército Federal”. Un claro ejemplo:

 

“Muy pocos apuestan ya por Osijek, ni siquiera los valientes soldados croatas dispuestos a morir en su defensa [...]. Docenas de estos jóvenes y valerosos soldados mueren a diario defendiendo la ciudad”.[61]

 

Llegó a utilizar el término de “campos de concentración y exterminio” en alusión a los campos de prisioneros organizados por los serbios, y afirmó:

 

“Esta no es una crónica fechada en Auschwitz o Treblinka en el año 1945; sucede en Yugoslavia, a las puertas de Italia, en las navidades de 1991. Ahora el holocausto lo padece el pueblo croata”.[62]

 

Los medios de comunicación españoles tampoco dudaban en atribuirle las matanzas y los crímenes a los serbios, incluso antes de que la UNPROFOR se pronunciase sobre quiénes eran sus responsables. Como Alejandro Pizarroso señala, en la ofensiva croata sobre Krajina para los medios españoles los refugiados serbios no suscitaban la misma solidaridad que los croatas o los bosnios musulmanes. Así, por ejemplo Juan Carlos Sanz, enviado de El País, relató los acontecimientos como si se tratara de una operación militar limpia, exenta de pillaje y de actos bárbaros, y cuando hubo que hacer referencia a los refugiados serbios se enfatizó que habían sido los responsables de otras huidas masivas.[63]

Es importante decir que el caso del cerco de Sarajevo inundó las páginas de los periódicos españoles, pero ninguno de estos contaba con periodistas in situ, por lo que la información que obtenían era siempre de segunda mano. Sin embargo, la impresión que generaban en los lectores era como si realmente los periodistas hubieran presenciado lo ocurrido.

En términos generales los medios de comunicación españoles contribuyeron a la campaña de propaganda con la que se demonizó a los serbios, mientras que apenas se destacaron aspectos negativos de la actuación de los gobiernos croata o bosnio, y mucho menos se hicieron referencias a los crímenes cometidos por sus respectivas fuerzas militares y paramilitares.

 

4.3 Buenos y malos en el cine

 

La importancia del cine estriba en que contribuye a forjar una visión y una imagen del pasado, de la historia, que es reconstruida a través de sus producciones audiovisuales. El cine crea cultura pero también percepciones acerca del otro y no son pocos los ejemplos de cine propagandístico como fue El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl, o El acorazado Potemkin de Sergei Eisenstein. El carácter instrumental del cine para ponerlo al servicio de intencionalidades políticas ha sido bastante evidente en la historia, aunque en el caso occidental esto ha adquirido un carácter bastante más sutil y depurado con el paso del tiempo.

En cuanto al cine dedicado a los conflictos de los Balcanes existen dos aproximaciones diferentes desde el punto de vista occidental: aquellas que son protagonizadas por occidentales, periodistas o soldados, producciones de elevado coste y con la presencia de actores de relevancia internacional; y aquellas otras en las que el protagonismo suele recaer en ciudadanos de la ex-Yugoslavia, pero que son de menor presupuesto y tienen un carácter más bien intimista.[64]

Son, por tanto, muy habituales las películas protagonizadas por fotógrafos, periodistas o cámaras que fueron enviados a cubrir el conflicto, y que en ocasiones se basan en hechos y personajes reales, pero en otras se limitan a utilizar una base real como fondo para personajes ficticios. Pero lo que en general las caracteriza es la pérdida de perspectiva del contexto general en el que se produce el conflicto, además de la tendencia a hacer recaer las responsabilidades tanto de la guerra como de los crímenes exclusivamente sobre los serbios. Un ejemplo de esto lo podría constituir Welcome to Sarajevo de Michael Winterbottom.

En otras producciones, como Las flores de Harrison de Elie Chouraqui, los protagonistas son representantes de los medios de comunicación, y se centran en el horror de la guerra y sumen al espectador en la incomprensión al no ofrecerle ninguna explicación. Se llega a explicaciones irracionales acerca del conflicto, de manera que el motivo de que se maten unos a otros es porque están locos.

