Jueves, Enero 6, 2011

DINERO BANCARIO

Es bastante corriente que la mayor parte de la población desconozca el origen real del dinero, cómo se crea y por tanto cómo aparece y desaparece de sus bolsillos. Nadie suele ocuparse de explicar esta cuestión tan elemental que pasa desapercibida para la gran mayoría, por lo que lo habitual es que se tengan las ideas más equivocadas acerca de la procedencia real del dinero. Y es precisamente el desconocimiento de esta realidad lo que lleva a ignorar, si no a confundir en muchas ocasiones, las auténticas causas de muchos de los problemas económicos de hoy día.

En la actualidad únicamente entre un 7 y un 10% del dinero que circula en la economía es dinero metálico, es decir, los billetes y monedas que solemos utilizar para pagar muchos de nuestros gastos cotidianos. El resto es dinero bancario. Dinero que únicamente figura en los libros de contabilidad de los bancos, en las libretas de los clientes de estas entidades y en los servidores donde se encuentran los registros informáticos de las operaciones financieras.

Los bancos están obligados a mantener en reserva un porcentaje del dinero que han depositado sus clientes, porcentaje que en la actualidad ronda el 5%. Esta disposición nace de la lógica de que los depositantes no van a hacer uso de todo su dinero, de forma que basta con mantener reservada una pequeña parte del mismo para hacer frente a posibles pagos y reembolsos. El banco, como cualquier otra empresa, persigue la obtención de beneficios y para ello emplea el dinero que no tiene en reserva para conceder préstamos con interés. Así es como nace el dinero bancario que no es más que una forma de deuda que al estar cargada de un interés es imposible devolver.

Imaginemos que alguien ingresa 100 euros en un banco. El dueño de ese dinero podrá hacer uso de dicha cantidad en cualquier momento, pero el banco hará una reserva de la cantidad depositada, supongamos que un 20%, y el resto lo prestará a un tercero que podrá utilizarlo como medio de pago. El dinero existente en la economía ya no será de 100 euros sino de 180, pues ha creado dinero al utilizar la cantidad que no está en reserva.

El dinero bancario tiene un efecto multiplicador, ya que se crean más medios de pago que dinero líquido (billetes y monedas), por lo que en caso de que todos los clientes del banco fueran al mismo tiempo a retirar sus depósitos el banco no tendría suficiente metálico en reserva para devolverles el dinero, lo que inevitablemente provocaría su quiebra. Por tanto, la mayor parte del dinero que circula en la economía es dinero virtual, meras cifras que aparecen en los diferentes registros de contabilidad, mientras que el dinero contante y sonante únicamente representa en el mejor de los casos el 10% de la masa monetaria en circulación.

La principal fuente de beneficios de los bancos son los intereses de los créditos, por lo que constantemente se crea dinero bancario y con ello se incrementa de forma desproporcionada la masa monetaria en circulación. Debido a esto el principal riesgo al que se enfrentan los bancos es a la falta de liquidez. Para evitar en la medida de lo posible una situación así los bancos convierten dichos préstamos en títulos de bolsa que son vendidos en el mercado financiero, de forma que consiguen dinero metálico para sus reservas que, a su vez, les sirve para emitir nuevos créditos y conseguir más beneficios en un proceso que se retroalimenta a sí mismo ad infinitum.

Así pues, el dinero bancario impide que la moneda tenga un valor estable ya que su efecto multiplicador hace que la masa monetaria crezca de manera desproporcionada, y que por tanto no se corresponda con la cantidad de bienes y servicios que existen en la economía. A esto habría que sumar el hecho de que el dinero bancario es deuda cargada de un interés lo que lo convierte en algo impagable a largo plazo, lo que contribuye a su vez a mantener indefinidamente la dependencia con los bancos.

Los bancos tienen el claro propósito de abolir el dinero metálico algún día para no estar obligados a disponer de reservas ni tampoco a hacer frente a pagos y reembolsos. Al no poder imprimir sus propios billetes, monopolio que se encuentra en manos de los bancos centrales, se ven limitados por el dinero metálico que posee el ciudadano y que le ofrece un control directo sobre su riqueza sin intermediarios de ningún tipo. En este sentido el fin del dinero líquido vendría a ser una forma de perpetuar la dependencia del ciudadano con el banco, y con ello no sólo sería la pérdida del control sobre su dinero sino también el fin de la privacidad en su consumo.

Indudablemente una solución a la situación provocada por los bancos sería un control social del sistema financiero en la emisión de dinero, y que esta se hiciese en función de las necesidades de la sociedad y no con el propósito de obtener un beneficio económico a través del cobro de intereses. Pero todo esto sería ya asunto a tratar en otro artículo.

Publicado por Emboscado en 15:51:59
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