Viernes, May 02, 2008

EL 2 DE MAYO: UN ANACRONISMO EN EL SIGLO XXI


 

El nacionalismo, independientemente del tipo que este sea, no deja de ser un artificio literario con el que se revisa y reinterpreta la historia, siempre desde un determinado prisma, con el objetivo de favorecer las aspiraciones políticas de una determinada comunidad nacional. La nación necesita tener una historia con la que reafirmar el proyecto nacional, generar el hábito y la costumbre que, finalmente, dan lugar a la  conciencia nacional, aquella que convierte a la propia nación en una nación-herencia.

La conmemoración del 2 de mayo se inserta dentro de la literatura originada a partir de la sublevación contra la dominación francesa, con el objetivo de crear la costumbre y el hábito con el que dejar patente ante el vulgo la existencia de la nación, instalando en el imaginario colectivo del mismo la conciencia nacional. Es con la literatura, con la glorificación del pasado, las conmemoraciones, el homenaje a los héroes, como se hace visible y reconocible la existencia de la nación al haber adoptado una dimensión histórica.

La nación es, primero, una nación-voluntad, más tarde una nación-contrato, y después de mucho tiempo, y por la fuerza del recuerdo creado por la literatura, es una nación-herencia. Esta última forma de entender la nación es la que, a día de hoy, impera en toda Europa, realidades del pasado que han perdido toda actualidad histórica convirtiéndose en un anacronismo. Las naciones europeas han sido rebasadas por la historia al no constituir ya proyectos de porvenir, para convertirse hoy en realidades cuyo lugar se encuentra en los museos junto a otras reliquias del pasado.

La mayor comunicación a la que ha dado lugar las nuevas tecnologías, suprimiendo las barreras del espacio-tiempo, unido a la mayor interconexión e interrelación superando la estrechez política de los Estados-nación, ha producido la obsolescencia de dichas formas de organización políticas en una era en la que, dicha densificación de la interrelación entre países, ha originado la emergencia de espacios comunitarios y geopolíticos de mayor envergadura. Festivos como el 2 de mayo únicamente sirven para seguir demostrando la estrechez de miras de los políticos de hoy, los mismos que se mantienen en planteamientos y esquemas que pertenecen al ayer y que, en ningún caso, se muestran capaces de afrontar los retos del porvenir.

El 2 de mayo, más allá de la parafernalia de literatos y pseudointelectuales afanados por mitificar y, también, cómo no, mortificar hechos históricos a los que anclar las sociedades, no fue más que una revuelta de bandoleros y delincuentes de toda clase y pelaje que, hartos de la presencia francesa que les impedía desarrollar de forma natural sus actividades, decidieron enfrentarse al entonces expansionismo napoleónico. A partir de aquí se les iría uniendo el pueblo que, en mayor o menor medida, se encontraba a disgusto con la presencia francesa y lo que ello había supuesto: imposiciones de modos extranjeros, la implantación de nuevas leyes, etc.

No se puede plantear, de ningún modo, que el 2 de mayor supusiera el nacimiento de una nación, aunque esto se haya sugerido mucho después de los sucesos ocurridos ese día de 1808. El pueblo era ajeno a cualquier noción de lo que pudiera ser y significar una nación, salvo para una minoría de intelectuales afrancesados (tanto los que se pusieron del lado de Napoleón como los que, en 1812, redactarían la constitución de Cádiz, inspirada por la ideología que el mismo Napoleón estaba exportando a todo el continente).

La chusma fue la mayor protagonista del levantamiento, a la que posteriormente se le uniría el resto de la sociedad. Así, el pueblo terminó levantándose en armas porque las clases privilegiadas autóctonas no le plantaron cara a Napoleón por cobardía, como tampoco la monarquía, que había sucumbido ante los encantos de la Ilustración. A esto cabría añadir el hastío que existía hacia la presencia francesa y el sistema de opresión que instalaba a su paso, lo que contribuyó de forma decisiva a generar una sublevación popular contra el invasor.

De hecho, la virulencia popular estuvo revestida por la defensa del Antiguo Régimen y las consiguientes tradiciones feudales que, hasta entonces, habían prevalecido en el país, y que los franceses, con su ocupación, se habían esforzado por hacer desaparecer por completo. Por este motivo, las actuales elucubraciones literarias no son más que una pura invención fruto de la labor interpretativa que lleva a cabo el nacionalismo, presentando dicho acontecimiento como una supuesta toma de conciencia nacional que hace posible la aparición de España como nación.