Generalmente este tipo de largometrajes, como ocurre en Behind enemy Lines de John Moore con la presencia de Gene Hackmann y Owen Wilson en el reparto, están repletos de acción pero no dudan en culpabilizar a los serbobosnios de masacrar a la población bosnia y con ello acusar a los serbios de cometer crímenes contra la humanidad. Asimismo, también se puede observar cómo se centran en las escenas de la violencia de la guerra, la muerte y la destrucción, lo que genera un fuerte impacto sobre las emociones de los espectadores y se aprovecha para manipular su percepción e imagen del otro, en este caso de los serbios al responsabilizarlos en exclusiva de los crímenes y de las guerras.

La visión estadounidense del conflicto de los Balcanes influyó de manera notable en la industria del cine, de manera que los serbobosnios aparecen como responsables de la guerra y de los crímenes, y los europeos como incapaces de establecer el orden y frenar la carnicería que se estaba produciendo.

En general la mayor parte de las producciones occidentales ofrecen una visión de los conflictos balcánicos que coincide con la que en su momento ofrecieron los medios de comunicación, y han contribuido a presentar a los serbios como los únicos culpables de la guerra hasta el punto de criminalizarlos por sistema. Es interesante reseñar el caso de la película Layer Cake: crimen organizado de Matthew Vaughn y que cuenta en su reparto con actores como Daniel Craig, Sienna Miller, George Harris, etc. En este largometraje una banda dedicada al narcotráfico roba un cargamento a un grupo de serbios criminales de guerra, buscados por la justicia internacional, que se financiaban a través de la producción de pastillas. En esta película se recalca la supuesta brutalidad de los serbios al reclamar el jefe de la organización que le trajeran la cabeza del responsable del robo. Sólo decir que finalmente se la llevaron.

Pero como se ve existe una tendencia general a criminalizar a los serbios, tanto en los medios de comunicación como en el cine, por lo que se crea una imagen del pueblo serbio que, además de no corresponderse con la realidad, sigue separando el mundo en buenos y malos. La cultura generada por el cine ha contribuido a asentar esa imagen creada por los medios de comunicación occidentales, y con ello a construir una realidad que se ajusta muy bien a los intereses de quienes sacaron provecho político, económico y militar de las guerras yugoslavas criminalizando a los serbios.

 

 

5. Conclusiones

 

Resulta evidente que los medios de comunicación occidentales han llevado a cabo una estrategia de manipulación de las noticias de los conflictos balcánicos, y que con ello han criminalizado al pueblo serbio en su conjunto. Mientras tanto se guardaba silencio acerca de los crímenes y masacres perpetradas por croatas y bosnios, se magnificaban las actuaciones de los serbios hasta el punto de atribuirles la autoría de crímenes que, o bien era dudosa que la responsabilidad fuera suya, o que directamente no los habían cometido.

La estrategia de comunicación e imagen llevada a cabo por los gobiernos croata y bosnio tuvo gran eco y repercusión, lo que ayudó a formar en el imaginario colectivo una serie de tópicos acerca de lo que allí estaba ocurriendo y a hacer creer que el conflicto era una disputa entre buenos y malos: croatas y bosnios eran los buenos, aliados de Occidente, defensores de la democracia y del multiculturalismo; y los serbios eran los malos, los criminales e invasores comunistas, representantes del neobarbarismo.

Asimismo, es evidente que la campaña mediática organizada por los gobiernos croata y bosnio tuvo no sólo la cobertura de los medios occidentales, sino también el apoyo explícito de otros muchos gobiernos del mundo, ya fuese a través de subvenciones o de cobertura política, militar, etc.

Se ha discutido también acerca de si los medios de comunicación fueron quienes influenciaron y condicionaron a los gobiernos para que se implicaran en el conflicto, o si por el contrario fueron los gobiernos de los países occidentales los que instrumentalizaron a los medios para justificar su intervención militar en la zona. Después de lo expuesto cabe pensar que todo respondía a una estrategia en la que determinadas potencias estaban interesadas en la intervención, y que para ello se ocuparon de crear las condiciones precisas a nivel mediático para contar con los suficientes pretextos para justificar una acción exterior y contar con el apoyo de la opinión pública.

