ELECCIONES PARLAMENTARIAS EN RUSIA

El próximo 2 de diciembre se llevarán a cabo elecciones parlamentarias en Rusia, tras las cuales se realizará una nueva configuración política de la Duma. Los sondeos dan como amplio ganador al partido gobernante Rusia Unida, con más de un 68%, seguido, con un 35% aproximadamente, por el PCFR de Guennadi Ziuganov.
Tal como está el panorama ruso, la campaña electoral se ha centrado de forma especial en aspectos de carácter social y económico, sobre todo en lo referido a la prestación de servicios públicos, y, también, en lo que ataña a la creciente inflación que continúa llevando a la población rusa a un permanente empobrecimiento. Además de esto, aunque en menor medida, han estado presentes cuestiones de relevancia internacional como el cada vez mayor distanciamiento respecto a Occidente, la polémica en torno al DAM americano en Europa central, y la política exterior rusa en general.
El sistema político ruso pese a que formalmente ofrece una fachada aparentemente democrática, con una separación de poderes, unas elecciones periódicas, libertad de prensa, pensamiento y expresión, la realidad es sustancialmente diferente en la medida en que, de facto, Rusia vive en una dictadura con una fuerte presencia e intervención del Estado en diferentes ámbitos de la sociedad: prensa, comunicación, economía, etc...
Por todo esto, tradicionalmente el partido gobernante ha tendido a jugar con cierta ventaja con respecto a sus competidores electorales debido al control ejercido sobre los mass-media, y al mismo tiempo a través de las restrictivas actuaciones del FSB (antiguo KGB) en cuestiones de libertad de expresión y prensa, manifestaciones políticas, etc. (Un claro ejemplo de esto lo refleja el alarmismo que en este servicio se ha generado como consecuencia de las tiras cómicas que ha lanzado el PCFR).
En cuanto a las cotas de poder que detentan los diferentes grupos políticos y sociales dentro del régimen, las principales fuerzas, aparte del partido gobernante, son los comunistas de Ziuganov (que previsiblemente en la próxima legislatura serán la principal fuerza opositora), los nacionalistas de Zhirinovsky, y en menor medida grupúsculos neoliberales con representación parlamentaria. Como se ha dicho, Rusia no es un sistema democrático homologable a los existentes en Occidente, por lo que los propios partidos y agentes sociales no son completamente independientes del poder, de ahí que en determinados momentos de la historia de la Rusia postsoviética se dieran pactos secretos entre gobernantes y oposición, justificados en gran parte por la necesidad de garantizar cierta estabilidad que permitiera convivir bajo un mismo régimen a fuerzas políticas opuestas y, al mismo tiempo, permitir la labor del gobierno.
Asimismo la disidencia política que se sitúa (o es situada, según se mire) fuera del sistema es perseguida y se le impide su manifestación pública. Prueba de ello lo constituye la plataforma Otra Rusia compuesta por neoliberales pro-occidentales como Kasparov (recientemente encarcelado) y grupos de extrema izquierda como el antiguo NBP de Eduard Limonov, cuyas manifestaciones ilegales han contribuido a incrementar la presión del Estado y a poner coto cerrado a sus actividades ilícitas. Dentro de la propia disidencia se encuentran, también, los movimientos de ONG's que cuentan con apoyo y financiación occidental, desempeñando de esta manera la función de caballo de Troya al servicio de la UE y los EE.UU., (no hay que olvidar que estas ONG's estuvieron implicadas en labores de espionaje al servicio de potencias extranjeras), lo que ha implicado que el Estado ruso haya impuesto severas restricciones a estos grupos y a sus actividades, al igual que un importante control sobre sus finanzas.
Por todo esto, la única alternativa real al partido gobernante la constituye el PCFR de Ziuganov en la medida en que dicho partido, habiendo aprendido de los errores estratégicos y de los fracasos del antiguo PCUS durante la Unión Soviética, ha recompuesto su orientación política general logrando sintetizar en un mismo programa y bajo una amplia tradición política, elementos como la defensa de la soberanía y particularidad (cultural, étnica, religiosa, etc...) rusa con la reivindicación de la justicia social y la abolición de la explotación del hombre por el hombre, proyecto que encuentra en la definitiva emancipación de las masas trabajadoras su fin último.