Lo cierto en todo esto es que España, tras el 2 de mayo, únicamente ha ido construyendo una pirámide de fracasos que se reflejaron claramente en un s. XIX que se caracterizó por su extrema convulsión, durante el cual se producirían diferentes guerras civiles, levantamientos militares, sublevaciones, revueltas coloniales, guerras internacionales, golpes de Estado, etc..., que se extenderían hasta la primera mitad del s. XX. A esto se le unirían los diferentes avances y retrocesos que España, como país, ha venido desarrollando como consecuencia de su inestabilidad, la cual se ha debido en gran medida a su difícil adaptación a los tiempos modernos y, también, ante la ausencia de un rumbo histórico claramente definido, lo que le terminaría relegando al ostracismo internacional.

Hoy se impone una realidad muy diferente en la que los Estados-nación europeos han perdido su razón de ser. Mientras tanto, en España se persiste en viejos y estériles debates esencialistas sobre el significado de la nación, del Estado, la identidad, etc. Todo ello contribuye a dejar España cada vez más anclada en el pasado, alejada de la realidad presente y más aún del inminente porvenir.

Cuando los diferentes países europeos comparten problemas comunes que por separado son incapaces de resolver, se hace preciso ampliar las miras políticas y marcar un rumbo que conduzca el destino de la sociedad por nuevas sendas, en las que se haya superado definitivamente el viejo provincianismo decimonónico, aquel que se empecina en encerrar a una sociedad sobre sí misma, hasta el punto de fosilizarla sumergiéndola en problemas artificiales, siempre coyunturales y oportunamente promovidos por políticos y periodistas, para mantener al país en el atraso, lo que únicamente beneficia a nuestros enemigos.

El paro, la crisis económica, la inflación, la precariedad laboral, la inmigración, el abastecimiento energético, las hipotecas, los problemas medioambientales, y tantas otras cuestiones, únicamente pueden ser resueltas en un marco político de mayor magnitud política a la ofrecida por los Estados-nación; el mantenimiento de estas viejas estructuras políticas contribuye, sin duda alguna, a un agravamiento de los problemas presentes y venideros sin que se logre alcanzar solución a los mismos.

Es por este motivo que las diferentes sociedades, pero en particular la española, deben adoptar una conciencia europea, entendiendo Europa como el marco general en el que la vida y la problemática de las diferentes sociedades debe desarrollarse. Para llegar a esta situación previamente son necesarios aquellos pasos que, en lo político, hagan efectiva la creación de dicho marco general que sirva para cubrir las necesidades que hoy la UE no satisface.

Las contradicciones que actualmente alberga la UE paralizan la toma de decisiones sobre problemas fundamentales, limitando considerablemente su margen de maniobra unido, también, a su supeditación al liderazgo americano. Esto únicamente perjudica a Europa, y es su debilidad la que hace fuerte a sus enemigos, aquellos que quieren seguir haciendo de ella un continente dividido y enfrentado que, simultáneamente, sirva a los intereses de potencias extranjeras en sus planes de dominación mundial.

La problemática de fondo que alberga la propia UE se une a la forma en que se ha desarrollado el proceso de integración, siendo los Estados europeos los principales protagonistas, lo que a largo plazo dificultará seriamente la creación de una realidad política superior que integre, a nivel continental, a las diferentes sociedades europeas. La negativa de los Estados a ceder más parcelas de soberanía en aspectos fundamentales de su política podría, llegado el caso, conducir a un callejón sin salida a la propia integración europea.

Un proceso constituyente liderado por el parlamento europeo tras unas elecciones realizadas a tales efectos, podría ser el germen real para la instauración de un ente político que supere la burocracia comunitaria y, sobre todo, las dificultades que hoy se plantean con el escaso entendimiento entre los integrantes de la UE en la toma de decisiones, lo que complejiza con creces la coherencia política de la Unión y complica sus relaciones con otros países.

Pero una conciencia europea solamente puede surgir de un sentimiento común entre los propios europeos, aquello que dé lugar a los correspondientes lazos de solidaridad que, ulteriormente, sirvan para su integración en una realidad superior. Esa conciencia hará su aparición cuando se asuma por parte de las diferentes sociedades europeas, la existencia de problemas comunes cuya solución sólo es posible con la unidad política de Europa.
Posted by Emboscado at 20:09:08 | Permanent Link | Comments (0) |
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