Por otra parte se ha podido demostrar la existencia de causas de orden espacial en la configuración de los intereses de las potencias, y más concretamente en la conformación de diferentes formas de civilización. Así pues, en Europa, a raíz de la separación del Imperio Romano y, posteriormente, también de la Iglesia cristiana, se produciría la formación de dos polos de poder político y civilizacional opuestos: por un lado la civilización ortodoxa y por otro el universo católico-occidental.

La geopolítica, como instrumento de análisis, permite estudiar esa relación entre el medio geográfico, los intereses de las potencias y su proyección internacional con el diseño de una política exterior que responda a esos intereses. En este sentido se aprecia la importancia estratégica y geopolítica de los Balcanes occidentales como punto de fricción y encuentro entre dos mundos, entre dos tipos de civilización. Debido a esto, los Balcanes han sido una región que históricamente ha estado sometida a la permanente influencia de potencias exteriores.

En otro lugar no menos importante se encuentra la posición central que ocupa Alemania a nivel geográfico y cómo ello ha contribuido a generar una imagen del mundo con la que ha definido sus intereses. Esto ha servido, a su vez, para trazar las grandes líneas de su política exterior. La idea de Mitteleuropa, la hegemonía germana sobre Europa central y consecuentemente sobre los Balcanes occidentales para alcanzar, así, la hegemonía sobre el conjunto del continente, guarda estrecha relación con las teorías geopolíticas expresadas en su momento por Mackinder, según las cuales el control de Europa central permite el acceso al heartland, y con ello el dominio de Eurasia (a este respecto es significativa la creciente presencia de intereses alemanes en Asia central, tanto a través de empresas como a nivel diplomático, sin tampoco olvidar que hay una importante presencia de minorías alemanas en la región).

Pero tampoco hay que desdeñar la subordinación y vinculación histórica de los intereses alemanes a la estrategia de los EE.UU., sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial. Para confirmar todo esto basta con analizar las principales tesis del principal geopolítico norteamericano Zbigniew Brzezinski. Alemania, en la medida en que su relación con los Estados Unidos ha sido crucial para su seguridad, se ha convertido en el principal apoyo de los americanos en el continente.[65] Por este motivo el papel de Europa queda reducido a Alemania, lo que entra dentro de los intereses norteamericanos de hegemonía mundial:

 

“Europa sirve también de trampolín para la progresiva expansión de la democracia en Eurasia. La expansión europea hacia el este consolidaría la victoria democrática de los noventa. Equipararía, en el plano político y económico, el ámbito esencialmente civilizacional de Europa –lo que ha sido llamado la Europa Petrina- tal como está definido por la antigua herencia religiosa común europea derivada del cristianismo de rito occidental”.[66]

 

Esto viene a confirmar las relaciones de oposición en términos civilizacionales entre el universo católico-occidental y el ortodoxo-oriental. Así pues, y a la vista de los intereses económicos de Alemania en algunas de las repúblicas balcánicas, se entiende que la estrategia llevada a cabo buscara la intervención militar en la región, para lo que los medios de comunicación crearon un contexto favorable criminalizando al pueblo serbio con lo que se consiguió convencer a la opinión pública. Se puede decir que aquí se encuentra el origen de lo que más tarde se denominarían guerras humanitarias, como el caso de Kosovo, para lo que pasaría a emplearse la defensa de los derechos humanos como principal argumento para justificar intervenciones militares.

Finalmente, hay que resaltar el papel, nada despreciable, desempeñado por el Vaticano en la medida en que la Iglesia católica opera como el principal símbolo de la superestructura espiritual del mundo occidental, pues ha conferido una particular legitimidad al proceso de agresión y expansión de ese mundo sobre la civilización ortodoxa-oriental.