La tibieza y cierta fragilidad (y también oportunismo, todo hay que decirlo) de la política exterior de Putin, pese a su creciente endurecimiento los últimos meses, unido a las todavía no definidas, al menos no por completo, líneas generales de la política exterior rusa, ha llevado a los partidos radicales, tanto comunistas como nacionalistas, a reivindicar una mayor resolución por parte de Rusia de cara a defender sus intereses en el mundo, y al mismo tiempo a reordenar sus relaciones en la esfera internacional con el resto de países. Todo se sintetizaría en una oposición a Occidente a través de acciones concretas hacia lo que se considera una actitud hostil con Rusia, lo que podría manifestarse en una negativa a los planes americanos en Europa y Asia utilizando para ello su denuncia en organismos internacionales y, a su vez, apoyando a los países y regímenes que ofrezcan resistencia al unipolarismo euroamericano. Junto a esto habría que sumar una decidida potenciación de la presencia rusa en áreas vitales para sus intereses como: Cáucaso, Asia Central, Oriente Próximo y Extremo Oriente, y seguir una dinámica de escalada acción-reacción en el frente diplomático que se expresaría a través de la suspensión de diferentes Tratados, etc., buscando como fin último dentro del ámbito internacional devolver a Rusia el carácter de potencia de carácter global.
Pese a los intentos desde el Kremlin de desarrollar partidos políticos socialdemócratas para captar parte del electorado del PCFR, la complacencia demostrada por parte de estos hacia el poder gobernante es demasiado evidente como para poder hacer creíbles sus propuestas políticas, unido a su tibieza en materia social, lo cual les resta popularidad. Sin duda, Putin ha centrado sus esfuerzos en solventar cuestiones relacionadas con la política exterior, lo que ha constituido un importante avance para Rusia de cara a una mayor presencia y participación en el ámbito internacional, pero ello ha supuesto el descuido de cuestiones domésticas de vital importancia, aquellas mismas de las que depende, en última instancia, la viabilidad a largo plazo de la actual política exterior rusa.
Los descuidos de Putin en este tipo de materias le terminarán pasando factura pese a que cuenta, todavía, con un importante respaldo social, pero ello no impedirá que se vaya erosionando y debilitando cada vez más fruto de la incompetencia gubernamental en materias como sanidad, alimentación, economía, etc... Rusia cuenta con una importante tasa de desempleo, una inflación del 8% anual lo que conlleva un progresivo y cada vez más acelerado empobrecimiento de la sociedad. A todo esto hay que sumarle el drenaje demográfico en las regiones extremo orientales, habiéndose perdido más de un millón de habitantes en Siberia, ligado a las cada vez más bajas tasas de natalidad (los programas para su potenciación no se han llevado a cabo de forma exitosa, a lo que se han unido contradicciones internas a la hora de su aplicación). Como uno de los principales causantes de la baja natalidad se encuentra la inestabilidad laboral y la precariedad del empleo, lo que refleja una situación por la que los trabajos están mal remunerados y ello impide contar con los recursos suficientes y de la estabilidad necesaria para formar una familia.
En otro orden de cosas nos encontramos con la problemática de la corrupción dentro del Estado, y muy especialmente en el ejército pese a que esta ha remitido en algunas zonas. Ello está motivado, en gran parte, por la pésima remuneración de los militares, lo que ha llevado a Andrei Lugovoi a presentarse como segundo en las listas del partido de Zhirinovsky para reivindicar un sueldo digno para los militares.
Como consecuencia de la precaria situación económica de los rusos, el inadecuado reparto de la riqueza ha generado una polarización social y extremado la brecha entre ricos y no-ricos, siendo los primeros aquellos que concentran en sus manos la mayor parte de la riqueza nacional y los segundos los que tienden a sumirse, cada vez más, en niveles crecientes de pobreza. Esta situación es más alarmante aún en Moscú, donde se exterioriza y hace patente por la enorme cantidad de mendigos y el exorbitante nivel de vida de las clases privilegiadas haciendo suyo el way of life occidental.
Todo lo ya dicho, unido a la inmigración de población procedente de países vecinos que está padeciendo Rusia, inmigración que en su mayor parte es ilegal y pasa a ocupar empleos mal remunerados, genera el caldo de cultivo social y económico para que un partido que haga una clara apuesta social en su programa político, como es el caso del PCFR, pueda sacar gran rentabilidad electoral y hacerse con gran parte del electorado ruso. Y es, actualmente, el único partido que se encuentra sinceramente comprometido con unos valores de justicia social, anteponiendo la comunidad y los intereses generales frente a los intereses particulares de individuos y oligarquías.
Así pues, con las recientes restricciones electorales que imponen una barrera del 7% de los votos para obtener representación parlamentaria, y que dejará fuera a gran cantidad de fuerzas políticas minoritarias, el PCFR es, hoy por hoy, la única fuerza política alternativa a la gobernante en la medida en que terminará siendo el grupo político de oposición mayoritario, lo que, a medio-largo plazo le permitirá alcanzar una posición de mayor fortaleza, erigiéndose así como vanguardia política de las transformaciones sociales, económicas y nacionales de Rusia.
