UN DUELO EXISTENCIAL por Claudio Mutti

Guerra para restablecer al emir fantoche en la dirección general de la Superbanca Kuwaitiana. Guerra para el control de las fuentes energéticas. Guerra para dejar clara la supremacía de Israel en todo Oriente Medio. Guerra para reafirmar la hegemonía estadounidense en Europa. Guerra para instaurar el "nuevo orden" proclamado desde Bush.
La agresión contra Irak supone seguramente todos estos objetivos. Pero hay algo más, más allá de todo esto. Y, por usar las palabras de un cualificado portavoz del occidentalismo italiano, Luciano Pellicani, el inicio de la guerra cultural entre Occidente y el Islam, la primera fase de un "duelo existencial" schmittiano que debería hacer realidad el triunfo de la Modernidad sobre las ruinas de la única cultura que todavía no ha sido homologada al sistema capitalista. Un cualificado exponente del pensamiento laico y progresista, Norberto Bobbio, ha expresado una tesis análoga: la acción militar contra Irak es indispensable para contrastar el peligro islámico, que amenaza la civilización occidental. Y no está carente de significado el hecho de que la tesis de Bobbio haya sido ya suscrita desde "Hiram", revista oficial de Palazzo Giustiniani.
Se podrá objetar que una interpretación de este género presenta alguna dificultad. La primera está en la matriz ba'thista del régimen iraquí, o sea, en una orientación doctrinal emparentado con la cultura política occidental: El Partido de la Resurrección (Ba'th) Árabe, fundado por un intelectual cristiano educado en Francia, no se inspira del todo en el "fundamento islámico", pero reclama oficialmente un nacionalismo panárabe que prescinde de las referencias religiosas y prefija como intento la "construcción del socialismo". Otra objeción que podría plantearse para contradecir el esquema trazado por Pellicani y Bobbio, es que en la coalición antiiraquí se encuentran 170.000 soldados musulmanes y que la base para las operaciones militares se encuentra en el territorio de Arabia Saudita, un país que pasa por ser la fortaleza de la más rigurosa ortodoxia islámica. Por otra parte, el derecho a hablar en el nombre del Islam ha sido denegado a Sadam Hussein mismo por algunos altos exponentes de la jurisprudencia musulmana, como Ahmed Kaftar (gran mufti de Siria y jefe de la Suprema Consulta islámica), Gad alHaqq (muftí de la universidad del Cairo del Azhar), ‘Abd el' Azîz Ibn Bâz (rector de la universidad de Medina) y otros.
Todo esto, a nuestro parecer, no perjudica para nada la validez de la interpretación del actual conflicto en términos de "duelo existencial" entre Occidente y el Islam.
De hecho, si es verdadero e incontestable que la actual ordenación política iraquí no está basada en los principios contenidos en el Corán y en el ejemplo normativo (Sunna) del profeta, es igualmente verdadero e incontestable que el pueblo iraquí es un pueblo musulmán, parte integrante de la nación islámica (umma), y que el potencial industrial, tecnológico y militar de Irak es patrimonio de esta última. Y es precisamente por esto que los EE.UU. han decidido redimensionar radicalmente Irak. De esto deriva, según escribe en una editorial el órgano del Frente Islámico de la Salvación argelino, que es deber religioso de los creyentes "preservar el potencial iraquí, operar sin complejos y sin egoísmos criminales para reforzarlo, incrementarlo, desarrollarlo y hacer partícipes a los otros pueblos del Islam. Cada acción en sentido contrario es pura y simple traición a la nación islámica en general, a Palestina y a la ciudad santa de Jerusalén en particular. La guerra del Golfo, según el FIS, es por esto una "guerra de civilización" y constituye una "cuestión de existencia o inexistencia de la nación islámica".
Estas posiciones, expresadas desde un movimiento islámico militante que tiene la fuerza suficiente para poder hablar en plena libertad y autonomía, son por esto mismo más cualificadas, ortodoxas y representativas que no aquellas asumidas desde Azhar, de Riyad y de Damasco, sometido a los respectivos gobiernos y por tanto portavoces de los clanes colaboracionistas de aquellos países. "Sería necesario -ha dicho el sheik Hamanî, ex presidente de la Suprema Consulta Islámica- que el mundo musulmán pudiese convocar un congreso de juristas libres, que no se celebre ni en Bagdad ni en la Meca. Cierto es que La Meca es la ciudad santa, la capital de los musulmanes, pero hoy se encuentra bajo la ocupación de los jeques del petróleo, que han llamado a los cruzados a su país"
En cuanto a la presunta ortodoxia islámica del régimen saudita, si todavía tuvieseis necesidad de que se os demostrara la total inconsistencia, no se insistirá jamás lo suficiente en hacer notar que el wahabismo presenta marcadas características heterodoxas y que, como tal, ha sido refutado y condenado por los doctores del Islam, tanto de suníes como chiítas. Alojando en su territorio de la península arábiga las tropas de los EE.UU. y sus satélites, por lo tanto, el corrupto régimen de los jeques petrolíferos de Riyad no ha hecho más que comportarse coherentemente con la naturaleza hipócrita y anti-islámica del wahabismo, la cual por otra parte se ha manifestado en el nacimiento del mismo Estado saudita. Los eventos actuales constituyen, en definitiva, la demostración de que no era una simple expresión propagandística la calificación de "Islam americano" aplicada por parte del imán Khomyni a la parodia de Islam puesta en acto por los jefes saudíes.
Non puede luego existir duda de que el choque actual sea efectivamente un duelo existencial, más que una simple reanudación neocolonialista.
Y esto lo han comprendido las vanguardias más conscientes de la nación islámica, desde Marruecos al Asia Central, por lo cual la bandera de Irak, sobre la que hoy predomina el lema Allahu Akbar, se ha convertido en el emblema de una identidad cultural reencontrada unitaria y viviente, amenazada por la colisión con el imperio del mal.