[1] Balcanes occidentales, concepto acuñado en su momento por el Consejo Europeo, comprende los países de la antigua Yugoslavia menos Eslovenia más Albania. Es decir, se trata de la región que integra las repúblicas de Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia, Montenegro, Albania y Macedonia.

[2] Gallois, Pierre M., Geopolítica. Los caminos del poder, Madrid, Estado Mayor del Ejército, 1992, p. 48

[3] Faye, Guillaume y Otros, Pequeño léxico del militante europeo, Valencia, Colección Iskander, 1996, pp. 30-35

[4] García Picazo, Paloma, Teoría breve de relaciones internacionales, Madrid, Tecnos, 2006, p. 233

[5] Schmitt, Carl, Tierra y Mar, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1952, p. 7

[6] Gallois, Pierre M., Op. Cit., N. 2, p. 126

[7] Vicens Vives, Jaime, Tratado general de geopolítica, Barcelona, Vicens Vives, 1981, p. 109

[8] Ibídem, p. 109

[9] Prlja, Birljana, “La seguridad y los Balcanes occidentales: ¿conceptos autoexcluyentes?” en Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas Nº 2, Vol. 4, 2005, p. 262

[10] Atencio, Jorge E., Qué es la geopolítica, Buenos Aires, Pleamar, 1982, 367-378

[11] Duguin, Alexander, “Los paradigmas del fin” en Nihil Obstat Nº 5, 2005, p. 51

[12] Ibídem, p. 51

[13] Niekisch, Ernst, Este y Oeste y otros textos nacional-bolcheviques, Barcelona, Ediciones Nueva República, 2008, p. 31

[14] Indjic, Trivo, “Nacionalismos en Yugoslavia: antecedentes y problemas actuales” en Investigaciones Históricas: Época moderna y contemporánea Nº 13, 1993, pp. 35-43

[15] Hay que destacar dos puntos fundamentales después de todo lo dicho anteriormente con respecto a las relaciones entre autoridad espiritual y poder temporal en el universo ortodoxo. Primero, en el caso serbio la creación del primer Estado de los serbios está íntimamente unido a la ortodoxia, pues tanto Stefan Nemanja como su hijo San Sava, los artífices del Estado serbio, son considerados los fundadores de la Iglesia ortodoxa serbia. Segundo, la Iglesia ortodoxa canonizaba a los monarcas serbios, con lo que confirmaba el poder temporal de la dinastía, y al santificar al monarca también otorgaba santidad al Estado mismo, el cual recibía una legitimidad divina. Ver en Milosevich, Mira, Los tristes y los héroes. Historia de nacionalistas serbios, Madrid, Espasa, 2000, pp. 69-74

[16] Brzezinski, Zbigniew, El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos, Barcelona, Paidós, 2003, p. 47

[17] Girón, José, “Los Balcanes: del Congreso de Berlín al nacimiento de Yugoslavia (1878-1918)” en Investigaciones históricas: Época moderna y contemporánea Nº 22, 2002, p. 240

[18] Sánchez González, Ángel, “La agresión a Yugoslavia, una más en la estrategia de las grandes potencias por el control de los Balcanes a lo largo de la historia” en Utopías Nº 183, 2000, pp. 116-118

[19] Ibídem, p. 118

[21] La mayor parte de la economía yugoslava se encontraba en manos de capital extranjero, de lo que son un claro ejemplo la relación de sectores que a continuación reseñamos: minas 78%, metalurgia 91%, vidrio y cerámica 28%, madera 51%, papel e impresión 15%, química 73%, textil 61%, alimentación 27%, hidroelectricidad 43%, otros 41%. Extraído de Sánchez González, Ángel, Op. Cit., N. 18, p. 118

[22] Pajovic, Slobodan S., “Los Balcanes en el siglo XX: Un gran desafío para Europa” en VV.AA., Pueblos, naciones y estados en la historia, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1994, p. 141

