CÓMO ROBAN LOS BANCOS VALOR AL DINERO

Todos los días la moneda se devalúa por efecto de la constante subida de precios de bienes y servicios. En la actual situación de crisis financiera y económica los indicadores macroeconómicos, como puede ser el Índice de Precios al Consumo, reflejan valores negativos. Indudablemente esto no significa que bajen los precios en la economía (a excepción de casos particulares como pudieran ser las rebajas o la sobreoferta de algún producto), sino que su crecimiento no es tan rápido.
La inflación constituye un fenómeno económico propio de la economía capitalista que tiene su origen en la forma en la que se crea el dinero. En la medida en que se crean más medios de pago en una economía a través del dinero bancario que bienes y servicios existentes, se produce la inflación. La banca, a través de los créditos que concede genera una masa monetaria que fomenta la inflación, por lo que el dinero siempre es escaso para comprar bienes o servicios.
Digamos que por medio de la permanente creación de dinero bancario se favorece el crecimiento generalizado de los precios de bienes y servicios en una economía, y esto es lo que hace escaso el dinero al verse reducido su valor por una sobreabundancia de medios de pago. Todo esto genera una mayor dependencia hacia los creadores de dinero, es decir, hacia los bancos, de manera que ante la escasez de dinero se tenderá a pedir más préstamos a estas entidades las cuales los concederán y contribuirán así a hacer aún más escaso el dinero.
Sin embargo, en la situación actual los bancos tienden a conceder menos créditos que antes debido a la falta de liquidez generalizada en el sistema, de manera que los precios de los bienes y servicios en la economía no crecen tanto ni tan rápido que en los períodos de expansión crediticia.
Habitualmente estamos acostumbrados a leer y oír en noticiarios de todo tipo cómo los periodistas se entusiasman en afirmar que la inflación ha bajado. Esto es completamente falso. Solamente podemos hablar de un descenso del índice macroeconómico que sirve de referencia para conocer cómo crecen los precios en una economía. Pero naturalmente dicho índice es una construcción estadística creada a partir de una serie de productos preseleccionados, de manera que el indicador es de antemano bastante discutible en cuanto a la manera en que se ha hecho. En cualquier caso, la información promovida por los periodistas y grandes medios de comunicación queda desmentida por los hechos, pues no se da un descenso generalizado de los precios sino a lo sumo un crecimiento más moderado.
Las tendencias inflacionistas son consustanciales al sistema económico capitalista ya que son el medio para afianzar las relaciones de dependencia de la sociedad con la banca. Pero en la etapa actual de contracción económica y crediticia, al no conceder los bancos tantos créditos y por tanto no crear en la economía más medios de pago, la inflación tiende a contenerse más que en los períodos de expansión.
El crecimiento general de los precios de los bienes y servicios de una economía se manifiesta en un descenso del poder adquisitivo de los consumidores, lo que provoca constantes tensiones sociales en torno a la organización social del trabajo y a la regulación laboral, fundamentalmente en lo que se refiere a las condiciones del empleo. Esta situación se tiende a agudizar cuando existe una crisis como la actual en la que la banca restringe el crédito, y por tanto limita las posibilidades de inversión y de consumo. El dinero sigue siendo escaso y se devalúa en tanto en cuanto la banca constituye el principal creador de medios de pago en una economía.
Asimismo, es inevitable la existencia de inflación en el sistema capitalista debido a que los bancos no están sujetos a un control social por el que la concesión de créditos, y por tanto la puesta en circulación de nuevos medios de cambio, sean proporcionales a la cantidad de bienes y servicios que existen en la economía. Así, siempre nos encontramos con más dinero del que debería haber, ya que la emisión de créditos constituye la principal fuente de ingresos de los bancos y el medio idóneo para controlar al conjunto de la sociedad a través de una constante devaluación del dinero. Digamos que la abundancia de dinero es lo que lo vuelve escaso al perder valor y siempre necesitar más dinero del que se tiene para poder adquirir bienes o servicios.
El libre flujo de capitales y la creación de dinero bancario por las entidades financieras constituyen las principales causas de la inflación, ya que no hay restricciones de ningún tipo en la actividad financiera al imperar el libre mercado. Al responder la actividad de este sector a los intereses privados de sus principales agentes el conjunto de la economía queda supeditada a estos actores. La única forma de poner fin a esta espiral infernal que se retroalimenta a sí misma es a través de un control sobre la creación de dinero, de modo que este exista en una justa proporción a los bienes y servicios que existen en la economía, y que por tanto su emisión sea llevada a cabo en función de las necesidades materiales de la sociedad, y no en función del criterio de la búsqueda del máximo beneficio que persiguen las entidades bancarias.