[23] Fernández Riquelme, Sergio, “Historia y literatura, disciplinas complementarias e instrumentos del discurso político: el caso del nacionalismo serbio” en Hispania Nº 230, Vol. 68, 2008, p. 794

[24] Pajovic, Slobodan, Op. Cit., N. 22, pp. 144-145

[25] Féron, Bernard, Yugoslavia, orígenes de un conflicto, Barcelona, Salvat, 1995, p. 56

[26] Lechado, José Carlos y Carlos Taibo, Los conflictos yugoslavos. Una introducción, Madrid, Fundamentos, 1995, p. 44

[27] Veiga, Francisco, La trampa balcánica, Barcelona, Grijalbo, 1995, p. 251

[28] Sánchez González, Ángel, La agresión a Yugoslavia…, Op. Cit., N. 18, pp. 120-121

[29] Féron, Bernard, Op. Cit., N. 25, pp. 61 y 63

[30] Ibídem, p. 55

[31] Brzezinski, Zbigniew, Op. Cit., N. 16, p. 72

[32] Sánchez González, Ángel, La agresión a Yugoslavia…, Op. Cit., N. 18, p. 119

[33] Ibídem, p. 119

[34] Ibídem, p. 121

[35] Ibídem, p. 121

[36] Taibo, Carlos, La desintegración de Yugoslavia, Madrid, Catarata, 2000, p. 59

[37] Pizarroso Quintero, Alejandro, Nuevas guerras, vieja propaganda (de Vietnam a Irak), Madrid, Cátedra, 2005, p. 181

[38] Gallois, Pierre M., “Una actividad lucrativa: la “desinformación”” en África América Latina Cuadernos Nº 34, 1999, p. 42

[39] Pizarroso Quintero, Alejandro, Op. Cit., N. 36, p. 187

[40] Gallois, Pierre M, Op. Cit., N. 38, p. 43

[41] González San Ruperto, Marta, Las guerras de la ex–Yugoslavia: información y propaganda, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2001, p. 297

[42] Ibídem, pp. 196-201

[43] Ibídem, pp. 309-310

[44] Ibídem, p. 311

[45] Ibídem, pp. 311-312

[46] Ibídem, p. 312

[47] Gallois, Pierre M., Una actividad lucrativa…, Op. Cit., N. 38, p. 55

[48] Pizarroso Quintero, Alejandro, Nuevas guerras…, Op. Cit., N. 39, p. 179

[49] Ibídem, p. 192

[50] Gallois, Pierre M., Una actividad lucrativa…, Op. Cit., N. 38, p. 46

[51] Ibídem, pp. 44-45 y 54

[52] Pizarroso Quintero, Alejandro, Nuevas guerras…, Op. Cit., N. 39, p. 193

[53] Gallois, Pierre M., Una actividad lucrativa…, Op. Cit., N. 38, p. 53 y en González San Ruperto, Marta, Op. Cit., N. 41, p. 311

[54] Gallois, Pierre M., Una actividad lucrativa…, Op. Cit., N. 38, p. 45

[55] Ibídem, p. 47

[56] Ibídem, p. 50

[57] Ibídem, p. 52

[58] Ibídem, p. 44

[59] Estulin, Daniel, Los secretos del club Bilderberg, Barcelona, Bronce, 2006, pp. 100-103

[60] Pizarroso Quintero, Alejandro, Nuevas guerras…, Op. Cit., N. 39, p. 182

[61] Ibídem, p. 183

[62] Ibídem, p. 183

[63] Ibídem, p. 211

[64] González San Ruperto, Marta, “La desintegración de Yugoslavia a través del cine. La versión occidental y la balcánica” en Capellán de Miguel, Gonzalo y Julio Pérez Serrano (Ed.), Sociedad de masas, medios de comunicación y opinión pública, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 2008, Vol. 1, p. 311

[65] Brzezinski, Zbigniew, El gran tablero…, Op. Cit., N. 16, p. 69

[66] Ibídem, p. 65

Publicado por Emboscado en 10:28:03
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